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A la memoria de “Berto Chori”

adalberto suarez fpt2Adalberto Suárez (Berto Chori)La odisea de la XI Serie no pudo ofrecerme más. Intercambié experiencias y medí fuerzas con hombres que presumí legendarios. Entre los inalcanzables estaba Adalberto (Berto Chori) Suárez. Fuerte como el roble, impresionaba a primera vista con humor respetuoso, honesto y comedido.

Nació en el poblado de Pilotos, el 12 de marzo de 1939, en una familia curtida por el acero y se fue de entre los vivos el sábado 1ro. de febrero de 2020, próximo a cumplir los 81 años.

Tuvimos el placer de tenerlo como fundador de la Peña Deporte y Cultura, del Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura “Hermanos Loynaz”, de Pinar del Río. Allí se destacó con planteamientos definidos y calculados; siempre justos. Compartió con otros que ya no están entre nosotros: Apolinar Barrios, con quien siempre jugaba, Lacho Rivero, Fernando Hernández, Jesús Guerra y otros.

Nadie lo conoció como el zurdo Nilo Delgado, a quien llamamos Nilo H, por aquello de chocar bien y fuerte con la bola:

“Desde niños comenzamos a jugar, siempre juntos. Nuestro primer equipo fue el MOSAICOS PEBIA, de la ciudad pinareña, después pasamos a la CASA ARRONTE y más tarde al CASA MARTHA, donde comenzamos a destacarnos con más experiencias. En este último equipo estuvieron como entrenadores los destacados Castillo y Leva, con quienes estuvimos hasta en las Nacionales. Después pasamos a las órdenes de Roberto (Guajiro) Llende, en el FERROVIARIO y más tarde, con la SELECCIÓN PINAR DEL RÍO, en el béisbol popular que organizaba Juan Antonio Camejo. Allí se jugaba duro...”

Hijo de un excelente músico, de muchacho cargaba, junto a Nilo, el pesado contrabajo del padre hasta el cabaret Pachín, a las afueras de la ciudad. Antes de 1959, ellos dos se volcaron a la carpintería por cuenta propia, sin olvidar el deporte de las bolas y los strikes. En 1951, a los doce años, Berto comenzó a competir entre los mayores, por su envidiable físico. Poco después, integró el CASA MARTHA de Arsenio González, en la capital provincial. Antes había jugado en cuanto estadio o placer encontró, hasta hacerse imprescindible en Vueltabajo.

Peña Deporte y Culltura (Berto, Papito Cruz, Llende, el autor y Pepe Chirino)Peña Deporte y Culltura (Berto, Papito Cruz, Llende, el autor y Pepe Chirino)

Cuando se incorporó al PILOTOS de aquel poblado, ya era temido por sus batazos. Allí estuvo junto a Nilo H, Fidel Ferrer y otros. Continuó abriéndose paso hasta el triunfo de la Revolución, cuando entendió que se había hecho para la gente humilde, como él. Entonces se enroló en el team del REGIMIENTO MILITAR, dirigido por Narciso Ceballos, un recordado minero a quien llamaron Chirro.

Allí estuvo junto a Roberto Llende, ora en pelota, ora en sóftbol, también el minero Nilo Uratsuka, quien defendía la segunda almohadilla, el torpedero Ñingue Valdés, Chúa Paula y tantos otros.

Pocos lo conocieron como Roberto Llende, un destacado receptor y jugador de cuadro, conocido por Guajiro. Figura cimera del béisbol vueltabajero desde los años cincuenta. Dirigió a los VEGUEROS en Zonales Regionales anteriores a las Series Nacionales. Oriundo de Viñales, posee conocimientos enciclopédicos sobre béisbol. El propio Llende lo integró a la Peña Deporte y Cultura. Berto lo admiró y vio como un padre, su padre en la pelota. Así se expresó el Guajiro:

“Excelente carpintero de muebles finos, Berto tuvo una formación muy buena por parte del padre. Lo vi comenzar con la CASA MARTHA, alrededor de 1955 y 1956, como catcher y cuarto bate. También estuvo un tiempo en el PILOTOS. Ya para 1958 y 1959 se vinculó conmigo en la SELECCIÓN DE PINAR DEL RÍO, que jugaba en la Liga que creó Juan Antonio Camejo, con fuertes equipos. A partir de 1959, se fue al Ejército con el minero Narciso (Chirro) Ceballos, para alternar entre la carpintería y la pelota. Comenzó con el ESCUADRÓN 69 DE GUANE. De allí pasó a la COMANDANCIA DE PINAR DEL RÍO, todo un trabuco. Después, a mis órdenes, se incorporó al VEGUEROS y el PINAR DEL RÍO, en las Series Regionales. De allí, por derecho propio, dio el salto a las Series Nacionales...”

