Actualizado 17 / 10 / 2017

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En el vórtice del Béisbol Cubano (V y final)

Con insistencia, los lectores se refieren al refundado Salón de la Fama del Béisbol Cubano, a fines del 2014. Y no les falta razón, pues se encuentra en un limbo hace más de un año. Los votantes hicimos, como está establecido, las elecciones de rigor y esperamos pacientemente por los resultados, aunque la paciencia se desborda, pues los electos debían darse a conocer en el Juego de las Estrellas del 2016 y hasta el sol de hoy no ha sucedido.

Este redactor cumplió con su deber de ejercer el sufragio libremente, así como los otros veinticuatro. Y es lamentable que nada se nos haya dicho oficialmente, por consiguiente nada sabemos, solo suposiciones como el resto de la población, y las suposiciones caen en el campo del subjetivismo, prohibido universalmente para el sano ejercicio de la comunicación. Esperamos que más temprano que tarde la Comisión Nacional ofrezca declaraciones que esclarezcan el destino del recinto sagrado para los Inmortales, que no son pocos en esta bendita tierra beisbolera.

No somos quienes para aprobar o desaprobar el funcionamiento de la Comisión Nacional, donde laboran compañeros que tratan de hacer las cosas lo mejor posible, dentro de condiciones frecuentemente adversas. Y es una realidad. Eso sí, en la Isla existen foros oficiales o no, donde la gente se expresa a sus anchas, con o sin razón, pero se expresan, a veces en tonos desacertados.

Nosotros solo pudiéramos ofrecer algunas ideas. En primerísimo orden existe el reclamo de una apertura hacia los aficionados de todo el país. Y eso se agradece, pero necesita respuestas, porque la gente se siente parte de la Comisión y de la Federación que les representa. Este es un pueblo muy conocedor y necesita ser parte activa.

En ocasiones hay “jugadas cantadas”, como se decía en la charada, que llegan a la gente con retraso, ya las conocían. ¿De dónde? ¿Cómo? ¿Por qué?, es difícil saberlo. Quizás sería más factible darlas a conocer de inmediato para matar el “chisme”. Y conste que no reclamamos nada del otro mundo, es una obligación para con un pueblo que siente y vive su pelota, como quienes la dirigen.

Algunas decisiones afectan a una buena parte de la población. No es un aporte de los actuales miembros de la Comisión, el asunto viene de bien atrás. Varios estelares se han quejado por no ser electos al equipo Cuba, cuando están en perfectas condiciones. Y lo peor, según ellos, nada les dicen. Un estelarísimo como Javier Méndez casi no estuvo en el Seleccionado. Y con él Lázaro Junco, Lázaro Madera, el finado Andrés Telemaco; son muchos.

Me viene a la mente Luis Giraldo Casanova, quien en plenitud de facultades fue separado de la Selección Nacional en 1991, para los Panamericanos de La Habana. Lo llamaron con urgencia de la Copa Intercontinental de Barcelona, donde resultó entre los mejores bateadores. Mas sin una explicación lógica, regresó desilusionado a casa. Y si saco a colación este caso, es porque considero al Señor Pelotero entre los jugadores más sencillos, humanos y disciplinados. Hay montones de ejemplos.

A mi juicio, la Selección Nacional debe hacerse públicamente, por la radio y la televisión, donde cada cual pueda formarse su criterio. Hace tiempo el tema me da vueltas en la cabeza, lo he comentado con gigantes de nuestra pelota y todos están de acuerdo. No con el propósito de minimizar el trabajo de los técnicos que se esfuerzan día a día y luchan por hacerlo de la mejor manera, no me cabe la menor duda. Simplemente, por un ejercicio democrático que evite los desafortunados criterios, o al menos se oigan las explicaciones.
Nunca podrá existir un divorcio Aficionados-Comisión Nacional. Sería imperdonable. Un programa semanal, quincenal o mensual, titulado La Comisión Informa (o algo así), rompería los récords de audición.

Cada provincia, hasta la localidad más intrincada, debe recibir la visita de los técnicos en la búsqueda de talentos. Hay que llegar a ellos, no esperar que lleguen a nosotros. José Joaquín Pando, en su acostumbrado viajar por cuenta propia, encontró en un juego de manigua en Punta de la Sierra, bien alejada de la capital vueltabajera, a Jesús Guerra, un estelar de siempre. Conocido por El Viejito, no escatimaba esfuerzos y por medios propios ejercía esa labor. ¿De dónde salieron Antonio Muñoz, Julio Romero, Baudilio Vinent y tantos otros?

