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El buen amigo Eddy Martin

Antonio Eddy Martín Sánchez, o simplemente Eddy Martin, habría cumplido 77 años el pasado 14 de junio de 2017, pues en esa fecha de 1929, llegó al mundo por Tamarindo, Florencia, antigua provincia de Camagüey, hoy Ciego de Ávila. Y falleció en La Habana, víctima de un accidente automovilístico, el 21 de julio de 2006.

Su pérdida nos golpeó a todos. Ejemplo demasiado grande para no dejar huella. Con él terminó la época que pudiéramos llamar romántica en la historia de las narraciones deportivas. Su paso y significación por la radio y la televisión es de dominio público. Un maestro en el mejor sentido de la palabra, no de aula, pizarrón, tiza y borrador, que no le hubieran asentado, como afirmó alguna vez, sino de los que reparten maestría. Jamás dejó huecos en conocimientos ajenos. Su palabra estuvo al servicio del pueblo y es ahí donde fue más grande. Se sabía el mejor, el más completo, como solía afirmar de Casanova en el diamante, pero no se lo creyó ni se le subieron los humos.

Eddy Martin y Héctor Rodríguez / Foto: ArchivoEddy Martin y Héctor Rodríguez / Foto: Archivo

Su voz no me fue ajena cuando, al comienzo de las Series Nacionales, lo escuché por radio y televisión, pues estuvo en los medios desde los años cincuenta. Aquel guajiro del Tamarindo avileño se elevó con paciencia de orfebre. En la época de Manolo de la Reguera, Cuco Conde, Rubén Rodríguez, René Molina y Felo Ramírez (recientemente fallecido), entre otros, se oía la voz de Eddy, quien estuvo en el estadio del Cerro aquella vez que, en 1955, los muchachos de la FEU se lanzaron al terreno, por segunda ocasión, para protestar contra la tiranía de Batista. Me contó que los narradores mantuvieron una actitud digna, en especial Felo.

A partir de las Series Nacionales fue familiar en todos los hogares, con una forma ortodoxa de decir, a la antigua, con aquello de: “¡Y la bola se va elevando!, pero con un sello distintivo que supo imponer. No podía ser de otra forma, porque fue fiel y sincero. No era voz de grandilocuencias ni epítetos lisonjeros. Algunos lo asocian solo con la narración; se equivocan, pues entraba en nuestras casas en un juego junto a su inseparable Héctor Rodríguez, en programas sobre historia del deporte, donde fue un erudito, en una crónica radial o televisiva; en reportajes para la historia desde las Naciones Unidas con Fidel, el presidente Dorticós o el canciller Raúl Roa, a quien le pitcheó naranjas en Argentina, frente al Palacio Presidencial; en vuelos cósmicos de vietnamitas y el cubano Arnaldo Tamayo. En fin, abarcó el más amplio espectro de la locución.

Era seguido desde los Juegos de las Olimpiadas, narrando para la Televisión Iberoamericana (OTI). Cotizado al más alto nivel, fue fiel a su gente que lo acompañó hasta el final. Su libro Por la ruta del Olimpo es un ejemplo de la capacidad intelectual de Eddy, allí recogió momentos memorables de los Juegos Olímpicos y de otros eventos que había narrado. Hoy se utiliza en las aulas universitarias.

Busque usted algún periodista deportivo que lo haya superado. Algunos destacan por la palabra, la improvisación, el ingenio, la creatividad... y podemos poner ejemplos. A mi juicio, el mejor narrador que ha tenido este país y allende los mares, desde los tiempos de Felo Ramírez, ha sido Bobby Salamanca; Eddy lo reconocía. Lo inmortaliza aquel decir genuino aportando cosas nuevas en cada transmisión. Llevaba al éter, para millones de oídos receptivos, un torrente de ideas que tenían el hilo conductor de su voz.

