Actualizado 13 / 11 / 2018

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De Colón al criollismo

Mujer y barcos

Hoy les traigo dos personalidades con perfiles diferentes pero entrelazados por el tiempo y la historia de los cubanos, porque si nos detenemos a pensar, la fusión cultural generó estampas ya propias de otra etapa colonial, y en los nuevos pobladores que nos identificó como criollos herederos marcaron una identidad cultural, social y racial.

Se conoce por la historia que el 27 de octubre de 1492 Cristóbal Colón avizoró esta Isla desde la holguinera bahía de Bariay, y el 28 pisó terreno firme. A este genovés se le atribuyen muchas definiciones: los ingleses le llamaron Columbus; los portugueses, Colom, con m; los franceses, Christophe Colomb; y los italianos, Cristoforo Colombo. En España, se hizo nombrar Coloma, y después, Colón. Hay quienes dicen que era abnegado, adaptable, casto, crédulo, delicado y elocuente. Otros afirman que se mostraba altivo, ambicioso, autoritario, obstinado, calculador, egoísta e indisciplinado. Su nacimiento se lo disputaron, en Italia los territorios de Génova, Savona, Nervi, Pradello, Oneglia y Cogoleto y en España: Extremadura, Cataluña, Galicia y Mallorca. Y no faltan quienes lo asociaron con un pirata vasco o sobrino de un lobo de mar francés.
Incluso, Portugal, Noruega e Inglaterra no escaparon a tales afanes. Falleció en Valladolid, España, en 1506, muy lejos de los privilegios con los que contó; pero, entonces, la controversia se centró en dónde se enterraría, si en Sevilla o en Santo Domingo. Incluso, en 1795 supuestamente sus restos se trasladaron a la Catedral habanera y hubo hasta celebraciones solemnes, cosa que no fue cierta, pues los restos no pertenecían al Almirante. El otro personaje es el Güije, un ser fantástico de la mitología cubana que fue creado por los colonizadores y con él asustaban a los niños, y así evitaban que se bañaran a sus antojos en los ríos y lagunas. La ignorancia hizo que esa ficción se arraigara en los adultos, quienes difundieron su existencia. Este personaje de pequeña estatura es un geniecillo antillano descrito como un enano de piel negra, ojos saltones, dientes afilados y de larga y enmarañada cabellera. El personaje ha sido reflejado en varias manifestaciones del arte, pues Francisco Robaina Alquimbau escribió La leyenda del güije, en su libro Mitología cubana, y ha sido recreado en lienzos por los pintores Marcelo González y Juan Rodríguez Paz. Alberto Alonso estrenó su ballet El güije, una de las grandes creaciones coreográficas cubanas; Silvio Rodríguez tiene una canción titulada El güije de la soledad y Nicolás Guillén lo caracterizó en un poema: “... Enanos de ombligo enorme pueblan las aguas inquietas;/ sus cortas piernas, torcidas; sus largas orejas rectas./ ¡Ah, que se comen mi niño, de carnes puras y negras,/ y que le beben la sangre, y que le chupan las venas,/ y que le cierran los ojos, los grandes ojos de perlas!..”.

Sobre el Autor

Fermín Sánchez Bustamante

Fermín Sánchez Bustamante

Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.

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