Sexo, bebidas, béisbol y mentiras (III)
Unos días después, en Ciego de Ávila, una trigueña como las nubes cargadas, estuvo al borde de caer en mis redes, pero me exigió ir a su casa por la noche, cuando teníamos juego en el entonces semi construido José Ramón Cepero; no me perdió ni pie ni pisada.
- Escrito por Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga
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