Durante varios años compartieron los micrófonos en un dúo para no olvidar. Bobby era la creación de un estilo no superado. Eddy representaba el sosiego, la mesura imprescindible para complementar el dueto. Después pasó a la televisión. Salamanca continuó junto a Roberto Pacheco y él con Héctor Rodríguez, cuando las transmisiones televisivas se ampliaron internacionalmente. Con Salamanca narró los desafíos de República Dominicana 1969 y Cartagena 1970, donde José Antonio Huelga se convirtió en héroe cuando venció a Burt Hooton, el mejor lanzador que nos haya enfrentado en la arena internacional.

Sobre la huella de Eddy Martin mucho se ha dicho desde su pérdida en una escaramuza que no debió ocurrir. El lamentable accidente nos privó del privilegio de convivir con un señor del periodismo, el deporte y la palabra. Y uno no puede menos que sentir lástima por el chofer que lo embistió. No podía imaginar su entrada en la historia por sacar de entre los vivos a una leyenda.

En nuestras conversaciones ponía atención a cada palabra, a cada idea suya. Polemista encendido, no solo ante los micrófonos y las cámaras. Por prudencia, a veces se dejaba dominar.

Cuando estaba enfrascado en las investigaciones para el Señor Pelotero, pude entrevistarlo a él y a Héctor en la misma habitación del hotel Pinar del Río. Héctor lo despertó envuelto en una colcha, con gripe y fiebre. Ambos dieron opiniones elevadas sobre Casanova. Al final les pregunté su equipo ideal de Series Nacionales. Y apareció la polémica. Héctor no entendía que Eddy ubicara en el jardín izquierdo a Fernando Sánchez y éste acudió a los numeritos. Efectivamente, si de números se trata, nadie como el matancero. Pero Héctor iba a otras cosas, se decidió por Armando Capiró y lo apoyé; quedó en desventaja. Rememoramos las bondades de uno y otro slugger, pero se mantuvo en sus trece.

Después le pedí el prólogo para El Niño Linares. No pudo decirme que no, por su relación con mi hermano Tito, quien fue su discípulo, y por tratarse de Linares. Varias veces sonó su teléfono ante mi insistencia, alguna que otra el mío.

Un día le pedí presentar la película Honor y gloria, sobre la vida de Roberto Ortiz, y no lo pensó dos veces. En el cine Praga de la capital vueltabajera esperamos un buen rato para comenzar, hasta que apareció Eddy, en atuendo deportivo y la buena cara de siempre, solo acompañado por el locutor Dagoberto Miguel Toledo. Otros se excusaron, que si el transporte o no sé qué. Eddy llegó a pie por toda la calle Martí, respondiendo el saludo popular. Se detuvo en la esquina de La Colosal y departió un rato con la gente que allí se reúne en una encendida peña.

Al final de la proyección, habló del Gigante de Senado y la pelota cubana antes de 1959. Me señaló a cada jugador. Hasta a Martín Dihigo descubrí por él en aquella discreta, pero memorable cinta. También divisamos a Manolo de la Reguera, Cuco Conde, Felo, Molina y otros, lo noté emocionado. Vimos a Chicharito y Sopeira vestidos de habanista y almendarista.

Eddy Martin entrevista a Fidel Castro / Foto: ArchivoEddy Martin entrevista a Fidel Castro / Foto: ArchivoComo cazador de anécdotas, le pedí algunas. En una habitación del Hotel Globo, hace bastantes años, junto a mi hermano Catibo, Héctor, Salamanca y otros, tragos por medio, una me dejó prendado. Resulta que Orlando Peña, el estelar lanzador del Almendares, cuando abandonó el país le regaló un Oldsmobile convertible del año, una verdadera joya que Eddy disfrutó solo un tiempo, porque al hacerse definitiva la salida de El Guajiro, le pidieron la propiedad. Como ese “sencillo trámite” no se había efectuado, tuvo que entregar el flamante coche. Por su boca conocí de lo «ahorrador» y distraído, por no decir otra cosa, que era Felo Ramírez, incapaz de pagarse un café con los amigos, ni reconocer a Teófilo Stevenson sobre el cuadrilátero.

