Ensartadoras
- Escrito por Dayelín Machín Martínez
Ensartadoras / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Sus manos se deslizan por las hojas con sumo cuidado, como si se tratara de un preciado y frágil tesoro. El vínculo que entre ellas se establece es el equivalente al que se crea entre una planta y sus raíces. La una ya no puede existir sin la otra.
El ensarte de la hoja de tabaco es uno de las labores más antiguas, vinculada a producción de la solanácea, uno sin el que el proceso de cultivo no tendría razón de ser.
Para las ensartadoras es en muchas ocasiones su principal fuente de ingreso, e incluso pasan el oficio de generación en generación, convirtiéndolo en una tradición familiar.
Es una verdadera delicia ver a muchas desenvolverse con las hojas de tabaco, como si sus manos no hubieran nacido para otra cosa. Las manipulan con gracia y sorprendente facilidad. Ellas se convierten en uno de los factores principales, de los cuales dependerá la calidad del futuro Habano.
Con grandes agujas agrupan de dos en dos a las hojas. Estos cujes son colocados después en maderos horizontales, en los cuales se dejan por aproximadamente 50 días para su cura o secado.
Las mujeres están aproximadamente ocho horas diarias en el interior de las casas de tabaco, ensartando con aguja en mano. Son ya parte indispensable de la historia vinculada a nuestras vegas. Ellas le han entregado su vida y ya sin dudas, sus manos y su alma toda huelen, orgullosamente, a tabaco.
Ensartadoras / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Ensartadoras / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Ensartadoras / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Ensartadoras / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Ensartadoras / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Ensartadoras / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Ensartadoras / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Ensartadoras / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Ensartadoras / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Ensartadoras / Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro
Sobre el Autor
Dayelín Machín Martínez
Licenciada en Periodismo en la Universidad Hermanos Saíz Montes de Oca de Pinar del Río, Cuba




