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Joshua Gibson, el gran receptor

Joshua Gibson

Conocido por Josh, El Gorila, y Trucutú, está considerado por los entendidos, como el hombre con más poder en la historia del béisbol. Mucho tuvo que sufrir para imponerse, pues había nacido negro el 21 de diciembre de 1911, en la sureña localidad de Buenavista, estado de Georgia, de marcado racismo por entonces. Supo imponerse con calidad suprema y descuidó la salud. Solo vivió treinta y cinco años y casi un mes, pues falleció el 20 de enero de 1947, en Pittsburgh, Pensilvania, Estados Unidos. Fuerte como el yunque, defendió la receptoría con una altísima maestría y brazo poderoso, también se desempeñó en los jardines, tercera y primera base. Alcanzó una anatomía de 6’1” de estatura y 210 libras de peso. Sobre su amigo y compañero de equipo, en la siguiente expresión, Satchel Paige le ofreció un elogio fantaseado. Jugábamos contra los Homestead Grays en la ciudad de Pittsburgh. Josh sale a batear en la parte baja del noveno inning con un hombre en base y perdiendo nosotros por una carrera. Bien, él golpeó una bola. Los Grays esperan y esperan, pero finalmente los árbitros decretan que esta no cae. Por lo tanto ganamos. Al día siguiente estábamos jugando nuevamente contra los Grays en Filadelfia cuando de repente viene una pelota del cielo que aterriza en el guante del jardinero central de los Grays. El árbitro entonces tomó la única decisión posible: ‘Eres out –dijo a Josh--: ayer en Pittsburgh. En El Inmortal del Béisbol, de Alfredo L. Santana, La Habana. Editorial Científico-Técnica, p. 27, se destacan las palabras de Martín Dihigo: “Llegado el momento de hablar de bateadores, había que señalar en violencia a Gibson... en consistencia, Lloyd. Ante Gibson había que quitarse el sombrero... Jamás conocí a un hombre que le pegara en una forma tan salvaje a la pelota...” Buck Canel, el cronista y locutor argentino, lo seleccionó como el mejor receptor de las Ligas Negras. (Ver obra citada, p. 129). Gibson participó en dos temporadas de la Liga Profesional Cubana. En 1937-1938, con el Habana (.344) y en 1938-1939 con el Santa Clara (.356). Total: 224 veces al bate, con 79 hits, para average de .353, 61 anotadas, 52 impulsadas, 10 dobles, 5 triples, 14 jonrones y 2 bases robadas. Resultó líder de los jonroneros (11) en 1938-1939, el primero en sobrepasar la decena. Conectó el batazo más largo de aquellos tiempos, nunca antes visto en la Isla, calculado por algunos sobre los 700 pies, el 22 de octubre de 1938, en el estadio La Boulanger, de Santa Clara, frente al lanzador Manuel Fortes. Ha sido considerado uno de los más grandes bateadores de larga distancia en la historia de este deporte, incluso por encima de Babe Ruth. El extraordinario e increíblemente popular partido de los grandes de las ligas negras --como Paige, Josh Gibson y el cubano Martín Dihigo, en las décadas del 20 y del 30, ayudó a allanar el camino a la integración racial final del béisbol, Gibson, que mandaba la pelota más lejos que Babe Ruth, pegó 75 jonrones en 1931. Si se hubieran revertido los privilegios raciales, Babe Ruth habría pasado a la historia como el “Josh Gibson blanco”. Jugó la mayor parte de su carrera en las Ligas Independientes de Color, o Ligas Negras de los Estados Unidos, donde se le acreditan, extraoficialmente, 912 jonrones en diecisiete temporadas, algunos a distancias siderales. Además, jugó en equipos del Caribe y México. Es conocido por algunos como el émulo negro de Babe Ruth, El Bambino. En su primera temporada bateó para .461. Ciertas publicaciones afirman que conectó, en el Yankee Stadium, un batazo a 580 pies de home. En 1932 jugó en los Pittsburgh Crawfords, junto a Satchel Paige, con quien formó una de las baterías más famosas de la historia, durante cinco años. En 1934 bateó 69 cuadrangulares y en 1937 disparó 55, con average de .467. De su vida se ha tejido una leyenda. En 1931 pegó 75 jonrones. Muchos consideran que Gibson fue el único que sacó la pelota fuera del Yankee Stadium, en 1934. Considerado una de las figuras más sobresalientes del béisbol en cualquier época, murió pobre y enfermo. Fue exaltado al Salón de la Fama de Cooperstown en 1972, a pesar de no jugar en las Mayores por el color de su piel. Allí se acredita que “casi” alcanzó los 800 jonrones en su carrera de diecisiete temporadas, otros dicen que fueron 963, pero todos afirman que eran a más de 500 pies de home, y acumuló un average de .351. Gibson conectó 962 jonrones en