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De cuando Valido se robó el home

Para Felipito Álvarez

Pensando y pensando en unas breves palabras para el cincuentenario del “San Luis”, recordé un pasaje narrado por su protagonista, que dejó con la boca abierta a unos pocos y gozosos a los más. Durante varios días corrió la noticia: “¡Valido se robó el home! y ¡Pinar le ganó a Industriales!”. Algunos pocos han logrado esa hazaña en las series nacionales, mas McDougal, como le llamó Felipe Álvarez por aquel jardinero del New York Yankees que jugaba a partirse el alma, quizás haya sido el primero.

Desde el 19 de enero de 1969 montones de anécdotas y hechos singulares carga en la “media rueda” el “Capitán San Luis”, por donde ha desfilado lo que más vale y brilla de nuestro deporte nacional, amén de encuentros culturales, políticos y de otras ramas deportivas. Los 22 ponches de Faustino; 47,1 entradas consecutivas de Maximiliano; la trompeta de Filingo; las cosas de Apolinar; los cuatro jonrones de Linares que casi fueron cinco; la simbólica lomita…

En fin, muchísimas, pero hoy quiero homenajear la instalación con quien ha sido, sin duda alguna, el más carismático de nuestros peloteros: Tomás Valido Miranda el que jamás se detiene ante la adversidad.

Fuerte como el roble, andarín desde las primeras horas de la mañana en cada plaza beisbolera del país, amigo de los amigos, valiente a toda prueba y pescador, un hobby que lleva por encima de cualquier otro entretenimiento, como sucedía con el inmarcesible Ted Williams, quizás el mejor bateador de la historia.

Una noche del año de fundación del gran estadio de Vueltabajo, a nuestro hombre se le ocurrió robarse el home, un hecho que debió ser el segundo en las series nacionales, pues días atrás él mismo lo había logrado en el “Sandino” de Santa Clara, mucho antes que Víctor Mesa apareciera por estas lides.

Lanzaba por los Industriales el veloz Antonio “Boricua” Jiménez, quien se mostraba poco menos que intransitable. A base de piernas, había llegado a la tercera almohadilla. Silencioso, sin aspavientos, con la mente enfocada en el asunto y deseos inmensos de ganarle a los azules, por cuenta propia hizo la jugada.

“Ese juego lo estábamos perdiendo 1 x 0 y lanzaba el ‘Boricua’, que tiraba bien duro. Él se presentó de frente y yo solo adelanté un poco, como para poderlo sorprender. Nada más que levantó un poquito el pie arranqué para el home. Los pitchers cuando ven que alguien sale al robo del plato tienden a tirar la bola para afuera y ahí es donde uno tiene que aprovechar y tirarse por la parte interior del home, donde los derechos se paran a batear. Cuando iba entrando al plato, el cácher Gerardo Egües se lanzó para arriba de mí y tuvimos un fuerte encontronazo. Él cayó para allá, yo para acá y la pelota fue al piso. El golpe fue duro, pero anoté la carrera, porque había que vencer y un poco después ganamos…”.

La entonces verde y repleta instalación, aplaudía sin cesar. Masajistas y médicos corrieron hacia los dos hombres, pero no hubo lesiones que lamentar. Egües resultó un valiente, el “Boricua” se puso las manos en la cabeza, algunos jugadores azules salieron a la grama y los vueltabajeros levantaron en hombros al encumbrado estafador.

Para algunos el hecho sería intrascendente, pero el propio Apolinar y las autoridades dieron vivas al héroe de la jornada. Quizás allí comenzaría una rivalidad deportiva, cual Habana y Almendares años atrás. En la actualidad, ambos equipos dirimen con fuerza los partidos, con una ligera ventaja histórica para los verdes.

A partir de allí, no solo continuaría la aureola del brazo poderoso que el mismísimo Comandante en Jefe quiso hacer lanzador, ni de piernas veloces, guante encantado, fuerza al bate, o irle encima a los contrincantes que se erizaban cuando lo veían afilar los spikes.

Anduvo de verde olivo y machete en mano hacía una zafra él solo, casi. Amigo de los amigos, hombre de corazón noble, hoy lleno de achaques pasea por las calles de la capital provincial, atiende a todos y todos lo quieren. Derecho que se ha ganado.

Sin proponérselo, aquella noche marcó a Valido entre los inmortales de la más occidental de las provincias. Y más allá.

Entonces el “San Luis” se vistió de gala.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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