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La intervención militar

Una noche del verano de 1967, llegaba al periódico el chofer de Leonel Valdés Alonso (Tatá), antiguo dirigente de la esfera ideológica en el Buró Provincial del Partido, y desde hacía unos meses primer secretario de la organización política en la regional Artemisa.

–Oye, aquello está lleno de guardias, me dijo, así de sopetón.

–¿Guardias?, repliqué sorprendido, sin entender de qué me hablaba.

–Sí, están por todas partes, son los que lo dirigen todo. –¿Y Tatá?, volví a inquirir. –Anda por allá, pero más bien como entregando.

Me pareció raro, pero no le dí mucha importancia, pensando que quizás Blas (el chofer) exageraba. Mas, al día siguiente, uno de nuestros corresponsales regionales se quejaba de que al ir a una granja en busca de información periodística, le dijeron que si el teniente que dirigía la región no autorizaba, no podían darle datos.

Traté de contactar con el organizador del Comité Provincial del Partido, que en ese tiempo atendía directamente a los medios de difusión masiva, pero no estaba disponible.

Entonces una secretaria con quien había entablado amistad en las actividades de la Unión de Jóvenes Comunistas, me corroboró que todos los civiles estaban suspendidos de sus cargos y un nuevo Buró Provincial integrado por oficiales de las FAR era el que tomaba las decisiones.

Así de simple, conocí el hecho muy poco divulgado de una especie de militarización de la provincia. Podrán imaginarse para quien tenía la responsabilidad de sacar a la calle cada día un periódico, lo que representaría aquel cierre informativo.

Unos días después recibí la llamada de María de Jesús, secretaria de quien se encontraba al frente de la provincia, para con su acostumbrada amabilidad pedirme: “Hace falta que vengas acá, que el Comandante quiere hablar contigo.

“Parece que llegó mi relevo militar, me dije, y salí caminando para allá desde Retiro 111. Para sorpresa mía, me recibió de forma afable el comandante Diocles Torralba, hasta pocos días jefe de la DAAFAR.

Me preguntó cómo estaba el periódico y aproveché para plantearle de forma sintetizada las calamidades que estábamos enfrentando, y particularmente el problema de la pésima impresión de El Socialista, aun cuando teníamos posibilidad de adquirir un equipamiento más moderno, pero Comercio Interior se negaba a entregarnos un local imprescindible para ello que mantenía subutilizado.

Diocles me prometió que eso se iba a atender, aunque requeriría algún tiempo, Someramente me explicó que en Vueltabajo se había dado una situación con sus cuadros principales que preocupaba a la dirección del país, y se decidió reemplazarlos mientras se dilucidaba a fondo el asunto.

Lamentó que en medio de tanta vorágine había olvidado informar al pueblo los cambios ocurridos y me entregó un pequeño papel escrito en tinta roja en el que aparecían los integrantes del nuevo Buró: comandante Diocles Torralba, delegado del Buró Político del Partido en la provincia de Pinar del Río; primer capitán José Milán, segundo secretario; capitán José Luis Prado Beatón, para atender la industria y los servicios, y primer teniente Jesús Calvo, secretario de Organización, que incluía el trabajo político ideológico.

La publicación de aquella nota, al menos oficializaba lo ocurrido, pero no resolvió el problema del vacío informativo, pues además de los primeros secretarios del Partido en las regiones y algunos municipios, también fueron nombrados militares al frente de varios organismos importantes, quienes prohibían a sus subordinados brindar información sin autorización superior.

Pero poco después la situación comenzó a cambiar. Por orientación del teniente Calvo, cité a todos los periodistas del periódico y la radio, así como al camarógrafo de televisión José Baldor, y a los pocos corresponsales de medios nacionales que entonces existían, para una reunión en la Dirección Provincial del Partido, que presidió el delegado del Buró Político.

Diocles comenzó asumiendo autocríticamente, su responsabilidad en la deficiente información que ofrecían los medios de difusión provinciales a sus lectores y oyentes y me responsabilizó con organizar grupos para visitar lugares donde se estaban acometiendo obras de cierta importancia económica, relacionadas con el desarrollo hidráulico, los planes arroceros, la producción de tabaco y otros.

Participé con él en el primer recorrido que dio base para varios reportajes y fue el comienzo de la reapertura de las fuentes. No recuerdo exactamente en qué momento de 1968 se retomó el tema del nuevo local para el periódico provincial, que finalmente resultó la solución para la creación de la emisora provincial Radio Guamá.

Se que las gestiones para el nacimiento de Guerrillero contaron con el apoyo del comandante Julio Camacho Aguilera, que sustituyó a Diocles como primer secretario del Partido en la provincia, responsabilidad que ocupaba unida a la de delegado del INRA (organismo antecesor del Ministerio de la Agricultura).

La llegada de Camacho además de abrir una etapa vital para el desarrollo de Pinar del Río, en la cual cambió radicalmente su imagen, significó el comienzo de la vuelta a la vida civil y debo dejar constancia de que varios de los antiguos dirigentes separados de sus cargos, después de una profunda revisión de sus casos, retornaron al trabajo de dirección, entre ellos Leonel Valdés Alonso, Tatá, que transitó por diversas responsabilidades en la regional pinareña y más tarde dirigió por mucho tiempo la esfera político ideológica en el Buró Provincial del Partido.

Sobre el Autor

Ronal Suárez Ramos

Ronal Suárez Ramos

Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en Pinar del Río.

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