Los tiempos cambian y a ellos hay que adaptarse. Fuimos reyes durante mucho tiempo en el mundo amateur, apartados del profesionalismo, y ahora dejamos mucho que desear en ese contexto. Aquel camino ancho fue vencido por los años y tenemos que adaptarnos a las circunstancias, o perecemos, así de simple. Es triste reconocer que tenemos alrededor de 55 años de atraso en el béisbol de hoy, cuando por entonces reinábamos solo detrás de los Estados Unidos. Es una nueva filosofía (a algunos no les gusta la palabra) que debemos dominar, con talento e inteligencia.

Varios factores atentan contra nuestro desarrollo, comenzando por el económico. Los aguerridos muchachos regresan asombrados de las competencias internacionales, al chocar con un desborde de recursos, dígase instalaciones modernas, pelotas, bates, guantes, petos, caretas... Allí lanzan las bolas a la afición, aquí ni siquiera soñarlo, pues es un país subdesarrollado que necesita administrar recurso a recurso. Los tiempos cambian, en la Liga Profesional Cubana los fanáticos se quedaban con las bolas, pero los jugadores no las tiraban al graderío, como sucede en la actualidad. Nosotros tenemos que cuidarlas.

Es una época donde algunos salarios suelen llegar a los nueve dígitos, ni siquiera soñados por Babe Ruth o Ted Williams. En un andamiaje en función de ensanchar las arcas, el juego se convierte en espectáculo de marca mayor para todos los gustos y edades, amén de las entradas y la publicidad. En fin, un mundo opuesto al nuestro donde debemos competir.

Por eso a varios atletas se le empañan los ojos y prefieren irse a jugar el futuro en función de dos elementos esenciales: ganar dinero y medir sus condiciones. Unos pocos se destacan al máximo nivel, otros se acomodan en torneos menos apetitosos y la mayoría queda al margen para enfrentarse a un mundo crudo y desconocido; está fehacientemente demostrado. De todas formas es su vida y con ella hacen lo que les plazca. Esos muchachos, amén de arriesgarse, están obligados a hacer concesiones onerosas para ser aceptados en aquellos lares, un tema bien definido en la prensa plana y digital de los últimos días. La eliminación del decreto “Pies secos y pies mojados”, pudiera resultar un freno a tan peligrosas maniobras.

Algunos conocedores del béisbol, apelan a una liga profesional en la Isla, con el propósito de ponernos al nivel de los demás países del Caribe, hasta aceptando extranjeros. Por estos días me visitó Reinaldo Taladrid y llegamos a una conclusión: en nuestro país no es viable una Liga Profesional Cubana, al estilo de las empresas privadas y sus dueños: Habana (Miguel Ángel González), Almendares (Julio Sanguily como principal accionista), Marianao (Alfredo Pequeño) y el Cienfuegos de Bobby Maduro.

¿De dónde se sufragarían los gastos?

Habría que garantizar la optimización de las instalaciones, elevar el nivel del espectáculo, contratar figuras de la farándula. En fin, garantizar varios estadios como el Latino, porque a estas alturas a nadie se le ocurriría jugar en una sola plaza, aunque sea en la capital. ¿Y la publicidad? ¿Acaso la TV cubana pagaría como la NBC, la CBS, la ABC y demás compañías? ¿De dónde, cómo y por qué?
Los espectáculos públicos son sufragados, en su mayoría, por las cadenas televisivas y radiales. Pero, en un país socialista ¿cómo sería? El deporte cubano se sustenta del erario público, que no es poco. Además, ¿cuántos cubanos pueden pagar 20 o 30 dólares para ver un juego? De esos dividendos también se nutre el profesionalismo. En nuestras condiciones, la opción pudiera quedar descartada, porque hay otras esferas: salud, educación, bienestar social..., que demandan mucho más y están lógicamente priorizadas. Es una realidad objetiva.

Quien estas palabras suscribe no es un político ni economista avezado, simplemente consecuente con lo que piensa y, por supuesto, no espera que todos piensen igual. Solo aspira a la objetividad. Por consiguiente, la solución deberá estar dentro, con la aplicación de la inteligencia. Se hace indispensable continuar contratando jugadores en el exterior, ellos ayudarán a palear la situación.

Fuera del país, por diferentes razones, hay montones de cubanos del béisbol. Muchos quisieran colaborar con nuestra pelota, otro tema peliagudo. Ya se observan síntomas de flexibilización por ambas partes. Aún quedan veteranos de la Liga Profesional Cubana, residentes en el exterior, que quisieran colaborar, algunos así lo han confesado, como Pedro Ramos, pero subsisten los resquemores.
Pueden visitar a su país como turistas, pero no a trabajar, ni siquiera son recibidos oficialmente.

