Actualizado 20 / 11 / 2017

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“Hotel todo incluido”

silueta hombreEn la década del '50 del siglo pasado había pocas opciones de recreación para una familia pobre. Mi padre, obrero, no podía dejar de trabajar, y mi mamá, ama de casa, trataba de complacernos a los tres hermanos –dos varones y una hembra, de los cuales yo era el mayor–, hasta donde se podía.

Tú no pareces cubano

rene camiloNunca sabré su nombre verdadero; no importa. Dejó su huella en mi mar la otra noche, un rato antes del alba, cuando partió el primer bus a la ciudad. Como tantas veces en otro tiempo, en otro espacio, fui al borde de la costa en busca de certezas; en vez de luz hallé a Beatriz, con sus lagunas, con su voz arenosa aguijoneándome a preguntas.

Caricatura de un lunes en Bahía Honda

lorenzo suarez crespoComo ninguna división político administrativa puede alejarla de nuestro sentir pinareño, Bahía Honda, mi pueblo, sigue cercano. Tan cercano que me animo a desempolvar esta añeja caricatura cronicada, de hace 20 años, cuando lo “especial” del periodo tanto nos azotaba...

Hombres para no olvidar

silueta hombreLa Habana tiene a su Caballero de París, a quien hicieron una estatua que los capitalinos casi reverencian. Mi ciudad no tiene ningún caballero; pero sí personajes célebres. Me referiré a unos cuantos que, para suerte de mi generación, fueron contemporáneos.

El Parque

Antonio Manuel PadovaniCorro para dentro de la casa: “Mami, mami, ya va a empezar”. Mi mamá está terminando de “arreglarse”, mi papá ya está y mi hermana, un año menos que mis cinco años, está alborotada.

Barro y sensaciones

silueta mujerNo se trata de Manhattan, tampoco de Marbella, y mucho menos de los Campos Elíseos. Hago referencia a mi antiguo barrio, un átomo de patria donde comenzaron mis primeros años de vida y cómo recordarlo sin dejar de sonreír. Mientras las hermosas capitales tienen asfalto y grandes avenidas, en mi antiguo barrio cuando llueve y caminas se te entortan los pies. Mis pies llenos de barro se burlan del calzado y sus marcas. Fango en lugar de espuma cubre todo el empeine y a la vez desnuda el alma de artificios. El barro pinta de naranja aquella zona que también suele adornarse de framboyán y tabaco, luciendo cada día la abnegación del campesino, con sus manos incansables.

Los mantecaderos

silueta mujerCada día, el sonido sordo producido por los suaves golpes sobre el semicírculo metálico, anunciaba –después del almuerzo hasta casi el anochecer– la llegada de estos hombres. Reconocidos desde antes del triunfo revolucionario por el pantalón azul mecánico, la camisa blanca y el sombrero de pajilla, Ignacio y Mariano: los mantecaderos, dos hermanos –para algunos jimaguas– recorrían la ciudad pinareña con su preciada oferta: helados de mantecado, chocolate, piña, mamey, coco, melón... servidos en barquillos (generalmente elaborados por ellos con harina de trigo, azúcar prieta, una pizca de sal y agua); o años después en abanicos comprados en la capital.

La Jía

Antonio Manuel PadovaniYa estoy entrando a Pinar, dejamos atrás la fábrica de cerveza, la autopista hace una curva y, ya está, veo a mi derecha la Universidad y el hotel, a la izquierda los albergues universitarios y al frente el puente continuado por un bello paseo con pinos...

No te sientas olvidado

Yosmany Ventura PerezTú serás el motivo de mi canto. Así comenzó Whitman los versos de A una locomotora en invierno. Con su visión futurista te miro yo a ti, y te enaltezco, porque olvidado quizás, aún estás ahí, viejo amigo de la ciudad, la misma que hoy se maquilla posponiendo la mejilla en la que te encuentras. Con tu estilo Art Nouveau, como pocos en la Mayor de las Antillas, te elevas hacia el asolado, nublado o estrellado cielo, con el mismo rostro ya pesimista de los años.

Red 2.0

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