Actualizado 21 / 09 / 2019

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Hermes y Eligio

Siempre que presencio una de las aventuras de Elpidio Valdés, en que las fuerzas españolas se aprestan a impedir el paso del intrépido jefe mambí, a través de la trocha levantada en territorio de la actual provincia de Ciego de Ávila, no puedo evitar que venga a mi mente una anécdota de los primeros tiempos de El Socialista.

Se trata de la escena en que un alto oficial español encargado de la operación pasa revista a las distintas armas puestas en función de frustrar la estrategia mambisa, hasta que al mencionar a voz en cuello a la “patrulla de recorrido”, no recibe respuesta. Tras reiterar el llamado varias veces, le contesta una voz con tono de agotamiento, y al increparle al subalterno su tardanza en ir a un punto determinado de la trocha y regresar, recibe como justificación: “¡AH...!, pues yo pensaba que se trataba de ir de Júcaro a Morón, y de Morón a Júcaro… y de Júcaro a Morón…”.

Algo similar, aunque hoy parezca imposible, ocurrió en la redacción del primer diario pinareño, cuando su jefe de información, Carlos Naya Duarte, le encomendaba al dúo formado por el joven reportero Eligio Fernández y el fotógrafo Hermes, ya entrado en años, ir a Julián Alemán (un taller de confecciones textiles que existía en la ciudad, a escasas cuadras de la redacción), y traerle con urgencia un reportaje.

-¿Y en qué vamos?, cuestionó uno de ellos, para recibir de inmediato una respuesta tajante.

-En qué van a ir: ¡a pie!, respondió el jefe con cara de pocos amigos, como recriminándoles la actitud un tanto acomodada de pedir transporte, en un centro de prensa donde únicamente para largas distancias y en casos de urgencia, podía contarse con ese recurso.

Eligio era un muchacho de procedencia campesina, que se había destacado por su activismo revolucionario en las organizaciones juveniles que surgían. Hermes, ya mayor, aprendió el oficio del lente en el taller de fotografía propiedad de su hermano, en la capital pinareña.

Ambos, personas sanas, nobles y disciplinadas, entendieron que el lugar a donde los estaban enviando era la granja agrícola Julián Alemán, situada más allá de Consolación del Sur, a unos 30 kilómetros de distancia de Pinar. Y para allá partieron, ni tardos ni perezosos, a cumplir la orientación de ir caminando hasta ese lugar, y regresar con el reportaje solicitado.

Contaría uno de ellos tiempo después, que mientras transitaban por la Carretera Central en cumplimiento de la encomienda, algunos vehículos cuyos choferes les reconocieron, detuvieron la marcha y los invitaron a subir a bordo, pero desecharon tal ofrecimiento, con el pretexto de que ya casi llegaban a su destino.

Lo cierto es que estaban a punto de desfallecer por el cansancio, cuando uno le dice al otro. “La orden fue ir a pie y debemos cumplirla, no ves que nos están probando para el ingreso al Partido”.

En la redacción del diario, mientras tanto, la dirección se extrañaba de que no acabaran de llegar sus enviados especiales, con un reportaje nada complejo, al que le calculaban par de horas de trabajo.

Ante la exagerada tardanza, y tras recibir del taller de confecciones respuesta negativa sobre la presencia de los reporteros en ese centro, trataron de localizarlos en otros lugares, e incluso dieron cuenta a la Policía, temerosos de que algo inesperado les hubiese sucedido.

Cuál sería la sorpresa del colectivo de trabajadores, que ya se encontraba a la expectativa, al verles llegar casi al oscurecer, con la historia de que habían cumplido la orden y traían un reportaje de la granja Julián Alemán.
Por supuesto, durante mucho tiempo ambos tuvieron que soportar la mofa del grupo de “jodedores” que, sobre todo en las largas noches de El Socialista, repetirían una y otra vez la anécdota.

Yo, que conocí sus valores, pienso que en esa actitud plasmaron, aunque con ingenuidad poco usual, la consagración de una generación que con más voluntad que conocimientos y recursos, acometió la tarea de hacer periodismo en condiciones muy difíciles y cumplió el rol que le correspondía, aun cuando haya dejado para la historia, acciones extremas como la de Hermes y Eligio.

Nota: Tomado del libro Historias en Blanco y Negro, de Ediciones Loinaz.

Sobre el Autor

Ronal Suárez Ramos

Ronal Suárez Ramos

Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en Pinar del Río.

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