Actualizado 16 / 10 / 2019

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Sexo, bebidas, béisbol y mentiras (I)

Los peloteros salen de sus casas para practicar y las esposas se quedan confiadas. Algunos desvían los pasos para aparecer días después. Que si los movilizaron militarmente en el camino al estadio, que si fueron testigos de algún accidente y los llevaron a la Estación, que les robaron y golpearon, hasta los hay que se hacen moretones.

La lógica dice que las cosas son como son y no como queremos que sean, pero en la pelota algunas veces son como queremos que sean, dándole vueltas al yoyo para componer o recomponer entuertos buscados, sin mucho pensar. ¡Divina forma de trascender!

No sé mentir, se me nota. Decía algunas mentiritas, como cualquier pelotero, pero me salían mal. No era el caso del amigo Hirán Fuentes, quien de la forma más sencilla del mundo enfermaba a un pariente o inventaba el dolor de una muela que lo llevó al dentista, detrás de buenas faldas. Cuando pasan los años se hacen los recuentos, se mira hacia atrás, entonces comprendemos mejor lo que debimos hacer.

¿Quién dijo que los peloteros no tienen vicios? Entrenadores, aficionados, jugadores, el pueblo en general, comentan sus licencias. Ellos aducen que si no lo hacen de jóvenes ¿cuándo será?

Los hay bebedores, unos más que otros. Es difícil encontrar un jugador que no se dé un par de tragos, incluyendo el día del juego. Las culpas las cargan los que menos se cuidan.

X Serie (1970-71), en mi casa de las Minas: Tomás Valido, Owen Blandino, Jesús Oviedo, Rolando Macías y otros que no recuerdo, apuraron una botella de aguardiente. Faltaba poco para el juego; como si nada. Valido conectó un jonrón de aquellos 13 que le hicieron historia. En el cabaré El Caney la cosa fue en grande después que nos ganaron tres por una.

Recuerdo al lanzador estelar (me reservo el nombre) que nos tiró un partido de nueve ceros en el «Sandino» con un cuarto de botella dentro. Pasábamos Felipe Álvarez y yo para el comedor, cuando el picher llamó a mi coterráneo. Fui con él, entramos a la habitación y sacó la botella de abajo de la almohada. ¡Estaba fajado solo con ella! Casi obligó a mi compañero a probarla; conmigo pasó menos trabajo, pues residía en la banca.

¿Es correcto? Por favor, no exagerar, no siempre se hace lo correcto, para eso existen las dispensas. El gran Braudilio Vinent ha confesado que se daba sus tragos para entrar en calor. En más de una ocasión se escuchó al desaparecido Manuel «El Cobrero» Alarcón, referirse a los «picotazos», como le dicen los orientales a tragar ron.

En Grandes Ligas sucede otro tanto. Fueron famosas las juergas de Mickey Mantle, El Niño Mimado de New York. Dicen que hasta Babe Ruth necesitó dosis de alcohol en las venas. No me lo crean, son comentarios, no los conocí personal-mente. Entonces se unen la bebida y la mentira, vicios del 90 por ciento de los peloteros.

—Le prometo que solo me di un trago. No quería, casi me obligaron, ¿qué puede hacerme un trago para pitchear?

A veces convencen, hasta que brota el típico sudor de alcoholes. Si el sol está en su punto, peor. Tratan por todos los medios que el director no venga al box, para que no los huelan.

¿Y qué me dicen de los que tienen cuartos reservados? Sus amigos se los prestan bien acondicionados, donde no falta el trago. Se unen la bebida y el sexo.

Además, la mayoría son fumadores. Ahí tenemos viciosos de verdad, que olvidan lo que viene después. «Fumar es un placer, genial, sensual», dice una añeja canción que cantó Libertad Lamarque, La Novia de América, pero también es dañino para la salud, especialmente de los deportistas. Muchos fuman y la mayoría incorpora un rito que los acompaña duran-te toda la vida: picar cigarros.

El recordado Lacho Rivero pidió «un cigarrito ahí compadre» a Charles Díaz en un aeropuerto italiano, hace algunos años.

Es tanto el vicio de fumar como de pedir. No hubo día en que Raúl Martínez llegara a mi casa, sin picarle cigarros a mi buena Carmen. No son problemas económicos, es una costumbre beisbolera cubana y vaya usted a saber de cuántos otros países.
El tema no está agotado.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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