Cambio de nombre
- Escrito por Fermín Sánchez Bustamante
A muchas personas no les gusta ser llamados viejo, abuelo, veterano, temba, tío... entre otros términos, que para ellos son impropios. Estas palabras gerontológicas (del griego Geron, «hombre viejo» y logos, «estudio, tratado») tienen un nivel de rechazo social cuando se cuenta con cierta edad y no existe parentesco.
Esta forma de referirse a veces va cargada de ironía, aunque se diga de forma cariñosa, y es que inevitablemente invade la psiquis de quien recibe el apelativo. Hoy en día la vejez se ha estirado un poco más en el tiempo, al estar marcada por condiciones sustanciales: el acceso a la educación, la mejoría en la alimentación y en la atención a la salud, entre otros beneficios.
La imagen de la abuela enlutada, con el pelo blanco recogido en un moño y apoyada en un bastón quedó atrás; ahora los que tienen más de 70 son personas activas que afianzan los conocimientos con las nuevas tecnologías, la televisión y la telefonía móvil. Estos elementos cognitivos modifican la forma de pensar y de actuar de la ancianidad.
La Convención Interamericana de Protección de los Derechos de las Personas Mayores remplazó algunas palabras en el lenguaje para referirse a la población de este grupo etario y reducir el estigma asociado a la vejez.
Plantea que la palabra adulto mayor, debe ser suplida por persona mayor, mientras que, el término ciclo de vida se cambie por curso de vida o trayectoria de vida. Los vocablos relacionados con diagnósticos como demencia senil, senilidad, deterioro psicoorgánico y ateroesclerosis se modifiquen por demencia, el tipo de demencia (alzheimer, frontotemporal, vascular...) y trastorno neurocognitivo mayor y menor, respectivamente; ¿qué te parece?.
Sobre el Autor
Fermín Sánchez Bustamante
Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.




