El sur es mi norte
- Escrito por Fermín Sánchez Bustamante
Hoy les traigo uno de mis cuentos, este es fruto de la imaginación, ojalá se dé en la realidad y que los hombres logren alcanzar los éxitos de este personaje que lo nombré el Tritón, que aunque nada tenga que ver con el mar, considero a este bosque como un océano lleno de misterios y rivalidades.
En la narración lograrás ver la dimensión de la vida en la ampliación del bien que llena de placer a todo un pueblo. Por su extensión lo presento en dos partes, espero que lo disfruten hoy y mañana.
A él, que sin proponérselo:
El andar le dio la luz, la reflexión le abrió el camino a la esperanza, la luz y la confianza abrieron su corazón a la virtud, el buen gesto lo llevó a lo divino y por eso tuvo su aureola.
El Tritón
Hace mucho tiempo cerca de una comarca vivió un solitario hombre que dedicó su vida al estudio de la Geología, pero había contraído grandes deudas con personas ricas de aquel lugar, y cuyo dinero utilizaba en realizar investigaciones muy avanzadas para la época.
El Geólogo, así de simple lo llamaban todos los que lo conocían, hasta que un día desapareció, había recibido advertencias y amenazas de muerte de sus prestamistas, nadie supo de su paradero hasta que ocurre un hecho que lo puso al borde de la desaparición eterna.
Y aunque haya pasado tanto tiempo, todavía allí está él (...), vivo en la leyenda, como parte de una historia del Sur, en un lugar donde un árbol comenzó a ser monte y este, se convirtió en un espeso bosque.
Allí, en aquel apartado sitio se formó su hogar, en la covacha leñosa de un centenario y nutrido árbol de hojas palmadas y grandes flores acampanadas. Con el algodón de sus semillas acolchonó el confortable sitio donde desvelaba la pereza y gastaba la soledad de los días.
Entonces se despojó de toda la indumentaria que guardó junto a unos usados libros y algunos medios que le serían de utilidad.
Para enmascarar su identidad se procuró como abrigo una rústica manta de piel de conejos que empató con los fuertes pelos de la cola de una zorra. Corriendo el tiempo, dejó morir sus finos modales: su cabello de ángel se puso greñudo y orquilloso, y su barba y bigotes crecieron hasta cubrir las finas líneas de su rostro hasta tomar el aspecto de un espanto diabólico, que le permitió autonombrarse: El Tritón del Bosque, sin ser él deidad alguna. Pues sólo conservaba del mar la habilidad de ser buen nadador.
Los alimentos los tomaba de las semillas aceitadas de algunas plantas, de aquel extenso bosque, y el agua la obtenía de los piñones silvestres que recogían el rocío en las largas y frías noches.
Así vivió este hombre como un salvaje pero como sabio que huía de sus grandes deudas monetarias, de las amenazas de muerte avisadas, de los fracasos y los golpes que le había guardado su desafortunada suerte. Conocía de la conducta de malos hombres, de la hipocresía y de la ambición de otros, del abuso y la explotación a que eran sometidos muchos de sus semejantes. Por esas razones se fue al bosque, quería vivir en estado libre y se convirtió en esclavo de la supervivencia y un defensor de la Naturaleza.
Su única compañía era su perro, muy conocido en toda la comarca. Se llamaba Lobo, su buen amigo de infortunio, quien tenía el rostro aleonado y el pelaje gralte lanoso por ser hijo de Dogo y Galgo, poseía las cualidades del Mastín: pecho ancho, cabeza redonda y dientes fuertes, su cuello era corto y las orejas pequeñas, poseía mucha fuerza y valor por eso sobrevivió a las duras condiciones que le impuso su fidelidad.
Cuando Tritón salía a investigar por las rocosas montañas o se perdía en la inmensidad del bosque, se orientaba por los aullidos prolongados de Lobo, que resonaban en sus oídos como el llanto de violines, que sólo él oía en largas distancias, pues se había acostumbrado al infinito silencio que propicia el aislamiento y la soledad; por eso era capaz de escuchar los pasos del sol sobre las sombras cada vez que caminaba el día, y sentía pasar el tiempo cuando este corría dejando las huellas del recuerdo de la voz del viento.
