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De las pifias y otros demonios

Los errores en los periódicos han sido tan comunes, que desde tiempos inmemoriales se inventó la “fe de erratas” y la “aclaración”, para enmendar los desaciertos y evitar que quedaran para la historia.

Algunos medios han preferido no hacerlo directamente, sino realizando informaciones posteriores en las que se corrigen las pifias sin confesar que existieron. Es menos traumático para el culpable, pero también se corre el riesgo de que un futuro investigador de cualquier tema no se dé cuenta de la aclaración y reproduzca el error.

Pero yendo al grano, fueron muchos los desaciertos que aparecieron, tanto en El Socialista como en Guerrillero. Los más corrientes estaban dados por las llamadas erratas: una a por una o, que a veces no tenían mayor trascendencia, pero en ocasiones servían para cambiar el sexo a una persona, y podía no gustarle.

Más molesto era una palabra mal partida al final del renglón, como por ejemplo, obstáculo. No obstante, ninguna tan perjudicial como el llamado pastel, capaz de acabar con el mejor artículo periodístico o con un brillante discurso.

Ello ocurría cuando los textos se elaboraban en plomo mediante el linotipo, de manera que dos o tres cuartillas se convertían en ocho o 10 pulgadas de largo repartidas en varias columnas.

Para enmendar un error marcado por el corrector (y eran muchos), el cajista se guiaba por la primera letra de la línea en plomo. Si por casualidad sustituía otra línea que comenzaba con la misma letra, podía afectarse todo el párrafo y hacer quedar al autor como un loco que escribía de forma ininteligible.

En varias ocasiones recibí llamados de atención, y mientras más me esmeraba porque no ocurrieran errores revisando una y otra vez las pruebas de páginas, más sucedían. Unas veces por causa del periodista; las más, achacables a los correctores y no pocas, responsabilidad del taller.

Los linotipistas que generalmente eran quienes escribían mal las palabras, salvaban su responsabilidad escudándose en que para eso estaban los correctores. De ahí la importancia de que un operario de linotipo tuviera buena ortografía.

Pero no todo fueron erratas, hubo errores de contenido de mayor trascendencia, como el de endilgarle a Mijaíl Gorbachov la categoría de difunto, cuando disfrutaba de buena salud y se encontraba aún al frente de la URSS.

Conocida es la información sobre el carnaval pinareño que anunciaba que “las comparsas arrollarán disciplinadamente por la calle Martí…”, como si se tratara de un desfile del Primero de Mayo o el comentario que se quejaba de que en una granja “los cadáveres de gallinas no son recogidos frecuentemente”.

Sin embargo, el mayor trauma como director lo sufrí a menos de seis meses de haber ocupado el cargo. En esos días realizaba una visita a la provincia el Comandante en Jefe Fidel Castro, acompañado del primer ministro de la URSS Alexei Kosiguin.

Zoilo Treche, fotógrafo designado para que tratara de cubrir la visita, pudo apostarse en una calle por donde pasaría la comitiva, y dejar constancia gráfica del momento en que el líder de la Revolución pasaba conduciendo el yipi de cuatro puertas con el distinguido visitante a su lado.

Al día siguiente salía desplegada en primera página la información, acompañada de una gran foto, pero en la cual Fidel conducía el yipi con el timón a la derecha, mientras a su izquierda aparecía Kosiguin. En busca del origen, supimos rápidamente que en el paso de fotografía a fotograbado, la imagen se invirtió.

Sin nada por hacer, me puse a esperar una fuerte reprimenda, pero nada sucedió. Tiempo después supe por alguien que acompañaba a la visita, que al día siguiente, encontrándose en Guane, Fidel vio el periódico y lo tomó de buen humor, expresando algo así como: “Yo me he visto en muchas fotos manejando un vehículo, pero en uno que tuviera el timón a la derecha, únicamente en Pinar del Río…

Sobre el Autor

Ronal Suárez Ramos

Ronal Suárez Ramos

Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en Pinar del Río.

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