diecisiete años, algunos fuera de la liga oficial. En ellos se incluyen 75 en 1931, 1934 (69) y 84 en 1936, en 170 juegos. Su huella ha tejido una leyenda. Oficialmente había jugado en las Ligas Negras entre 1929 y 1946, con los equipos Homestead Grays (1929-1931, 1937-1940 y 1942-1946), así como con el Pittsburgh Crawfords (1932-1936). También se desempeñó en México, donde bateó 44 jonrones en 450 veces al bate y slugging de .802. Estuvo una campaña en Puerto Rico, con 13 vuelacercas en 123 veces al bate, uno cada 9,5 oportunidades y los extrabases a 4,2. En 1937 jugó en República Dominicana junto a Paige, con el Estrellas de Trujillo. Lideró a los bateadores (.453), las anotadas y las impulsadas. En las Ligas Negras, solo el pitcher Satchel Paige compitió con él en estelaridad. En total había acumulado en ese circuito un promedio de .354, en México (.373), .353 en Cuba, .412 en juegos de exhibición contra equipos de Grandes Ligas y .479 en Puerto Rico, donde fue aclamado como el Más Valioso. En 1932 acumuló .380, con 34 jonrones, 1933 (.464), 1934 (.384) y 69 cuadrangulares; 1935 (.440) y 1936 (.457), 1938 (.440) y slugging de 1,389, 1939 (.440), más slugging de 1,190. Ya enfermo, en 1946 le midieron un batazo a 550 pies, en San Luis, y terminó la campaña con .361, más slugging de .958. En 1940 alternó entre Venezuela y México, con el Veracruz (.467). Al otro año lo hizo para .374, encabezó los jonrones (33), los dobles y las impulsadas. En ese país ganó importantes salarios que oscilaron entre 6 mil y 10 mil pesos. Ya veterano, entre 1942 y 1945 alcanzó el siguiente resultado: .344, .474, .345 y .398. Cuando se abrieron las puertas de los negros a las Grandes Ligas, Gibson estuvo en los planes del Washington Senators, pero ya no era el mismo. Muchos pensaron que su partida de este mundo fue debido a no cumplir el sueño de jugar en las Mayores, pero el hecho cierto es que se había entregado al alcohol, lleno de desilusiones por la crueldad del racismo y la separación de su esposa, que no pudo sobrellevar. Aquella fatídica noche del 19 de enero de 1947 sintió, una vez más, el terrible dolor de cabeza. No obstante, bebió unos tragos y se acostó. Al día siguiente se acentuó el dolor y el médico lo inyectó, se durmió y no volvió a despertar. Solo tres meses después, Jackie Robinson, de la mano de Branch Rickey, rompería la barrera del color. Nadie duda de que en el mayor circuito, Gibson hubiera sido otro inmortal. Letusé La O, en el libro citado, p. 83, alude a una descripción en el Sporting News, sobre el recio toletero: “Este es el bateador más temido por los lanzadores. Alto, de pecho ancho, buenas piernas, brazos flexibles y poderosos, manos inmensas para envolver el bate y el swing más dulce del mundo. Añádale a ello un gran amor por el béisbol, un deseo insaciable por batear y un talento prodigado por Dios para combinar vista, mente y músculo en un swing arrollador, y ahí tiene a Josh Gibson en el plato...” Fue amable, respetuoso, popular entre los fanáticos, electo en nueve ocasiones para el Juego de Estrellas, donde acumuló .483. Solo había alcanzado el 5to. grado cuando se fue a jugar a Pittsburgh, donde laboraba el padre; después estudió para electricista. A pesar de la corpulencia, era veloz en las bases, excelente brazo y trabajaba fuerte en home, lo que lo convirtió en uno de los mejores. Varios jugadores de las Mayores lo vieron como el mejor receptor de la historia, incluso el inmortal Walter Johnson aseguraba que Gibson hubiese ganado 200 mil dólares en el circuito mayor, un salario astronómico entonces. En los de su estirpe, solo ha pasado a la historia precedido por Paige en las Ligas Negras. Ellos establecieron shows mediáticos cuando se enfrentaron, que hacían las delicias de los aficionados. Unas veces se ponchó, en otras disparó un jonrón. (Con documentación de Jorge Figueredo, Guías del Béisbol Cubano y Mexicano, James A. Riley, Rogelio Augusto Letusé La O, Sporting News, Severo Nieto, Alfredo Santana, Martín Dihigo, Buck Canel, Andrés Pascual, Satchel Paige, Ángel Torres, Marino Martínez, Juan Vené, James D. Cockroft, Eddy Martin, Raúl Diez Muro, Roberto González Echevarría, Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga, Baseball-Reference.com, Seamheads.com, Wikipedia, the free encyclopedia, Peter Bjarkman, Michael M. Oleksak, Eladio Secades, Diario de La Marina, René Molina, Fausto Miranda, y otras fuentes).

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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