Actualizado 21 / 09 / 2019

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¡Una jugada sorpresiva!

¡Vivir por ver!

Diría el abuelo Pancho.

Los peloteros, en mayor o menor medida, conocen las reglas. Pero no se trata de dominar la mecánica diaria, sino de los múltiples resquicios de nuestro pasatiempo nacional. Debían estudiarse hasta la saciedad, así se evitan violaciones, tormentos y hasta broncas.

Se apasionan cuando creen tener la verdad y discuten el strike hasta las últimas consecuencias. Saben que no es discutible, aunque sea un abuso. Pelean por una regla inexistente ante el juez, que se supone vive de ellas. Casi siempre pierden, aunque a veces los que deben ser imparciales, lucen parcializados y meten el delicado pie. ¡En el San Luis se han visto cada cosas!

Estadio Capitán San Luis. / Foto: Archivo Guerrillero.Estadio Capitán San Luis. / Foto: Archivo Guerrillero.

Felicio García, un destacado jugador holguinero, que ponía el alma en cada partido, hace alrededor de dos décadas puso de pie el graderío. Sentados detrás de home mi hermano Catibo, Urquiola, Rogelio, el recordado capitán Vázquez y otros tantos, contemplamos la cósmica infracción de regla.

Lanzaba por nosotros el zurdo Alberto Torres Chacón, uno de los más corajudos. El hombre en turno conectó un larguísimo fly al jardín derecho, que engarzó el receptor Yosvany Madera en funciones de jardinero y Felicio arrancó desde la inicial, convencido de que sería un triple. No miró para nadie. Decidió que las cosas iban bien y en lugar de regresar a la inicial, siguió como un rayo hacia tercera.

Por poco choca con el coach y continuó para el plato. Más que jugador, parecía desbocado. Alguien lo hizo mirar al jardín derecho, cuando divisó que venía el tiro para doblarlo en primera. Tenía que evitar el papelazo. En fracciones de segundo decidió: "Paticas, pa' qué te quiero”.

Con sus veloces piernas, se lanzó a la reconquista de la inicial. Al parecer se dijo "por aquí es más cerca...", y avanzó por delante del pitcher, quien con las manos en la cabeza comenzó a protestar. --Habrase visto cosa igual. --Comentó alguien que ahora no distingo. --Esta es la mundial. --Dijo Alfonso.

Momentos de silencio. Algunos presumieron una jugada apretada en primera. Hombre y bola llegaron juntos a la almohadilla. Juan Carlos Linares aceptó el tiro, después de estirarse como un camaleón y el árbitro, también en las nubes, cantó ¡out!

La gente no salía del asombro. El corredor quedó fuera por infracción de regla. Algunos, confundidos, trataron de aclarar lo bien claro. Entre sonrisas, abucheos y ciertas señales de tristeza ante el caído, el hombre abandonó la disputa y se fue, cabizbajo, hacia la cueva. Imagino cómo sería la discusión allí. El Reglamento dice que una vez salvadas las almohadillas, hay que retornar por el mismo camino, al lugar de partida.

En la pelota suceden cosas sorprendentes. He visto a otros estelares pasar al corredor que llevan delante y perder hasta un jonrón. Más de uno, entre los que me cuento, salimos al robo de una almohadilla ocupada. Los errores mentales cuestan caros, aunque propicien chispazos para robarse el show.

Y que conste, Felicio fue un magnífico jugador, de entrega absoluta a la camiseta. A la hora del retiro se convirtió en entrenador. Y más que eso, por su sapiencia, llegó a dirigir el equipo HOLGUÍN.

Conclusiones: Así las cosas, el principal debió matar la jugada al instante. Juan Carlos no tenía que enredarse con el bateador, ni decidir el árbitro de primera. Momento solo para cruzarse de brazos y “disfrutar” algo que difícilmente se repita, sobre todo a ese nivel.

Al mejor escritor se le va un borrón, dice el viejo refrán. ¿Y por qué no a un excelente pelotero? Verdad de Perogrullo.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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