Actualizado 21 / 04 / 2018

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Cuando el corazón se impone

Operación del ojo

Sydney bradford nació ciego en Canadá, después de ser operado a los 52 años de edad, lejos de mejorar la vida, la empeoró drásticamente, pues la escasa información que recibía no contrastaba con lo que él imaginaba.

Cuando Bradford abrió sus ojos ya sanos, no pudo comprender aquello que veía. Su primera impresión visual fue la del cirujano, lo vio como si fuera un monstruo. Los rostros eran para él una sucesión de manchas amorfas, impenetrables, carentes de expresión, siluetas imperfectas que parecían venírsele encima. Las mujeres, antes hermosas, ahora le resultaban incomodas, desagradables, incomprensibles, feas.

El universo para él era un caleidoscopio en caótico movimiento, sin dimensiones ni profundidad. La simple tarea de calcular distancias sobrepasaba las posibilidades de su cerebro. Desde el balcón de su vivienda, –cuarta planta– la calle parecía estar justo al alcance de sus pies. Esa realidad ininteligible, ese mundo atroz se reducía a una colección de objetos ambiguos, sin fronteras ni orden. Cuenta su hermana que nunca cruzó la calle sin antes cerrar los ojos. Su cerebro estaba privado de experiencias visuales, y permaneció por siempre ciego.

Para que hechos como este no le ocurra a muchos hombres, Fidel Castro y Hugo Rafael Chávez crearon la Misión Milagro, la cual ha beneficiado cerca de cuatro millones de personas en más de 10 naciones del cono sur, los que han recuperado la visión, y otros muchos casos que necesitaban con urgencias cirugías oftalmológicas, mejorándole la vida para que no estén en la oscuridad y la desesperanzas. Estos gestos solidarios se imponen 12 años después de tan vibrante iniciativa.

Actos venerables en bien de la humanidad son agradecidos por los pueblos hermanos que reconocen con sabiduría el respeto y el amor que se siente cuando existe una voluntad, que más que política, es la expresión de solidaridad, pues se reconoce que el hombre es lo fundamental en los procesos revolucionarios. Esa es la gran virtud que debe regocijarnos, y saber que otras misiones llegan a beneficiarnos para compartir lo que se tiene entre los necesitados.
Esta es la gran oposición al sistema capitalista, en que el hombre es lobo del propio hombre, en el que se establecen las grandes diferencias entre ricos y pobres, entre los que tienen el poder y los desposeídos, pero no la razón, ni la moral para amparar a las multitudes.

Sobre el Autor

Fermín Sánchez Bustamante

Fermín Sánchez Bustamante

Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.

Red 2.0

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