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Tragedia de tequila

A la memoria de El Gallego

Hace más de cinco décadas hice un alto en el camino beisbolero, me alejé del estadio y estuve varios días en la capital, donde pasé uno de los momentos más amargos de mi vida. Entonces era más accesible el Polinesio del Habana Libre.

Nos sentamos al bar mis amigos Orlandi¬to Rodríguez y el entrañable Manolito El Gallego, ambos ya fallecidos. Por hacernos los chulos, pedimos tequila. Nos sirvieron de esa que es blanca, con no sé ni cuántos grados de alcohol. Nunca la había tomado, ellos sí. Como “gran bebedor”, hice caso omiso a la tapita de limón y el poquito de sal que sirvió amablemente el cantinero. Miré en derredor con la soltura de veinte años recién cumplidos y la soberbia de la inexperiencia.

Desfilaron por mi mente Jorge Negrete, Pedro Infante, Cantin¬flas... Los veía tragarse altas dosis de tequila sin pestañear ni protestar, a veces botella en ristre, sin papelazos.

Una elegante rubia acompañada me fijó sus pupilas. No sé si el simple rostro la atrajo, o la curiosidad, o presintió lo que pocos imaginaron. Ojos de serpiente cascabelera en franca arreme¬tida. Mantuve fija la mirada cuando acarició a su hombre, con iris vueltos a mí. Piel erizada, poco faltó para buscarla. Se levantó y fue al baño sin quitarme la vista.

Claro que la seguiría; manjar de no escapar. Como quien ingiere frutas de estación, tras palabras de rigor y ante la mirada atónita de mis amigos, levanté el breve vaso y apuré aquel trago, cual si llevara delicioso Extra Seco. Entonces procuré soportar con estoicismo espartano la brasa quemagargantas en vía directa a las mismísimas entrañas. Como estudiante de Oftalmología, que alguna vez lo fui, sentí brotar mis ojos de las órbitas inflamadas. El fogaje se arropó, intercambié vapor con hielo de Siberia.

Nada de qué preocuparme y me sentí flaquear. Vino a mí un enorme desconsuelo, al pensar en aquella mujer casi a mis pies, que no imaginó el final.

Ante los clementes ojos de El Gallego, tomé la tapita de limón y mastiqué con furia; también quemó. La sal dio con un paladar torcido, quebrando un tanto el sortilegio de seres que se enseñoreaban en mi anatomía. Hacía el bufo y no me importaba. La vida se me iba sin felicidad, como siempre he querido despedirla, que para eso se vive.

Miré al camarero que se acercaba, acostumbrado a tales escenas. Tan serio, lo vi reír y la emprendí contra él. Cuando estuvo cerca solté cuanto tenía dentro sobre el mostrador, que le alcanzó. Pensé en riñones salidos de zona. Y tan “bondadoso”, el muy cabrón se limpió y me dio un vaso de agua helada que tragué de un tirón. Era el hazmerreír del Polisenio.

Ella me buscó con visión aguileña, mas no pude soste¬ner las miradas; desfallecía. Divisé, en uno de los más de dieci¬siete instantes de aquella primavera, sus labios púrpuras vacíos. Expresión desconcertante. ¿Amor fugaz o tormento predecible? Irónica sonrisa; dolió más.

Cambió la situación, todos hacia mí. La "punzada del guaji¬ro" penetró por la boca, quiso salir por las fosas nasales y el nervio óptico. Me achiqué y contraje cuanto pude, abrazado al Gallego, quien me sacó de allí cual borracho tirado en una esquina. No sé quién pagó ni importa, el cantinero cobró. Extraño tanta lisonja.

Allí quedó Orlandito con el libro francés sin saber ni hostia de la lengua bonapartina. Dejó en manos del Gaito al improvisado bebedor, primerizo y descompuesto.

El paso de los años no me ha reparado arlequinada mayor. Le hice mi roña a la bebida mexicana, que no volví a probar hasta años después, con exquisita Tequila Reposada de Cien Años, huérfana de limón y sal. Por nada de este mundo la hubiera consumido antes de jugar en mi estadio.

A ella no la volví a ver. Y juro que en andares nocturnos la he soñado, transpirando elocuencia marchita, al borde del cadalso.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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