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Un cubano en la mesa buffet

Acaparar más de lo que en realidad te cabe” es la primera regla de un cubano en una mesa buffet, porque ¿cuándo volverás tú a vivir esa experiencia? ¿Y si no te da tiempo a probarlo todo? ¿Y si el del lado no alcanzó queso y tú puedes darle de la montaña que te serviste? Qué cará, mejor que sobre.

Frente a las bandejas de pepino, col y habichuela pasas rápido: la hierba para los chivos, así ha sido toda la vida… Frente a las del huevo duro, frito y tortilla y la del arroz blanco te paras un segundo y le haces una reverencia a esos viejos amigos que te tiran el cabo cada día, pero tampoco se hace mucha estancia ahí.

La cosa gorda es frente a la ropa vieja… La gente tomando helado y tú parado ahí; la gente con los dulces finos y tú sin irte de ahí; la gente con la ensalada fría y tú clava’o ahí, comprobando que la ropa vieja no es la blusa llena de huecos de la universidad que aún usas para limpiar, sino esas deliciosas hilachas de la carne de un innombrable animal, menos sagrado en la India que aquí. La ropa vieja está acompañada, además, de papa y en los últimos tiempos tú has visto más al Papa Francisco que a la papa tubérculo… Así que a ti hay que sacarte de ahí con la policía.

Pero donde tú sufres de verdad es cuando ves en la parte de las arepas la fuentecita rebosada de miel y en la bandeja del pescado asado los limoncitos adornando… Qué clase de quitá’ de catarro te das tú ahora mismo y sin pagar un peso.

En una mesa buffet, el cubano se vuelve exigente, se molesta porque hoy solo han sacado yogur de manzana, melocotón y guanábana, pero no de fresa con pedacitos de la fruta, que es el que te gusta a ti, a ti que en tu vida solo has tomado yogur de soya… con pedacitos de soya.

Qué importa que te hagan dejar el bolso a la entrada del buffet, porque ¿quién ha dicho que las servilletas son para limpiarse? Para eso siempre estará el mantel. Las servilletas son para cargar, son las primas hermanas de las jabitas de nailon, incluso mejores, más discretas, no chillan ni ná… ahí envuelves tú hasta los huesitos para el perro… para el perro potaje de chícharo que vas a meter después; alguna bobería para la perra… para la perra hambre que te entra por la madrugá’.

En fin, que un cubano en una mesa buffet no tiene desperdicio, o mejor dicho, no deja ni el mínimo desperdicio para el sancocho de los puercos de los trabajadores del hotel. Pero realmente yo prefiero veinte mil veces más compartir esta ocasión con cubanos que con esos yumas comehierbas que nunca entenderán la trascendencia del arroz con salsita, que no trituran el hueso del pollo ni se chupan los dedos cuando terminan y, para rematar, llaman al catarro constipado y se lo quitan con pastillitas de colores y no con miel y limón sustraída en un pomito de colonia de una mesa buffet. ¡Qué gente más chea, tú!

Sobre el Autor

Yuliet Calaña

Yuliet Calaña

Periodista del sistema informativo Islavisión.

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