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Sexo, bebidas, béisbol y mentiras (II)

Bebidas y mentiras están a la orden del día. Otra cosa es el sexo. Si la bebida afecta los reflejos, hacer el amor sin condiciones afloja el organismo. Hay teorías que sustentan lo contrario, quizás dependa de la posición, donde se resienten menos las piernas, no es lo mismo en la cama que en posición vertical. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Algunos extremistas piden lo imposible: no tomar, sin sexo, ni fumar, ni trasnochar, la total aniquilación. Tamaña empresa solo la logran los que hacen de la fuerza de voluntad una religión. Los buenos jugadores, aunque feos, consiguen mujeres bonitas. ¿Por qué será? Otros don nadie bonitos, no se anotan una. ¡Tamaña injusticia la del béisbol!, debía ser al revés. ¿Por qué todo para los famosos? Si usted es bueno no necesita tanta suerte con las féminas, los malos y feos las necesitamos más. ¡Debemos protestar fuertemente! Conocí estrellas que no salían del cuarto para nada y peloteros mediocres que disfrutamos todo el tiempo. A fin de cuentas no jugábamos, por eso nos corríamos más.

Al centro Landy CoroAl centro, Landy Coro. Ningún manager impidió que Orlando González Hernández, conocido como Landy el de Mongo Coro, un famoso pelotero de mi pueblo, dejara las mujeres a un lado. Amó a la pelota, pero a ellas las adoró y la adoración se impone al amor. En los años cincuenta jugó como profesional en ligas independientes norteamericanas. También entrenó alguna vez con los CUBAN SUGAR KINGS, aquel nombre transculturalizado de nuestro team profesional. Contaba Mongo, su padre, que en una ocasión habló con el manager norteamericano, indagó por Landy y este le contestó con una mezcla de español americanizado:

--Mister González ser buen pelotero, pero no poder dedicarse a la pelota, ser demasiado mujeriego. Era cierto, no por gusto tuvo que salir huyendo de los Estados Unidos, perseguido por el alcalde de Tampa cuando estuvo con su hija, a la que conoció en el estadio de aquella ciudad. Mi vecino Landy, a quien quise mucho, combatiente de Angola y hermano del comandante Ramón González Coro, falleció a fines de 2007 en extrañas circunstancias, en la ciudad de Miami. Sí señor, los hay bebedores y mujeriegos. A otros hay que ponerles la bebida en la boca y empujarlos para que sostengan una relación amorosa en plena temporada. ¿Lo hacen por voluntad? ¡No y mil veces no!, por miedo y disciplina. A quien lleva en la sangre la pelota, nadie lo aparta, ni el amor más profundo. No se equivoquen, si alguno se excusó en las faldas para no ir al juego, es porque no amó la bola de verdad. No olvido a la que se quiso interponer entre nosotros. Una buena hembra, aunque los años hayan mellado su figura. Estuve cediendo hasta un día: --Si te vas esta noche para el estadio, olvídate de mí. Carácter impe¬rativo que guardo fresco en la memoria. Estaba como para comérsela, y yo hambriento, pero se metió donde no debía; no la engañé, solamente dije: --Me voy para la pelota, que pichea Julio Romero. Claro, no es para exagerar, Julio no tenía sus encantos, pero tiraba duro y necesitábamos ganar. En otros casos me hubiera enfermado o envuelto en alguna situación. Ella ofendió mi dignidad al quererse anteponer a la pelota. No vacilé y me fui al estadio para la derrota contra INDUSTRIALES. Perdí el juego y la perdí a ella. ¡Vaya manera de ser perdedor! Y todo en una noche.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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