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La crueldad y el amor

Siameses

Este cuento tiene mucho de amor, aunque es surrealista y muestra una crudeza que puede relacionarse con hechos dramáticos y trágicos, lleva un mensaje que lo dejo a su libre opinión. Lo escribí un día que quise hacer algo distinto a lo común que se lee. Expreso en él crudeza, dolor y espanto, pero el final es abierto y está lleno de amor y comprensión... como en un suspenso. Atrévete a leer lo que nunca has oído.

Realidad y fantasía de un enigma

Allá, no muy lejos, en la distancia y en el tiempo, en un lugar del planeta donde el poder de las armas y la prepotencia de poderes bloquearon a la razón sin dejar crecer la sabia; allí, potentes bombas describieron en el espacio las siluetas de dos gigantescos hongos y pusieron al mundo en alerta y de luto, aunque muchos se asustaron, no se logró con este hecho intimidar a toda la humanidad.

Para entonces, en aquel rincón del planeta, el sol se había bloqueado y aquella parte de la Tierra se encontraba en penumbras porque la atmósfera había absorbido las cargas contaminantes que no lograba disipar.

Las bombas empleadas eran de tan alto poder destructivo, que estas provocaron lluvias radioactivas en toda aquella zona, y los daños a los animales y a las plantas fueron tan agresivos que pocas especies lograron sobrevivir.
Los habitantes parecían espantos humanos; el dolor era desgarrador y las enfermedades que eran tan disímiles, hicieron que muchos murieran sin conocer las verdaderas causas por las que se les condenaban; y las secuelas dejadas eran tan profundas que estas se trasmitían de generación en generación.

Nadie pensaba que existían motivos para seguir viviendo. Los sueños de aquellos despojos andantes eran espantados sin el temor a sucumbir ante los ataques de aquel abrupto medio, tan hostil, que las rarezas engendradas ya no despertaban terror en aquellos habitantes, y la tristeza, se ligaba al miedo de los fenómenos esporádicos de aquella naturaleza bruta.

En aquel abrupto mundo, se alteró el espacio y también se rompieron los códigos de la esencia humana.
Porque allí nacieron dos extraños seres fundidos en un solo cuerpo, sin ser esta una tierra habitada por sátiros. Ellos eran los únicos humanos de una monstruosa especie de bicéfalos de ambos sexos, unidos en el tronco por un fuerte ligamento muscular, compartiendo parte del tórax, el abdomen, varios órganos, un recto, dos piernas y un solo órgano reproductor: el masculino, en el que se expresaba la generosidad de aquella fusión sexual.

A pesar de todo, Ademy era agraciado por su fuerza y voluntad, era el soporte de Amy, su hermana de infortunio, él era la bestia de carga que ensillaba en el costado izquierdo de su cintura la más hábil de los jinetes con aire de amazona; ella poseía un único talismán, su bello rostro, que no había sido lastimado por la crueldad de aquel entorno, y este hechizo le permitía no ser una carga insoportable en tales circunstancias; y ofrecía su cándida inocencia al viento cuando galopaba al compás del trote de los pasos de él.

Ademy lo advertía, por ser el único que la observaba de tan cerca y sentía cuando su pelo retozón le golpeaba las mejillas y cómo se le hacía insoportable sostener sin rubor la más tierna de las miradas.
Por eso nunca se quejó por tal dependencia y se sentía conforme en ser el caballo de monta de ella y de sí mismo.

Él sería siempre su albardón, no sabía si era prudencia, placer o poder, pero en él subyacía una energía que le permitía trascender los límites de la individualidad y convertía su carga en un goce infinito.

Sabían que estaban condenados de por vida, cada cual dependía del otro, los dos eran uno, enlazados en el mismo tronco y compartiendo los mismos influjos sanguíneos; una rama no podía ser desprendida de la otra, en fin...; eran dos, pero a la vez eran uno, se hacía cumplir una contradicción lógica: uno más una, era igual a uno.

