Actualizado 13 / 10 / 2019

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Los tipógrafos

Fueron los únicos que no necesitaron capacitarse ni que viniera alguien de fuera de la provincia a enseñarles cómo hacer un periódico.

Los tipógrafos o cajistas -como generalmente se les llamaba- con que tuvo la suerte de contar El Socialista eran verdaderos artistas gráficos.

Y aunque hubo otros como Raúl Pérez y Amador Felipe Castro, que se sumaron en determinados momentos durante la existencia del primer diario pinareño y su continuador Guerrillero, Juan Akim Ramírez, Pedro D. León (Mario), Vicente González y Antonio Viqueira marcaron pauta en ese oficio.

Casi todos, o todos ellos, habían trabajado en distintas publicaciones periódicas en las que no existía formatista: persona encargada de hacer una especie de plano por cada página, en el que se indicaba la ubicación y tamaño de los titulares, los textos y las fotografías.

De manera que en los primeros tiempos, si la urgencia impedía hacerles el formato, el jefe de página iba directamente al taller con los materiales en la mano, y sobre la marcha, el cajista se encargaba de ubicarlos.

Su experiencia era tal, que no pocas veces enmendaban errores escapados a los periodistas. Para realizar su trabajo contaban con un mueble conocido por «archivalete» o «caja», con gavetas suficientes para completar el alfabeto y las que contenían letras de diversos tipos y tamaños, minúsculas y mayúsculas, y todos los signos de puntuación en cantidades que garantizaran confeccionar los titulares y bajantes de una edición.

Personas joviales, con una educación natural, quizás dada por la lectura a que estaban obligados como parte de su labor, gozaban del respeto y la consideración del colectivo.

Especialmente los jóvenes que entramos a la profesión periodística con muchos deseos, pero poco oficio, encontramos en ellos comprensión y ayuda ilimitada.

Primero en El Socialista y después en Guerrillero, aquellos hombres dejaron una profunda huella de consagración a una tarea que debían realizar en tardes y noches, seis veces en la semana, durante jornadas que a veces se tornaban interminables por las roturas de los linotipos, las fallas eléctricas u otras dificultades.

Y si todos sobresalieron en su trabajo, uno de ellos lo hizo de forma especial: Juan Akim Ramírez (Kim), jefe de taller, quien podría considerarse sin ninguna exageración el alma del periódico.

Tenía la disciplina del capitalismo, que aplicaba a todos sus subordinados, y en no pocas oportunidades ello le granjeó la protesta de alguno. Pero nadie pudo cuestionarle, pues era el primero en exigirse a sí mismo.

Conocimiento, disciplina y ejemplaridad, le dieron la autoridad para permanecer en el cargo todo el tiempo que estuvo activo.

Personalmente, en más de 25 años nunca le vi llegar tarde o faltar al trabajo injustificadamente. Incluso, estando enfermo, ocupaba su puesto antes que los demás, como si el olor a plomo derretido que emanaba de los linotipos y la conformación de la primera plana que asumía cada noche formaran parte de su curación.

*Tomado del libro Historias en blanco y negro, de Ediciones Loynaz

Sobre el Autor

Ronal Suárez Ramos

Ronal Suárez Ramos

Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en Pinar del Río.

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