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Desde el puesto de mando: Napoleón Reyes

Pelotero discutiendo con árbitro
Nos viene a la mente Bonaparte I, aquel que de un tirón saltó de teniente a general, mariscal, cónsul y hasta se autoproclamó emperador para formar una dinastía con métodos violentos, que tuvo como mayor virtud el desarraigo del feudalismo en Europa, para enquistar el capitalismo. El Código Napoleónico sigue vigente en Francia y otros países.

Pero hablaremos de pelota, pues Napoleón Bonaparte murió en 1821, cuando a nadie se le había ocurrido crear este bello y distinguido juego. Tampoco lo hubiera asimilado, sus bases vinieron del cricket y el rounders ingleses y con los británicos él no quería nada. Tan es así que, según cuenta Víctor Hugo en Los Miserables, estos lo vencieron en Waterloo por un golpe de suerte del general Wellington. Nada, que tal personaje tiene capítulos apartes en muchos textos.

Hoy hablaremos de otro con apellido de la nobleza. Destacado pelotero de la Cuba de ayer, casi olvidado en la Isla. Napoleón Reyes Aguilera, conocido por Nap, nació el 24 de noviembre de 1919 en Santiago de Cuba, y falleció en la ciudad de Miami, el 15 de septiembre de 1995.

En las décadas del cuarenta y el cincuenta del siglo XX, fue un hombre show de la Pelota Cubana. Desde 1937 se había destacado en los circuitos amateurs y profesionales. Se inició con el Fortuna de la Liga Nacional Amateur, adscripta a la Unión Atlética de Amateurs de Cuba (UAAC) desde 1922. Después jugó con la Universidad de La Habana y en el equipo Cuba en eventos internacionales, junto a Conrado Marrero y tantos otros. Integró la selección al más sonado Campeonato Mundial, celebrado en La Habana 1941, como segunda base y tercer bate. Se enfrentó a Daniel Canónico, quien vencería 3 x 1 a Marrero, el 22 de octubre de 1941 y le conectó de 3-1.

En la temporada 1941-1942 firmó como profesional con el Almendares y alcanzó un promedio ofensivo de .319. Arrastraba legiones de aficionados por su juego desenfadado, agresivo. Por eso algunos afirman que en el paso a los rentados, Napoleón jugó un papel importante, pues arrastró a otros indecisos de las populares ligas de aficionados. No fue el primero, pero su paso al béisbol rentado tuvo una mayor connotación en la fanaticada.

Dejaría su huella en diferentes estadios del país, de Oriente a Occidente, en desafíos de exhibición. No lo vi, pero por los veteranos crecí con un legendario batazo suyo. En las Minas de Matahambre se habló y habla cual si estuviera con nosotros, de un estacazo que conectó hace más de seis décadas. Dicen que la bola pasó sobre los altos árboles que están detrás del jardín izquierdo, por encima de la casita de los peloteros ubicada tras las bardas. He aprendido a no dudar nada, pero parece imposible. En mi Ramón González Coro, siempre miraba para allá e imaginaba una conexión extraterrestre. ¿Quinientos, seiscientos pies?

Participó en siete temporadas de la Liga Profesional Cubana y en un torneo independiente. En 1941-1942, con el Almendares (.319), 1942-1943 (.323); 1945-1946, con el Cienfuegos (.268), 1946-1947 (.271), 1947-1948; con el Cuba del torneo independiente de la Liga Nacional (.227); 1949-1950, con el Cienfuegos (.239), 1950-1951 (.226) y 1951-1952 (.212). Total: en 1 218 veces al bate, conectó 321 hits, para average de .264, con 130 anotadas, 126 impulsadas, 29 dobles, 18 triples, 7 jonrones y 12 bases robadas. Por su popularidad, se celebró el “Día de Napoleón Reyes”, el 9 de diciembre de 1941, con un desafío donde bateó de 4-2.

Como torpedero y tercer bate del Cienfuegos, dirigido por Martín Dihigo, estuvo en el juego inaugural del Gran Stadium de La Habana, hoy Latinoamericano, el 26 de octubre de 1946, donde conectó de 4-1, con 1 impulsada. El Almendares, comandado por Adolfo Luque, derrotó 9-1 a los Verdes, con victoria de Jorge Comellas (Pancho) y derrota del venezolano Alejandro Carrasquel (Patón).

Jugó con los Havana Cubans en la Liga Internacional: 1951 (.280) y 1952 (.277). En 185 desafíos y 689 veces al bate, conectó 192 hits, para average de .279, con 75 anotadas, 121 impulsadas, 28 dobles, 4 triples, 15 jonrones y 8 bases robadas. Participó en siete temporadas de las Ligas Menores, entre 1942 y 1954, en equipos como Jersey City, Havana Cubans, Fort Lauderdale y otros, donde en 560 desafíos y 1 916 veces al bate, conectó 583 hits, para average de .304, con 87 dobles, 10 triples, 50 jonrones y slugging de .438.

