Actualizado 21 / 11 / 2019

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La última decisión

El derrumbe del campo socialista y la desintegración de la Unión Soviética no tardarían en hacerse sentir en la prensa, al igual que en toda la sociedad cubana… se acababa el suministro seguro de papel, del que habíamos disfrutado durante décadas, de manera que había que estirar las reservas de bobinas con que contábamos para mantener la presencia del periódico el mayor tiempo posible. Igual ocurría con la tinta, las películas de fotografía y de grabados y otros recursos.

El país entraba en un periodo especial previsto para tiempo de guerra, y en realidad, lo único que faltaba para que así fuera eran los cañonazos.

Entre las alternativas que en la provincia se buscaban para resistir estaba la fabricación de coches tirados por caballos, que suplieran aunque fuera en parte el colapso casi total del transporte auto-motor.

Asistí a varias reuniones en las que se chequeaba diariamente la marcha de esa tarea, e incluso se creó una entidad estatal para operarlos. Más tarde la vida demostraría que tal concentración de vehículos y animales y su mantenimiento era prácticamente imposible y se pasó a su descentralización mediante la entrega de esos medios a particulares.

Algo bueno surgido de ese tiempo fue la Agricultura Urbana, que gracias a su atención sistemática se fue desarrollando y hoy es una fuente de aprovisionamiento de hortalizas y condimentos frescos que contribuye a una alimentación más variada y sana de la población.

En medio de esa situación, fui del criterio de mantener la frecuencia diaria en la tirada de Guerrillero, aun cuando hubiera que reducir el número de páginas y su tamaño.

Con la falta de información que se creaba, dado el recorte en toda la prensa escrita, pero también en las horas de transmisión de la radio y la televisión, afectada su influencia además por los cortes de electricidad que llegaron a sobrepasar las 10 horas diarias, pensaba que hasta una hoja suelta editada diariamente, con las orientaciones e informaciones elementales, podía resultar un medio efectivo.

Tenía en cuenta que la propaganda enemiga apostaba a la confusión que todas aquellas penurias creaban en las familias cubanas y arreciaba su labor diversionista, a tono con el criterio de que había llegado el fin de la Revolución.

Constituía para nosotros una prioridad mantener esa fuerza profesional calificada, que habíamos logrado aglutinar en torno al diario provincial. Como director, me aferraba a cualquier solución que nos permitiera salvar aquel valioso colectivo.

En marzo de 1991 se redujo a cinco el número de tiradas semanales. Cuatro de ellas en formato tipo tabloide (de martes a viernes) y el sábado en tamaño normal. En todos los casos con solo cuatro páginas, por lo que el consumo de papel se reducía a la mitad y nos permitía elevar a más de 42 000 la cifra de ejemplares de cada impresión.

Así nos mantuvimos durante todo el año. El 28 de diciembre de 1991 Guerrillero desplegaba en primera página una felicitación de Fidel que tenía como fuente la sesión de la Asamblea Nacional en que la provincia rendía cuenta.

El líder de la Revolución reconocía así la decisión de las autoridades pinareñas de asumir con fuerzas propias la recogida de tomate en tierras arroceras de Los Palacios y Consolación del Sur, tarea hasta entonces garantizada por 3 500 movilizados de La Habana, pues la casi totalidad de ese producto tenía como destino a los mercados de la capital.

Eran ya días difíciles, pero lo peor estaba aún por venir y tuve que admitir que la historia del primer diario pinareño (llámese El Socialista y su continuador Guerrillero) llegaba a su fin.

Poco después veía la luz el último ejemplar de aquel propósito, que comenzó el seis de abril de 1962 en el modesto edificio de Retiro 111. A partir de entonces varió la frecuencia de Guerrillero: fue semanario, quincenario y se estabilizó finalmente con salida los viernes de cada semana.

Hubo varias propuestas para mantener unido al colectivo, como el de poner en uno de nuestros locales un taller de artesanía, en el que encontraría empleo temporal todo el que sobrara.

Y hasta la idea de trasladarnos a los campos más cercanos donde crecía el marabú para convertirlo en carbón y aportar al sostén económico del personal fue manejada en una reunión.

Pero ninguna cristalizó y quedaron como expresión de la voluntad de resistir, que se puso de manifiesto en la sociedad cubana de inicio de los ´90.

Fue el tiempo de las bicicletas y la libra de arroz cotizada hasta a 40 pesos. Recuerdo a compañeros que debido al exceso de ejercicio y la pobre alimentación, adelgazaron mucho más de lo deseado, y sin embargo, llegaban puntualmente al trabajo.

Mi traslado a Tele Pinar a inicios de marzo de 1992 me liberó de tener que presenciar la desintegración de todo aquello que habíamos construido en torno al primer diario pinareño…Primero a Olguita Crespo y después a Ernesto Osorio les correspondió la etapa de adaptación a una mentalidad semanal, que para inicios del siglo XXI, mediante la redacción digital, retomaría el ejercicio del diarismo.

Pero ello quizás corresponda narrarlo a otra generación, cuando pueda definirse si la vida económica y social de la provincia y los adelantos científico técnicos de las comunicaciones ameriten la repetición de historias en blanco y negro, como las contadas en este libro.

Sobre el Autor

Ronal Suárez Ramos

Ronal Suárez Ramos

Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en Pinar del Río.

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