Actualizado 21 / 04 / 2018

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Un piropo fallido

Luis Sexto SánchezEl piropo ha anclado en la crisis, se desmantela en la vulgaridad, en la grosería. Si se convocara a un concurso, nadie resultaría ganador. A no ser que el jurado también hubiera perdido el gusto o el tino de la sutileza amatoria, y premiara un ¡bárbara!, o un ¡negra!, o un ¡matahombres! O este menos agresivo: ¡azúcar!

  • Escrito por Luis Sexto
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El foul del “Vaquero”

Juan A Martinez de Osaba y GoenagaEn los recreos –como se decía–, los varones nos íbamos a jugar pelota detrás de la escuela Ignacio Agramonte, popularmente conocida por escuela grande. Lo hacíamos exactamente entre ella y la Casa de Generoso, una bodega con bar incluido, muy popular en las Minas de Matahambre. Quien sacara las pelotas de goma por encima de la instalación, hacia la calle Real, era considerado un big leaguer. Manolito El Gallego, mi mejor amigo, lo hacía con facilidad. ¡Cuántos recuerdos! Nunca pude dar un batazo así; no era tan lejos, pero yo no tenía fuerza al bate, mis muñecas no fueron diseñadas para dar jonrones.

Una vida para querer y que me quieran

Gilda Vega CruzPor aquel año de 1964 entrar en la universidad para mí era más que un premio; me había criado en una familia muy humilde en la cual había que conformarse con “llegar” a lo que se pudiera. Llegué, con 17 años, el dos de diciembre de 1964 y tuve a Fidel de cerquita.

La foto del año

Julia Hernandez SantallanaCuando éramos niños, y a pesar de vivir en un lugar bastante alejado de la urbe capitalina, mi madre solía llevarnos los fines de semana a un parque que había cerca de la calle Prado, donde por solo 25 centavos la hora, podíamos alquilar bicicletas.

El entierro de mi abuelo

luis sexto sanchezTengo una frustración: no haber conocido al padre de mi padre. Ni en fotografías. Y su imagen en blanco intenta a veces ajustarse a mi figura cuando me copio ante un espejo. He querido parecerme a mi abuelo gallego.

  • Escrito por Luis Sexto
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El Cabo y Policarpo

Juan A Martinez de Osaba y GoenagaEl uniformado ofrecía un porte poco común, parecía no caber en la tela limpia y bien cortada. Le sobraron servidores, así como él sirvió sin medida a los superiores y gente con fortuna, pues supo ubicarse exactamente en la codificada sociedad. Alto, blanco, distinguido, de cara estrictamente rasurada y sin bigotes, entraba en la barbería de José Antonio, colgaba las polainas y echaba media mañana. Los demás a observarlo y a escuchar en silencio los cuentos de cuando se comió un chivo entero, había matado jutías de un disparo a más de 100 metros o anduvo en correrías con generales.

Gases nobles en la “Engels”

Jesus Arencibia LorenzoGases nobles. Así nos llamaron, con todo lo que de sorna tenía el epíteto. No porque fuéramos “inertes” o “raros”, como alguna vez han llamado a esos elementos químicos del grupo VIIIA, sino porque, ante otros que eran o creían ser más pícaros, “aguajosos” o rebeldes, los varones de mi brigada, la 13 de la Unidad 4, en el trienio 1997-2000, nos aplicábamos bastante al estudio, solíamos llevarnos muy bien entre nosotros y con el resto de la muchachada, y no andábamos inventando las mil maneras de zafar el cuerpo ante las tareas, así que de ahí a ser muy poco reactivos e incoloros, como el helio, neón, argón y compañía, seguramente va un largo trecho.

Terapia

Julio Alberto Cumberbatch PadronEn la mente del cronista que intento ser, toda la arcilla real de esta historia. Pudo haber sido así...
Sentí alivio cuando leí: Dr. José A. Rodríguez Casals, J´Dpto. Psicología Clínica. Era el rótulo en la puerta de aquella afamada institución. La entrada para orientar mi conflicto como padre.

Entrevista no concedida

Juan A Martinez de Osaba y GoenagaTemprano en la mañana llegamos al “Augusto César Sandino”, de Santa Clara, y, como siempre, los reporteros le cayeron atrás a Urquiola, a Negrete, a Emilio Salgado, a la dirección del equipo, y a otros. No concedí entrevistas ni me las pidieron. Nos fuimos a la cama después de pasar por el comedor para una merienda “reforzada”. Como en el “San Luis”, los albergues estaban en los laterales de la planta baja.

Locuras

sabrina lopezDecía Suzanne que Erik era hermoso. Quiero decir, hermoso, interesante. Con todo y sus manías, sus premuras. Hermoso y gris. Erik Satie, francés, pianista, inmenso, guardaba en su pequeño cuarto de Arcueil cientos de paraguas. Coleccionaba pañuelos, desdichas. Y, con todo y que contaba Suzanne Valadon que no era buen pianista, con todo y que en el siglo XIX, mientras vivió, fue poco aquilatado, hoy le consideran genio, precursor de la música moderna, creador de la pieza más extensa jamás escrita.

Red 2.0

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