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Extraterrestre en Vueltabajo

¿Hay otras criaturas en el universo? ¿En qué galaxia? ¿De qué planeta ignoto? ¿Son iguales o diferentes a nosotros? Estas preguntas habían cautivado las mentes de neófitos y entendidos a lo largo de los siglos. Ingenios sofisticados, telescopios con pantallas enormes, exploraban constantemente los cielos, pero, “nada por aquí, nada por allá” como dicen los prestidigitadores.

Necesitábamos una señal, una evidencia aunque fuera pequeña. Era urgente la nueva opción habitable, ya no soportábamos más estar aquí y las perspectivas de este mundo no eran nada halagüeñas. Hubo un tiempo que el lejano Zeus, en las Pléyades se presentó como un buen candidato, pero ¡caramba! si tuvo vida, fue por el tiempo del Bing Bang, como decía mi abuelo. Y de pronto… ¡Eureka! Allá por los confines de la Vía Láctea, un insignificante sistema solar con su planetico vestido de harapos azules, nos dio la evidencia que tanto añorábamos.

Todos nuestros radares y censores, los potentísimos telescopios de antimateria y las plataformas de exploración lejana, instalados en los 200 satélites naturales de nuestro planeta, se dirigieron hacia allá.

El alto mando intergaláctico se reunió con urgencia y se formó un estado mayor especial de la crema y nata de los científicos y generales del cosmos. Las naves XLR-5 de séptima generación levitaron hacia las rampas de despegue. ¡Había llegado el momento del contacto universal! Mapas en las pantallas de las megas computadoras, todo bien cuadriculado. Allí estaba la Tierra y aquella bendita señal que resonaba desde una isla alargada, para ser más preciso, en su verde cola occidental.

No cabía duda, un extraño ser entraba en la denominada Oficina de trámites, atestada de terrícolas impacientes, con el objetivo –según interpretamos– de gestionar un documento de identidad; y en un idioma desconocido, que nuestras computadoras pudieron decodificar, dijo sonriente: “Buenos días. Por favor, ¿quién es el último?”.

Todo se detuvo ante la mirada inquisidora. Estupefacción total… y, luego del primer impacto, rostros huraños, risas y algún que otro bostezo. Evidentemente aquella criatura no era de ese planeta, porque ni siquiera el raro aditamento en el que trabajosamente se apoyaba hizo un cambio en la actitud de los presentes.

Al ser interrogado el comandante de la misión exploratoria declaró que aquel parecía ser un espécimen llegado de una civilización tanto o más inteligente que la nuestra. Afortunadamente, dijo, eso aumenta nuestras posibilidades en la exploración del universo, aunque ya descartamos la Tierra como lugar para emigrar.

Más información, a las 145:00 h de Alfa Centauro.

Tenga un buen día, gracias por su atención.

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José Madera Martínez

José Madera Martínez

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