Por eso, Tritón escuchaba con su agudo oído cuando los cazadores mataban animales más por placer que por necesidad, y entonces le decía a su amigo: –¡Vamos Lobo, ándate rápido! Que aquí cada cazador tiene que ser cazado.
Y entonces hombre y perro emboscaban y atacaban al depredador insolente, que espantado corría dejando parte o toda la carga. Entonces Tritón le advertía en su estampida frenética:
–¡Si vuelves a matar por deleite a indefensos animales, serás sentenciado por la ley de la selva!
Y Lobo lo corría entre la espesa maleza, hasta que se perdía.
Tantos fueron los asustados que surgieron leyendas que fueron corriendo de boca en boca por toda la comarca, que existía un ser diabólico en el. bosque que atemorizaba a todo aquel que se entraba en él.
Una y otra vez se repetían los hechos y las leyendas hasta que un cazador que andaba por el bosque, reconoció al perro y dijo a los demás hombres:
–El perro que ataca como una sedienta fiera es del Geólogo que desapareció de la vida de la región.
–Entonces, ese diablo es él, dijo otro, y más adelante exclamó: ¡es el mismo!, que se ha escondido en el bosque.
Otro afirmó tajantemente: –¡Sí, es él, no cabe duda!, pues el muy pícaro, está lleno de deudas y le debe a mi patrón y a otros negociantes mucho dinero, y estos lo mandaron a matar.
Los rumores llegaron además a los oídos de algunos enemigos del Geólogo, que intentaron saquear las maderas del bosque sin importarles los daños ecológicos, y él denunció tales desmanes.
Tanta osadía de un hombre, no podía quedar como una burla hecha a los que poseían el poder del dinero, y que pensaban que todo les pertenecía. Un odio descomunal se había cernido en las mentes de aquellos oportunistas ocasionales, y por eso se unieron a los patrones y cazadores para saldar la deuda contra aquel hombre de pensamiento avanzado.
Bastó poco tiempo para que EL Tritón del Bosque perdiera la paz. Y fue un amanecer en que el arco de luz de la aurora austral era más intenso, y él lo observaba con mucha atención entre el follaje y las flores de los árboles que le anunciaban la cercanía del equinoccio primaveral; cuando escuchó algo lejano: los ladridos continuos de perros que se acercaban y el bullicio de voces que a cada minuto se oían más cercanos.
Esto le bastó para ponerse sobre aviso, pues se dio cuenta que sería casado como uno de aquellos animales del bosque, y pensó para sí: –para mantenerme vivo tengo que seguir huyendo.
La frase del día. El mundo es lo que creemos que es. Si podemos cambiar nuestros pensamientos, podemos cambiar el mundo, H.M.
Tomlinson.
Efeméride:
24-5-1962. En esta fecha fue creado el Instituto de Radiodifusión ICR, hoy ICRT, en La Habana.
Silencio
Andres Eloy Blanco
Cuando tú te quedes muda, cuando yo me quede ciego, nos quedarán las manos y el silencio. / Cuando tú te pongas vieja, cuando yo me ponga viejo, nos quedarán los labios y el silencio. / Cuando tú te quedes muerta, cuando yo me quede muerto, tendrán que enterrarnos juntos y en silencio; / y cuando tú resucites, cuando yo viva de nuevo, nos volveremos a amar en silencio; / y cuando todo se acabe por siempre en el universo, será un silencio de amor el silencio.
Para aprender de los niños. Estaba una niña sentada observando a su mamá lavar los platos en la cocina. De pronto notó que tenía varios cabellos blancos que sobresalían por encima de los oscuros. Entonces le preguntó: –¿Mami, por qué tienes algunos cabellos blancos? –Bueno, cada vez que te portas mal y me haces llorar, uno de mis cabellos se pone blanco. La niña se quedó pensativa y luego dijo: –Mami, ¿Por eso todos los cabellos de mi abuelita están blancos?
Sobre el Autor
Fermín Sánchez Bustamante
Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.