Agrega Llende:

“Es bueno destacar que, alrededor de 1958, 1959 y más allá, jugó a mis órdenes en el jardín derecho del sóftbol popular. Lo hacíamos en los terrenos entre el Borrego Park y el Aeropuerto, incluso de noche. La gente corría para ver los desafíos. Allí Berto, siempre junto a Nilo Delgado y otros, fue cuarto bate. Le daba durísimo a la bola. Aquellos torneos silenciaron al béisbol, aunque por poco tiempo...”

Cuando comenzaron los campeonatos Zonales Regionales, antesala de las Series Nacionales, entrenó con un grupo de buenos jugadores de Vueltabajo, en la playa “El Salado”, a las órdenes de Pedro (Natilla) Jiménez y Juan Vistuer, peloteros de la Liga Profesional Cubana. Con él estuvo un grupo de pinareños, encabezados por Felipito Álvarez, Emilio Salgado, Nilo, Tomás Valido, el receptor Abel (Pano) Cuéllar; Marcos (Prieto) Páez; Kike Izquierdo, Bárbaro Dueñas, Roberto Mesa, un excelente bateador cienfueguero que provenía de la Liga Pedro Betancourt. Berto alternó en la receptoría y la inicial; algunas veces estuvo en la antesala.

Participó en cuatro Series Nacionales, a las que llegó un poco tarde y promedió .236, con slugging de .342. Conectó un total de 14 cuadrangulares e impulsó 113 carreras. Se destacó como un impulsor nato. Su última temporada fue la XI, donde alternó en la inicial con Lázaro Cabrera y los novatos Leonildo Martínez y Manolo Cortina. Allí estuvo a la altura de las circunstancias, con pocas oportunidades. El manager Ismael (Gallego) Salgado, se decidió por Lázaro, envuelto en una excelente campaña.

Contrario a la técnica, terminaba el swing con una sola mano. Era agradable ver aquellos batazos enormes. No pocas veces lesionó a los receptores con el madero. No es recomendable cambiar el estilo a un bateador natural, oportuno y eficiente. Algunos querían que Berto lo hiciera. Entre otros, Natilla le situaba bates detrás de los pies. Él lo oyó y le fue peor, hasta que el minero Tomás (Nené) Martínez, conocedor como pocos de los secretos del béisbol, le recomendó que siguiera bateando como lo hacía. ¡Qué se cuidaran los pitchers y los catchers!

Nunca olvidó a quienes le ayudaron. En la cima ubicaba, como ya afirmamos, al Guajiro Llende, quien compartió con él momentos buenos y difíciles, hasta cultivar una amistad que trascendió. Tuvo buenos recuerdos para Asdrúbal Baró (ya fallecido), del MARIANAO profesional, quien logró una carrera para no olvidar, y en la pelota revolucionaria puso su mano sabia, para colaborar en la senda de los éxitos del béisbol vueltabajero.

Berto no se cansó de prodigar elogios a Felipe Álvarez, pues el camarero limitaba el andar del inicialista a la derecha; lo cubría todo. También admiró al malogrado José Antonio Huelga, Elpidio Mancebo y Felipe Sarduy. De los pinareños destacó a Felipito, Fidel Linares y Emilio Salgado. En épocas más actuales a Omar Linares, Casanova, Urquiola...

Llevaba consigo una pesada carga, el desafío donde Rigoberto Betancourt le propinó cuatro ponches. No pudo descifrar las curvas del zurdo más curveador de las primeras series. Pero no era motivo para achicarse, los estelares caían ante aquellos envíos de ultratumba. Asimismo, se ensañó con el destacado Walfrido Ruiz, cuando en un desafío le conectó dos jonrones.

Ahora deja cuatro hijos, tres hembras y el varón. Indagando con Nilo Delgado, me dijo: “Éramos jóvenes e íbamos a cuantas fiestas hubiera en Pinar o en otros pueblos. Berto vestía elegante y era más enamorado que yo, tenía más suerte con las mujeres...” Al muchachón, de su mismo nombre, nos lo presentó una tarde en el Capitán San Luis, ya se veía en el jovencito la figura del padre.

Hombre serio, regularmente de buen humor, respetuoso, amigo de los amigos. De personalidad bien definida y voz de trueno, deja una huella imborrable en quienes lo conocimos y disfrutamos de sus batazos en los estadios de todo el país.

Capaz de sostener una conversación ininteligible para los rivales, en un idioma inventado, conocedor de virtudes y defectos de la vida, fue, es y será, un rechoncho criollo de carácter serio, que compartió con sus amigos.

Cuando Adalberto Suárez cogía un par de bates en el círculo de espera, las vistas de todos iban hacia él. Los lanzadores comenzaban a preocuparse y no descansaban hasta ver la bola más allá de las cercas, o dominarlo. No es de otra galaxia, ahí radicó, como hombre de pueblo, su principal aporte.

Lacho, Costa, el autor, Berto, Arnaldo Duarte y CasanovaLacho, Costa, el autor, Berto, Arnaldo Duarte y Casanova

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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