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Armas para matar las almas

Tiroteo ocurrido en la ciudad de Las Vegas el primero de octubre de 2017

Tiroteo ocurrido en la ciudad de Las Vegas el primero de octubre de 2017. / Foto: AFP

La masacre en Douglas High school en La Florida el pasado 14 de febrero que perpetuó el exestudiante Nikolas Cruz, dejó una secuela de muertos y heridos, pero este suceso no es un hecho aislado en el país de las “oportunidades” ni tampoco en uno de sus estados. Los asesinatos tienen antecedentes desde épocas atrás en que los indios eran exterminados despiadadamente y los negros eran perseguidos por los segregacionistas. Los hechos lo muestran.

El 16 de julio de 1764 un grupo de indios lenapes en el condado Franklin, ingresaron en una escuela de colonos blancos, en ella estaba un maestro con varios alumnos, los indios con un hacha de guerra cortaron el cuero cabelludo de todos los que estaban en la escuela, mataron al maestro y a 10 alumnos, solo dos lograron sobrevivir. Y uno se pregunta: ¿Cuáles fueron las causas de tal actitud? Lógicamente, las doctrinas practicadas desde entonces: la del despojo y la de ojo por ojo y diente por diente.

Desde entonces a la fecha se han perpetuado 55 ataques en sus centros educativos, según algunos registros que ellos divulgan en internet. Estas agresiones han sido perpetuadas por alumnos, padres, maestros y directivos escolares, pero también han sido víctimas de la violencia, por ejemplo: Después de ser removido como director de la secundaria South Pasadena Junior High school, 1940, California, Verlin Spencer disparó a seis funcionarios de ese centro, matando a cinco, antes de intentar suicidarse de un tiro en el estómago.

Muchos son los casos del uso de armas por personas inconscientes que viven los tiempos del oeste norteamericano, en la que la vida de un ser humano no vale nada para ejecutores que gozan de la gran “libertad” americana, esa, que ellos declaman abiertamente, esa, la de encontrar la muerte en cualquier lugar, esa libertad de la inseguridad, de perder el derecho a la vida, la que se balancea como araña en su tela en cualquier esquina, institución, parque o simplemente en el asiento de un fabuloso auto.

En 1979, en San Diego, California, Brenda Spencer de 16 años, abre fuego contra la Escuela Elemental de Cleveland asesinando al director y al portero, e hiriendo a ocho niños, al ser detenida y preguntársele los motivos del ataque, solo se encogió los hombros y respondió: “Es que no me gustan los lunes".

Pero más estremecedor es el caso que se dio entrando en este siglo, año 2000, en Michigan, un niño de apenas seis años, llamado Dedrick Owens, robo el arma de su tío, una pistola calibre 0.32; la llevó a la escuela primaria Buell y la utilizó para disparar y matar a su compañera Kayla Rolland contemporánea con él. Debido a su corta edad fue declarado inimputable del crimen.

Se pueden valorar estas actitudes como hechos comunes en esa sociedad de consumo, en la que hasta los infantes salen con un arma y con la mente retorcida a descargar la impotencia de una conducta inadecuada, quizás influenciada por la violencia de la televisión o por frustraciones tutórales. Pero a pesar de ello, no surgen medidas adecuadas por el gobierno del país norteño que frene y eduque a una sociedad en valores del respeto hacia la vida de los demás y que le ponga fin a tanta tragedia.

Al contrario, la cámara baja del Congreso de Florida después de que 14 alumnos y tres profesores, que perdieron la vida el día de San Valentín, se desentendió, pues contrario a las peticiones de padres y estudiantes se aprobó un proyecto de armar a los maestros en vez de desarmar a los alumnos, porque esos son los derechos que el gobierno y sus legisladores defienden: la “libertad de sus ingresos”: el dinero.

Sobre el Autor

Fermín Sánchez Bustamante

Fermín Sánchez Bustamante

Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.

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