Actualizado 16 / 10 / 2019

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Llegada tardía

luis sexto sanchezLas charlas de mis compañeros, las imágenes eróticas del cine y el insolente cachumbambé trasero de las criollitas que ya Wilson estaba por descubrir en el semanario Palante, empezaron a entretener mi audacia. Vete, me decían, como en el poema de Amado Nervo, cuerpo y alma al par. Contente, replicaba el custodio de mi libertad impuesto desde la niñez por una educación religiosa que entonces por laberínticas tergiversaciones convertía en ácido lo más humano de la gente.

  • Escrito por Luis Sexto
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El “sobremuriente”

Elizabet Colombet Frias¿Qué ves viejo? –dijo el niño–. Y la pregunta cayó en los oídos del abuelo como un porrazo.
Pero el viejo no respondió. Estaba en la acera, bajo uno de los balcones grisáceos del inmueble. Y miraba la hilera de columnas carcomidas del zaguán y las losas vencidas por las grietas y las hierbas invasoras de los muros. El lugar, en la calle principal de la ciudad, le parecía solitario.

Problemas operacionales

yuliet calanaCuando un viaje Isla de la Juventud-La Habana en avión, que debe ser de 30 minutos (o como se dice acá: “mear y sacudir”), se te convierte en cinco horas (o como se dice acá: “te cogió el Armagedón”), Cubana pasa a engrosar tu lista de cosas no gratas... Se agrega inmediatamente una nueva frase odiada: “problemas operacionales”, que significa que tu avión no saldrá en tiempo por las más variopintas razones: roturas, clima malo, desvío para otros destinos preferiblemente turísticos, indisposición de la aeromoza... Y por más que los tantos cuentos que has oído te dictan que debes viajar con agua, comida, entretenimientos, almohadones y hasta traje de baño y bronceador... siempre caes en la trampa de creer que el tuyo saldrá en tiempo y terminas sedienta, hambrienta y con las nalgas acalambradas por los “mullidos” asientos de la sala de última, pero largaaaaaa, espera.

Nostalgia

eduardo grenierLa incipiente brisa citadina parecía adentrarse de pronto entre los herméticos cristales. Respiré. La fragancia era familiar, quizás a hierba mojada, o a lluvia recién caída, o a rutina. Sí, probablemente a rutina. El sueño, guerrero indomable, logró vencerme durante más de dos horas en los incómodos asientos del ómnibus. Abrí los ojos y vi, aún borrosa, una casa de tabaco con techo verde y grandes surcos paralelos.

¡Y no lo olvido!

Miriela MijaresLe hablaba de su relación con Chibás y su orgullo de pertenecer al Partido Ortodoxo; del día en que estuvo sentado en el brazo del butacón donde estaba su líder y de su negación a ir a votar por aquellos que en nada representaban al pueblo; pero mi abuelo no ha quedado anclado a mi memoria como un héroe solo por eso.

Red 2.0

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