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Quiero destacar una historia real, de aquel hombre que salvó 669 niños judíos ante el holocausto de la Segunda Guerra Mundial, hizo imposibles por protegerlos en una época cruel, en un mundo cruel que se manifestó también en contra de la infancia. Y, ¿es que alguien podía decidir quién viviría y quién moriría: solo la barbarie, la locura y el poco respeto a la vida de los demás. Nicholas Winton fue un filántropo británico de origen judío. Nació en 1909 y murió a la edad de 106 años en el 2015.

En la víspera de la Segunda Guerra Mundial, Nicholas Winton rescató y encontró un hogar para 669 niños judíos que serían perseguidos por las hordas nazis, para ser destinados a los campos de concentración, pues sus padres y familiares murieron todos ante la barbarie.
Después de la Noche de los Cristales, un día de noviembre de 1938 los nazis alemanes atacaron a las personas judías y a sus propiedades, ya era eminente lo que le esperaba a todo aquel que fuera capturado.

Para aquel entonces, el Reino Unido había aprobado una medida que permitiría a los refugiados judíos menores de 17 años entrar a Gran Bretaña, siempre y cuando pudieran demostrar que tenían un lugar para vivir y una garantía de 50 libras depositadas para que eventualmente pudieran volver a su país. Un lindo gesto, pero definitivamente nada fácil de lograr para un niño.

Inmediatamente, Winton viajó por su cuenta a Praga; se alojó en el hotel Sroubek en Wenceslas Square y luego de algunos días de labor junto a un amigo cayó en cuenta de que no había planes específicos para salvar las vidas de los niños. Enseguida estableció contacto con el Refugee Children’s Movement (RCM) de Londres, movimiento que reunía a judíos, cuáqueros y diversos grupos de cristianos. La misión de esta organización era conseguir el alojamiento y el dinero que el gobierno británico exigía como garantías para aprobar el ingreso de refugiados europeos, perseguidos por el nazismo en virtud de una ley aprobada semanas antes del viaje de Winton a Checoslovquia.

Winton comenzó entonces una tarea frenética. Sabía que el tiempo jugaba en su contra. Los nazis habían ocupado el Sudetenland, porción de territorio checo, históricamente reclamado por Alemania pero -Winton lo intuía- pronto avanzarían por el resto del país, como más tarde ocurrió.

El rumor del “Inglés de Wenceslas Square” se propagó y pronto se acercó un gran número de padres tratando de incluir a sus hijos en la lista que los pondría a salvo del avance nazi. ”Era desesperante”, dijo después Winton, ”cada grupo sentía que era el más urgente”.
A lo largo de nueve meses logró evacuar desde la estación Wilson de Praga a 669 niños en ocho trenes hacia Londres, y se dedicó con su madre a buscarle un hogar que los recibiera. “Teníamos 250 familias esperando por los niños en la estación ferroviaria de la calle Liverpool, en Londres. Si el tren hubiera partido un día antes podría haber cumplido su trayecto”, contó Winton.

Durante más de cinco décadas Nicholas Winton, no reveló a nadie su gesta. La historia se hizo pública cuando su esposa Greta descubrió en el ático de su casa un maletín que contenía listas de niños salvados y cartas de sus padres. Después de seis décadas, la Corona Británica reconoció la acción humanitaria de este gran hombre, otorgándole el título de Caballero de la Corona. En septiembre de 2001, fue el invitado de honor del presidente de Checoslovaquia Vaclav Havel para asistir a la presentación del film de su historia, en Praga.

La frase del día. Conocer el amor de los que amamos es el fuego que alimenta la vida, Pablo Neruda.

Efeméride:
11-4-1895. En esta fecha José Martí y Máximo Gómez desembarcaron por Playitas de Cajobabo.
Canción de la lluvia

Acaso está lloviendo también en tu ventana;
acaso esté lloviendo calladamente, así...
Y, mientras anochece de pronto la mañana,
yo sé que, aunque no quieras, vas a pensar en mí.
Y tendrá un sobresalto tu corazón tranquilo,
sintiendo que despierta su ternura de ayer;
y, si estabas cosiendo, se hará un nudo en el hilo,
y aún lloverá en tus ojos, al dejar de llover.

Para la enseñanza de los pequeños de casa. Había una vez dos gallos que reñían por las preferencias de las gallinas; y al fin, el más experimentado puso en fuga al más polluelo, pues resignadamente se retiró vencido a un matorral para ocultarse. En cambio, el vencedor orgulloso se subió a lo alto de un pino para anunciar que era el rey del gallinero y con un largo quiquiriquí y mucho estruendo alborotó a todas las gallinas. De pronto se formó una terrible tormenta y un rayo descargó toda su energía en el puntiagudo árbol y dejó sin plumas al vencedor de la contienda; entonces el gallito que había perdido la riña se quedó con todo el gallinero. Por lo que una vez más se impone la moraleja: Quien hace alarde de sus propios éxitos no tarda que aparezca alguien o suceda algo y se los arrebate.

Ría otra vez:
- Jorge y Pedro se conocían del bar y un día salieron a la calle a fumar juntos. Estaban hablando cuando de repente Jorge dice: –Caramba, lo que me faltaba, ahí vienen mi mujer y mi amante juntas. Pedro todo alucinado dice: –Justo yo iba a decir lo mismo.
- Un chico quiere casarse con una joven heredera, rica y de buena familia. –Señorita, estoy locamente enamorado de usted. –¿En qué trabaja? –Soy empleado de banca. -¿Ah sí? ¿Y cuánto gana? -Cobro setecientos euros al mes. -Por favor, si con eso no me alcanza ni para comprar jabón -Vaya, no sabía que fuera usted tan sucia.

Sobre el Autor

Fermín Sánchez Bustamante

Fermín Sánchez Bustamante

Graduado del Instituto Superior Pedagógico en Pinar del Río, Cuba. Diplomado en Periodismo Internacional.

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