Actualizado 20 / 11 / 2018

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Cavilaciones de mujer

Sacaron creyones rojo en-cendí’o en las tiendas en divisa y pá’ llá fui yo –ya conocen mi adicción–. Pagué mis 90 centavos CUC, me probé el pintalabios y me iba cuando me dijo el dependiente: "Joven, yo a usted la veo siempre con los labios rojos, así que seguro se le acaba rápido... ¿por qué no se compra dos?".

Me había planificado para uno solo, pero fue tan excitante encontrar un dependiente cubano gestionando ventas (ellos que se quedan con tu cambio, que tienen prohibido sonreír y les da lo mismo venderte un pollo frito frío que una cerveza caliente), que no me pude negar y acepté también aquel otro creyón que sacó del bolsillo de su chaqueta.

Para que se entienda mi sacrificio, tengo que decir que esos 90 centavos CUC que desembolsé de más equivalen a dejar de comerme de 15 a 20 croquetas de un peso amarillo –ya conocen mi adicción–. Llegué a casa y fui directico a probar el segundo pintalabios. Al mínimo roce se partió... mejor dicho, siempre estuvo partido y él me lo vendió así a conciencia... por eso lo tenía en su bolsillo.

Me dieron ganas de virar y arrastrarlo, pero recordando que son 16 kilómetros, de inmediato se me pasó. Entonces me puse caviladora: él es de por esta zona, así que tendrá que coger guaguas y allá arriba hay un Dios del Transporte que todo lo ve y me lo tiene que poner enfrente de nuevo, preferiblemente entrampado entre la puerta del camello y mis libras, y por cada empujón, por cada repello, por cada bache, por cada "córranse que caben más", yo le voy a estampar un beso rojo en su blanquísima camisa de uniforme...
Ya lo decía mi abuela: "A quien te dé espinas, tú dale besos". Así, cuando llegue a casa ¡su mujer lo arrastra por mí!

***

Fui al estadio, me tiré un juego de pelota, grité, maldecí, discutí como todos los hombres de las gradas... Luego me fui a un bar... sola... me pedí un trago, me lo pagué, me lo tomé hasta el fondo y di un golpe seco con el vaso sobre la barra como hacen los hombres, vacilé un poco, pero no conseguí nada, así que me piré con ella al hombro, así como dicen los hombres... podría haber pasado el rato en algún curso de cocina o peluquería, pero no estoy apuntada en ninguno...

Llegué a la casa, jugué un rato con el vecinito del frente a ver quién escupía más lejos, le tiré unos golpes a la pila del fregadero que no para de gotear, pasé por delante del fogón como si no lo conociera, comí cualquier cosa y me puse a ver televisión con las patas en alto. Me salté la novela y me quedé con el fútbol, fingí escuchar a todos y que sus preocupaciones eran mis preocupaciones, pero solo me preocupó aquel gooooooooolllllll tan bien metido... ¡Felicidades para mí en este año que cumplimos 58 de la Federación de Mujeres Cubanas!

Sobre el Autor

Yuliet Calaña

Yuliet Calaña

Periodista del sistema informativo Islavisión.

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