Pero cada cual era dueño de su corazón y a pesar de su enlace genético, sus pensamientos diferían; las sensaciones de frío y calor se repartían por igual, pero el dolor, la nostalgia y la alegría los sentían de forma diferente; sin embargo, los deseos de micción solo correspondían a él, al igual que la exaltación de impulsos sexuales pero que ella notaba en los latidos de su corazón.

No podía ser un acto contra Natura esta contradicción, pero a ella la forzaron, entonces impuso las reglas del juego y fue piadosa, con esta barbaridad.

Sus vidas estaban sujetas a las circunstancias y modos de vida, no tenían acierto; podía temblar la tierra; desprenderse la más terrible de las tormentas, despertarse el más potente de los volcanes o simplemente romperse el silencio de la noche, que ellos seguirían desandando caminos como dos trotamundos sin destino.

Uno de esos días grises, en que el alma se cansa más que el cuerpo y el espíritu se rebozan de una vaga y profunda tristeza, Ademy no quiso andar, entonces se recostaron bajo una frondosa sabina para tratar de disipar aquella melancólica amargura.

El color rojizo de su tronco, su agradable aroma, y las dulces caricias de Amy, hicieron que naciera un sentimiento en él..., una rara sensación que no había experimentado jamás: la piel se le ruborizó y afloró un deseo inconmensurable circunstancial, un apetito incontrolable varonil que despertó todo lo que estaba dormido en él, hasta el instinto salvaje que todo hombre guarda en sí.

Amy notó el gran despertar de nuevas sensaciones, el corazón le latía con más fuerzas por el influjo sanguíneo que compartían, se le había acelerado sus palpitaciones y la boca se le llenó de desespero y de un deseo sofocante. Entonces, no tuvieron temor, se dejaron arrastrar por sus impulsos.

Habían encontrado una nueva forma de disipar aquella inspiración biológica; hallaron el artilugio de un instinto prematuro, como una forma de aliviar aquella vida nómada y bohemia.

No tenían de que abochornarse, ellos eran un ser fantástico, fruto de lo irracional y lo deshumano de otros hombres, por eso no sería monstruoso dar rienda suelta a aquellos impulsos vacíos de prejuicios.

Se había desencadenado un motivo ante sus vidas, una esperanza ante la desesperación, se inició en ellos una nueva interpretación de la derrota a la vacuidad, en el que se destierra lo imposible y nace el motivo.

Ahora andan, y hasta se ríen, siguen abrazados uno con el otro, siempre unidos como únicas criaturas de una nueva generación, de una nueva raza.

Ella sigue siendo el jinete inseparable de aquella unión; él, la montura de carga.
Allá van, buscando un nuevo espacio de paz y sosiego, un lugar donde burlar lo irracional del crimen injustificado y el incesto circunstancial.
Aunque todavía no se han preguntado ¿Qué sucederá cuando uno de los dos desfallezca?

La frase del día. De nada sirve al hombre lamentarse de los tiempos en que vive. Lo único bueno que puede hacer es intentar mejorarlos, Thomas Carlyle.

Efeméride:
8-2-1835. Este día se inauguró la primera biblioteca pública en la provincia de Matanzas

Balada de mis dos abuelas

Mis dos abuelas son santas a su manera,
Una blanca, la otra negra, madres y abuelas.
La blanca viste de negro.
La negra viste de blanco.
La negra viste de blanco, de blanco entera.
Son santas mis dos abuelas a su manera.
La blanca reza a la estampa de un tal Jesús.
La negra a un par de muñecos de chichirikús.
Las dos rezan por lo mismo que es mi salud.
Mi abuela blanca, mi negra abuela.
Dos veces santas a su manera.

Autora: Marcia Jiménez Arce

Para reír. Tú sabías que hacer el amor sin condón tiene algo de magia, pues sí, aparece un bebé y enseguida desaparece el papá. –Mi amor, ¿qué me vas a regalar por mi cumpleaños? –¿Vez aquella moto eléctrica Águila, cariño? – ¡Sí, no me digas! –Pues sí, te regalaré un par de sandalias del mismo color.

Sobre el Autor

Fermín Sánchez Bustamante

Fermín Sánchez Bustamante

Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.

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