A inicios de los años sesenta del siglo XX, ellos tenían sus contratos en el exterior y continuaron jugando allá. Pero, sin excepción (lo hemos repetido), regresaron en la temporada 1960-1961, a contrapelo de las amenazas de las autoridades del poderoso Béisbol Organizado de los Estados Unidos. Solo sabían jugar a la pelota y aquí no podrían continuar desempeñándose; eran profesionales. Un dilema histórico que se acerca a los sesenta años. Quizás sea el momento de quitar las ataduras a hombres que sobrepasan las ocho décadas de vida y recordar los días de gloria, para escuchar sus consejos.

En cuanto a los que decidieron irse desde las Series Nacionales, es un asunto que, al parecer, se está dilucidando. Según hemos leído, las conversaciones entre la Federación Nacional y las MLB (Major League Baseball) van por un buen camino. Así lo han expresado sus máximos representantes: Rob Manfred e Higinio Véliz. Ojalá rinda buenos frutos y nuestros muchachos puedan contratarse allá sin condiciones preestablecidas. El mundo se mueve, y nosotros con él.

En cuanto a las estructuras (han sido decenas), prefiero esperar un poco. Me parece que andan por el camino correcto, pero hay que concentrar la calidad. ¡Ah! Y cuando los directores pidan sus refuerzos, deberán tomarlos de una lista con los más destacados, no a libre albedrío. Así evitaremos que los japoneses o scouts de otros países detecten nuestros talentos y alejamos las injusticias. Hay que mirar veinte-veinte.

Por el momento, suscribo con Oscar Sánchez, la necesidad de un torneo con dieciséis equipos y después una Liga Cubana (el nombre pudiera surgir de un concurso nacional) donde se integre la calidad. Eso sí: quienes lleguen a la fase superior, deberán ser mejor remunerados y de ahí saldrá el Seleccionado a eventos internacionales.

Quizás solo deberíamos regresar, si las condiciones lo permiten, a la mejor de las etapas, dividida en tres fases: Liga de Desarrollo-Serie Nacional-Serie Selectiva. Cada conjunto tendría una sucursal, que pudiera jugar en horarios tempranos, de donde deben subir y bajar los atletas en la Serie Nacional, sin tantos trámites. Al final, una Serie Selectiva sería la Liga Cubana de que hablamos anteriormente, adonde lleguen los mejores, con cuatro y al máximo seis equipos.

Recuerdo los Juegos de la Reserva en la XI Serie Nacional, donde los suplentes nos batíamos, en siete entradas, un par de horas antes de comenzar los desafíos. Allí tratábamos de rendir al máximo para buscar un puesto en la alineación oficial. En mi caso poco pude hacer ante una muralla infranqueable como la de Alfonso Urquiola Crespo. Pero de eso se trataba: jugar, jugar y jugar...

Los muchachos del Sub 23 juegan cuarenta desafíos y al final algunos regresan a las Academias, para esperar el próximo año con otros cuarenta. ¿Así puede desarrollarse la calidad? La pelota es difícil, y la única solución para apropiarse de ella, es jugar. Creo que ahí coincidimos todos.

Claro, sería muy difícil continuar avanzando en la pelota, si la prioridad de las campañas televisivas van hacia el fútbol foráneo (el nuestro casi ni se transmite). Necesitamos tener y conservar a nuestros ídolos, los muchachos deben beber de sus enseñanzas, las de Casanova, Kindelán, Linares, Lazo, Vinent, Muñoz, Luis Zayas, Andrés Ayón, Pedro Ramos, Tony Oliva, Camilo Pascual, Tany Pérez y compañía; todos en un haz. Difícilmente vengan Messi o Cristiano a entrenar nuestros muchachos del balompié. Sería un hecho insólitamente interesante

Y que conste, no tengo nada contra ese deporte, ni contra ningún otro.

Aquí terminan estos trabajos, vistos por un aficionado más, que fluyeron a raíz del Clásico Mundial 2017, cuando venían madurándose.
A nadie acusan ni ofenden, más bien buscan la comunión entre cubanos, que tanta falta nos hace para continuar avanzando.

Sobre el Autor

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Escritor, promotor cultural, crítico, ensayista. Profesor Titular y Consultante Universitario de la Facultad de Cultura Física y Deportes Nancy Uranga Romagoza de Pinar del Río y una experiencia de 35 años en labores investigativas y pedagógicas en la Universidad del Deporte Cubano.

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