Debutó en las Grandes Ligas en 1943, con el New York Giants, y en 1950 terminó en ese circuito con el mismo equipo. En 279 desafíos y 931 veces al bate, conectó 264 hits, para average de .284, con 90 anotadas, 110 impulsadas, 35 dobles, 11 triples y 13 jonrones. Recibió 44 boletos y se ponchó en 62 ocasiones, con 5 bases robadas, para terminar con slugging de .387.

En 1946 fue uno de los veintiséis jugadores sancionados por aceptar las ofertas de los hermanos Jorge, Bernardo, Gerardo y Mario Pasquel, para irse a la Liga Mexicana. El comisionado de las Mayores, Happy Chandler, decretó la suspensión por cinco años de diecisiete jugadores, incluidos norteamericanos y de otros países que actuaban en la Liga Americana (6), la Nacional (17) y en Las Menores (3). La sanción duró hasta 1949, cuando se les otorgó el perdón.

Napoleón Reyes fue un manager exitoso en la Liga Profesional Cubana, México, los Estados Unidos y otros países. A pesar de ser el equipo más débil y menos popular, llevó al Marianao a obtener dos gallardetes (1956-1957 y 1957-1958). En México, donde es toda una institución, dirigió al Puebla entre 1946 y 1948; en 1949 a los Diablos Rojos, después el Córdova, donde se proclamó campeón en 1975 y en 1976 obtuvo el campeonato divisional. También estuvo al frente del Tabasco y los Tomateros de Culiacán. Como jugador en aquel circuito: en 344 desafíos y 1 353 veces al bate, conectó 433 hits, para average de .320, con 62 dobles, 24 triples, 18 jonrones, 237 anotadas y 16 bases robadas.

Comandó el Pastora, de Venezuela y en Puerto Rico a los Criollos de Caguas y Senadores de San Juan. Quizás haya sido el director cubano más internacionalizado en la pelota profesional. Figura polémica, aceptó dirigir a los Cuban Sugar Kings, cuando en 1960 le despojaron la franquicia para convertirlos en el Jersey City. Por aquel hecho, Tony Castaño, quien había sido designado como director titular, renunció al cargo junto al entrenador Reinaldo Cordeiro y otros.

Dirigió en la Liga Profesional Cubana en siete temporadas: 1947-1948, con el Cuba del torneo independiente de la Liga Nacional (2do.), después lo hizo para el Marianao, en 1954-1955 (3ro.), 1955-1956 (2do.), 1956-1957 (campeón), 1957-1958 (campeón), 1958-1959 (2do.) y 1959-1960 (2do.). Dirigió en tres Series del Caribe: 1954, con el Pastora, de Venezuela (4to.); 1957 y 1958, con el Marianao (campeón).

En cuatro campañas estuvo al frente de los Cuban Sugar Kings: 1956 (6to.), 1957 (6to.), 1958 (7mo.) y 1960, alternando con los nombres Cuban Sugar Kings y Jersey City (5to.), hacia donde por problemas políticos, el Béisbol Organizado de los Estados Unidos trasladó la franquicia, el 15 de julio de 1960.

Napoleón Reyes, junto a Tomás de la Cruz y otros jugadores, fundaron la Asociación Nacional de Peloteros Profesionales Cubanos, creada a mediados de la década del cuarenta del siglo XX, como protección a los jugadores nativos contra la intervención del Béisbol Organizado en la Isla.

Un hecho curioso: estuvo con el Almendares, hasta que un día Adolfo Luque lo cambió para el Cienfuegos, por el inicialista Regino Otero. Luque había dicho que con Napoleón ganaría el torneo de 1945-1946, y así fue. ¿Premonición, sabiduría, inspiración? Hubo de todo en el inmortal Papá Montero.

Si Napoleón dejó su impronta como jugador, a mi juicio se destacó más como manager. Con el Marianao le vi ordenar jugadas complejas y discutir con furia las decisiones que creyó erradas. Los ampayas lo respetaron, pues alguna que otra vez se salió de sus casillas y hubo que sujetarlo para evitar una expulsión grave por agresión.

Contradictorio, violento, carismático, postalita, de mucho poder y raigambre popular, es Napoleón Reyes de la gente que hay que hablar, porque vivió sin afeites ni medias tintas. Aquella personalidad se tomaba o dejaba. Imposible desdeñarlo en el terreno de juego. Allí ganó, con su perenne presencia, un puesto en la historia del béisbol cubano.

Pelotero discutiendo con árbitro

Pelotero discutiendo con árbitro

Notas:
-No alcanzó un lugar mejor que el 5to. de 1960.
-En 1960 lo hizo con el Jersey City, de la Liga Internacional AAA, en sustitución de los Cubans.

(Con documentación de Baseball-Reference.com, Jorge Figueredo, Eladio Secades, Jess Losada, Eddy Martin, Severo Nieto, Raúl Diez Muro, Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga, Peter Bjarkman, Michael M. Oleksak, James D. Cockroft, Enciclopedias de las Grandes Ligas, Guías del Béisbol Profesional Cubano, Mexicano, Venezolano y de otros países, Yasel Porto Gómez, Adonhay Villaverde Blanco, Marino Martínez Peraza, Roberto González Echevarría, y otras fuentes).

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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