Un día me sentí honrado. Había terminado su libro Memorias en los setenta y... pero no sabía cómo publicarlo. No pude menos que decirle: « ¡Eddy, usted lleva su libro a cualquier editorial y es un cheque al portador, lo publicarán de inmediato! — ¿Tú crees? —Puede ponerle el cuño, el pueblo no debe perderse sus memorias. Y se convirtió en éxito de ventas antes de salir a la calle. Había tenido el honor de conocerlo y, de atrevido, darle algunos consejos en el proceso de creación. Lo acompañó con otro sobre béisbol para niños, a quienes dejó un honesto y pedagógico testimonio. Me comentó sobre Luque, Marrero y varios grandes.

Entre otros reconocimientos, recibió la Orden por la Cultura Nacional, la Réplica del Machete de Máximo Gómez, la Réplica del Machete de Serafín Sánchez, el Trofeo del Comité Olímpico Internacional, Premio Nacional de Periodismo “José Martí” y Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

Sin lugar a dudas, su presencia en eventos internacionales, ha sido la más prolífica en las transmisiones televisivas y anteriormente radiales, pues trabajó en todos los efectuados dentro del Olimpismo, y en más de una ocasión: Juegos Olímpicos (recordar que fue la única voz en Munich 1972), Campeonatos Mundiales de Béisbol, Juegos Panamericanos y Centroamericanos, Topes amistosos de varios deportes, Torneos de la Amistad, Clásico Mundial de Béisbol 2006, y otros tantos.

Por su indudable sapiencia, fue seleccionado para narrar hacia Cuba, uno de los acontecimientos más connotados, el vuelo espacial del cubano Arnaldo Tamayo Méndez, desde el aeródromo de Baiconur, en la antigua Unión Soviética.

Y hace años que se nos fue Eddy, quien tenía mucha cultura que ofrecernos, con aquella mesa llena de papeles en la cabina de transmisión y una memoria por encima de los papeles. Con él desapareció un estilo y toda una generación. Vendrán otros mejores, iguales o más malos, pero su ejemplo quedará por siempre, como huella del buen decir.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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  • Invitado - Dr. Reinaldo

    Muy buen comentario de ese legendario de la narración deportiva cubana y del del Beisbol en Cuba, desde 1954. Ahora escribo y como dijiera Héctor Rodríguez, él murió en una escaramuza de la vida. Su pérdida, por un accidente de tránsito, provocó un vacío profundo en nuestra locución y un lugar insustituible en la historia del periodismo". Participó en 7 Olimpiadas, 17 campeonatos mundiales de béisbol, 10 Juegos Centroamericanos y del Caribe, 11 Juegos Panamericanos, cinco mundiales de boxeo, entre otros muchos eventos. Mi coterráneo Martínez Osaba, en tu empezar del Artículo dice que cumpliría 77 años en este 2017, digo 88 años, según su fecha de nacimiento en la Loma El Cafetal, Tamarindo, Ciego de Ávila.

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  • Invitado - manolito1912

    Tuve la suerte de coincidir con Eddy en una casa de visita. solo nos alojábamos él y yo. Comimos juntos y ahí comenzamos a converzar. A las tres de la madrugada le dije que ya necesitaba dormir un rato, porque temprano salía a trabajar. Con lo que conversamos se podía hacer un libro. Hablamos de todo. Tenía una memoria privilegiada. Me contó anécdotas interesantísimas. Era un interlocutor admirable y de una humildad pocas veces vista. No se me olvida su testimonio en un Tribunal Revolucionario en el que se juzgaba a militares batistianos quienes trataban de mezclar en sus crímenes a un oficial no implicado en ellos. El testimonio de Eddy fue suficiente para que aquel hombre librado de tal acusación y solo condenado a un año de prisión, el que después de cumplirlo, se pesonó en la emisora en que trabajaba para agradecerle el gesto y la parte que Eddy no conocía. Resulta que aquél militar era un caballero y arriesgaba su vida en el tribunal, porque algunas evidencias lo acusaban, pero lo prefería antes de comprometer el honor de una dama. Ignoro si Eddy lo dejó escrito o se lo contó a otras personas.

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