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Hoy comentaremos sobre la prosopagnosia o ceguera de rostro, la cual es una forma específica de agnosia visual, caracterizada por una incapacidad de reconocer los rostros. Es un extraño trastorno que impide recordar las caras conocidas, porque el cerebro no es capaz de interpretar la información que recibe a través de la vista.

En realidad es una especie de desconexión entre la vista y el cerebro. Los ojos funcionan correctamente y son capaces de ver las distintas partes que componen un rostro –boca, nariz, ojos, cabello– y que son las características que nos permiten recordarlo, pero el cerebro se muestra incapaz de interpretar la información que recibe a través del sentido de la vista, e impide que el sujeto reconozca a otras personas. Las personas que nacen con este problema suelen desarrollar técnicas adaptativas para reconocer a otros individuos por su voz, la ropa que visten, o sus ademanes, y a veces no se dan cuenta de que la sufren. Y en los casos más graves, el paciente no puede reconocer ni siquiera su propio rostro, y es frecuente que esta afección vaya asociada a problemas neurológicos. Aunque su principal característica es la incapacidad para reconocer rostros conocidos, los pacientes pueden llegar a identificar a familiares o amigos si poseen algún rasgo distintivo característico –un lunar, un tic, barba, unas gafas llamativas– que les facilite la tarea. Los afectados sí recuerdan las características propias de sus allegados y seres queridos, como la voz, el olor, el cabello o el tono de la piel, lo que no pueden recordar es la cara ni la ubicación de las distintas partes del rostro (nariz, ojos, boca...). La prosopagnosia ha sido considerada una enfermedad extremadamente rara, porque muchos enfermos ignoraban que lo estaban, o no acudían al especialista a consultar su problema. En la actualidad se estima que afecta al 2,5 por ciento de la población mundial. Esta enfermedad ha servido de inspiración a varios escritores para afianzar a su interprete, por ejemplos: el neurólogo Oliver Sacks, quien relata el caso de un hombre que agarró la cabeza de su esposa pensando que era un sombrero. El escritor brasileño Daniel Galera, en su novela Barba ensopada de sangue, crea un protagonista marcado por esta alteración. En este caso, no reconoce ni su rostro ni el de los demás. Se aferra a otros detalles de las personas para reconocerlas; el tono de voz, la manera de andar le sirven para ello. El escritor mexicano Javier Castañeda, en el cuento Desconocido (o el desprecio a la lastimera ironía de no poderse reconocer), relata la historia de un fotógrafo con esta condición, el cual encuentra un rostro reconocible y es el de quien parece ser él mismo de viejo. La escritora estadounidense Jenifer Niven, en el libro Holding Up The Universe, crea un protagonista con prosopagnosia, Jack, él no puede reconocer a sus demás compañeros y comúnmente se encuentra en problemas para saber quien le habla cuando no puede encontrar identificadores que le ayuden a saber quien es.

Sobre el Autor

Fermín Sánchez Bustamante

Fermín Sánchez Bustamante

Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.

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