Actualizado 23 / 06 / 2018

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Lidia

Yosmany Ventura Pérez¿Lo leerá? ¡Desde cuándo no la veía! Pensé que no estaba en el país. Al hacer la locución de un acto de Copextel, en el municipio Viñales, afortunadamente me la encontré, 15 años después. Esta gran mujer, Lidia, es la mejor maestra que tuve en la enseñanza Primaria en la escuela Juan Rius Rivera, del reparto Montequín.

La vida… según mi padre

Julia Hernández Santallana.Mi padre había nacido y se había criado en el campo. Según él, solo tenía segundo grado escolar, o sea, era un “iletrado”. Sin embargo, ello no fue nunca obstáculo para lograr una buena comunicación con los demás. “Yo conozco palabras muy bonitas, pero no sé dónde ponerlas”, decía sonriendo, malicioso, cuando se hablaba al respecto.

San Luis

Jorge Luis Salas HernándezDesde pequeño creí que mi municipio era uno de los más grandes de Pinar del Río. Viví orgulloso de esa verdad instalada en mi mente a pesar de la abrumadora evidencia que mostraba lo contrario cuando con solo 15 minutos recorría sus cuatro calles más largas.

Colas, nailon, “pores” y bocinas

yuliet calanaSaqué a pasear a mi sobrino durante la semana de receso docente. Primero, nos fuimos a la parada, hicimos la cola y emprendimos nuestro primer viaje juntos en guagua. Luego, llegamos al banco, hicimos la colaa y sacamos un dinerito para el paseo. Después, llegamos al cine 3D, hicimos la colaaaa y vimos la peli. Más tarde, llegamos a la pizzería, hicimos la colaaaaa y almorzamos. Por último, llegamos al centro tecnológico, hicimos la colaaaaaa y entramos a jugar. Por eso tiene lógica que cuando le preguntaran al llegar a casa "¿qué hiciste hoy?", él, sabichoso como es, contestara: "Colas"... pero también es muy justo, dado el trabajo que hizo la tía en cada una de las colas, que él agregara: "Pero entrábamos rápido porque mi tía era la jefa de las colas".

Sala L

Jesús Arencibia LorenzoQuizá no haya nadie tan infeliz como un enfermo mental. A veces hiperconsciente de su soledad; otras, con una euforia desmedida que en el fondo esconde tristeza. A ratos, enajenado. A ratos, con pánico… Urgido de psicofármacos y odiándolos a muerte. Desguarnecido. Roto. Todo lo que un humano haga por aliviar a otro que el destino puso en esa oscura senda, es poco, y altamente loable. Hoy quiero narrar de un sitio donde se lucha por esa gente que la sociedad –desde los gestos más sutiles hasta los enormes– muchas veces aparta.

Un piropo fallido

Luis Sexto SánchezEl piropo ha anclado en la crisis, se desmantela en la vulgaridad, en la grosería. Si se convocara a un concurso, nadie resultaría ganador. A no ser que el jurado también hubiera perdido el gusto o el tino de la sutileza amatoria, y premiara un ¡bárbara!, o un ¡negra!, o un ¡matahombres! O este menos agresivo: ¡azúcar!

  • Escrito por Luis Sexto
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El foul del “Vaquero”

Juan A Martinez de Osaba y GoenagaEn los recreos –como se decía–, los varones nos íbamos a jugar pelota detrás de la escuela Ignacio Agramonte, popularmente conocida por escuela grande. Lo hacíamos exactamente entre ella y la Casa de Generoso, una bodega con bar incluido, muy popular en las Minas de Matahambre. Quien sacara las pelotas de goma por encima de la instalación, hacia la calle Real, era considerado un big leaguer. Manolito El Gallego, mi mejor amigo, lo hacía con facilidad. ¡Cuántos recuerdos! Nunca pude dar un batazo así; no era tan lejos, pero yo no tenía fuerza al bate, mis muñecas no fueron diseñadas para dar jonrones.

Red 2.0

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