La entrevista que nunca hice

Intercambiamos números de teléfono, hablamos de una posible fecha para la entrevista, de un café, de casetes viejos con grabaciones de Noel Gorgoy que quería rescatar. Confieso que en mi afán de contar su historia esperaba lo que pensé era el momento adecuado. De repente, ese momento nunca llegó: se fue Luciano Beirán.

De seguro habríamos conversado de su juventud, de cuando terminó el servicio militar y empezó en el teatro; de Titirivida, de sus amigos, sus amores, sus logros, sus premios…

La entrevista que nunca hice para saber todo eso se convirtió en una deuda con un hombre que como dicen algunos tenía alma de niño. Con los que lo querían, los más cercanos, pretendí entonces conocer a quien dedicó 50 años al teatro infantil.

CHANGO

«Era muy jocoso, siempre estaba bromeando, una gente muy humana, no tenía dobleces. Nunca lo vi bravo, tomaba la vida como una fiesta, pero para él el trabajo era sagrado.

«Éramos inseparables desde niños, en las buenas y en las malas. El día que por alguna razón no pasaba por su casa, me llamaba, fueron muchos años juntos, era mi hermano.

 «Le hice los horrores del mundo. Un día salí del teatro temprano, me le colé en el escaparate, me maquillé de blanco completo y me puse un pañuelo en la cabeza; llegó, se quitó los zapatos y cuando abrió la puerta lo asusté, por poco tengo que salir con él para el hospital».

NELSON

«Luciano me abrió varias puertas cuando todo estaba cerrado: primero como actor, luego a la dirección artística y la de dirigir un grupo de teatro.  Marcó un antes y un después en mi carrera, y ese después es el hecho de  concretar proyectos, de ver más lo que soy y saber el camino.  Ahora lo que tengo es un compromiso muy fuerte, pues hay que seguir, tenemos  que hacer todo lo posible para que Titirivida continúe como el grupo que él creó».

ANA MARGARITA

«Estuve 21 años trabajando a su lado. Fue todo: mi guía, mi profesor, mi maestro, mi compañero, mi padre…».

MARIDANIA

«Desde pequeña vi en él el ejemplo de titiritero en Pinar del Río. Fue la representación viva de jóvenes con inquietudes para este tipo de teatro. Para mí siempre será esa figura que ha quedado plasmada en la mente de tantos niños que ahora son mayores y todavía hablan de ese titiritero, de esa mano que hacía vivir al títere. Es un orgullo seguir bajo el manto de Titirivida que es Luciano Beirán».

CARLOS ERNESTO

«Me dio la oportunidad de entrar en el maravilloso mundo de los títeres. Gran parte de lo que sé y soy se lo debo a él. Es mi padre del teatro,  más que mi di-rector,  mi compañero, mi amigo».

ODALYS

«Es el padre de la alegría, quien me enseñó a contagiar mi sentir a través de mi trabajo.  Me enseñó que en el escenario los dolores se curan. Que no importan los problemas, que frente al público la vida se hace de colores. Me enseñó a respetar a mi trabajo, a tener sentido de pertenencia. Luciano fue, es, como un Quijote en mi vida».