Actualizado 27 / 06 / 2017

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Ellos combatieron el Ébola

La computadora el refugio para ver las fotos / Foto cortesía del entrevistado

Héroes enfundados en dúctiles trajes de goma, cubiertos por una capa, un delantal adicional, capuchas, nasobucos y gafas plásticas, todo hermetizado y con altas botas que al concluir la jornada están inundadas de sudor.

Un vestuario protector que hace dificilísima la labor médico asistencial, cuando las manos cubiertas por tres pares de guantes se vuelven torpes para canalizar una vena y el especialista siente sensación de claustrofobia por la indumentaria, que lo acerca más a la guerra química, a una expedición galáctica, que al salvamento de vidas por epidemia.

Esto no es ficción, así trabajaron durante seis meses los cubanos en Sierra Leona; gente de valor, pero que no descartan el miedo permanente, donde se impone como primer pensamiento salvar su propia vida y en esas condiciones adversas la seguridad de cumplir la misión encomendada.

Ninguno fue por recompensa prometida, ni por paga extraordinaria más allá que la de su hospital o policlínico; solo los movió el sentimiento humano solidario, más la responsabilidad científica.

El asesoramiento metodológico fue de la Organización Mundial de la Salud, pero la preparación inicial se les brindó en la tierra natal; compartieron espacio con médicos y enfermeros de países del primer mundo, trabajaron en equipo, pero los demás, a diferencia de los cubanos, nunca estuvieron en la tarea más allá del tiempo necesario, quizás un mes.

Lo más grande que me ha sucedido

El doctor Ediel Ramos Rodríguez, especialista en Medicina General Integral y Medicina Intensivista, asignado al Hospital Abel Santamaría, de Pinar del Río, insiste en que esta misión "es lo más grande que me ha sucedido..." y no está deslumbrado por lo que hizo allende las fronteras, le sobra experiencia internacionalista de cuatro años en Venezuela y uno en Guatemala, cuando el huracán Stam.

Con solo 35 años tiene mucho que contar, es fundador del contingente Henri Reeves, estuvo en el acto en que Fidel le propuso al gobierno norteamericano enviarle personal especializado, para paliar los daños del Katrina.

Ediel y sus tesorosEdiel y sus tesoros / Foto del autor

Aunque indudablemente la experiencia de Sierra Leona lo marcó indeleblemente, máxime cuando se tiene un hijo de tres años, tan simpático como Félix Ediel, y su esposa – doctora también- Keylan Pérez Hernández que conocía los riesgos a que se enfrentaban.

En este combate desigual contra un enemigo que está, causa bajas y no lo ves, estuvo entre octubre de 2014 y abril de este año, en la capital Freetown, en el área de terapia intensiva del hospital materno infantil Olandurieng, donde cada muerte tiene efecto devastador por el tipo de paciente.

Ediel, ahora en la calma del hogar, enumera los antagonismos del lugar: "África –dice- el Continente olvidado; con un virus de elevadísima letalidad, con condiciones paupérrimas para sus ciudadanos, un abandono increíble, las peores condiciones de insalubridad y enfermedades como el Paludismo, que causa más muertes que el propio Ébola".

"Es una enfermedad que se trasmite por contacto y por fluidos, llegamos cuando la letalidad superaba el 90 por ciento de los casos y cuando nos retiramos la dejamos a menos del 40 por ciento.

"No disponíamos de los medicamentos experimentales, trabajábamos por los protocolos de la OMS, todo a base de clínica y tratamiento sintomático. Alternamos con médicos alemanes, italianos, chinos, norteamericanos, pero ellas estaban poco tiempo, aunque lo hacíamos muy unidos.

"El éxito de nuestra misión estuvo en poner en el lugar necesario los recursos humanos especializados en el momento oportuno y trabajar con sumo cuidado en protegernos y, a la vez, hacer todo lo posible por salvar cada paciente".

El sentido de responsabilidad

En condiciones tan adversas hay que tener un alto sentido de responsabilidad, cuenta Ediel que solamente ponerse el traje protector para ingresar a la Zona Roja –donde estaban los enfermos, llevaba de 15 a 20 minutos y bajo la observación de un compañero, que podía corregirles cualquier falla. Luego deshacerse de vestuario eran 20 o 30 minutos más. Esa ropa toda era desechada e incinerada, solo se descontaminan las botas.

Son de imaginar las difíciles condiciones de esos países por lo costoso de la enfermedad, porque regularmente los ricos que tienen el dinero no enferman de Ébola.

Para los cubanos, explica, es difícil convivir sin un estrechón de manos y con solo saludos a distancia, con el mar a 500 metros y no poderlo utilizar, porque ahí van todos los desechos de la ciudad, que aunque sea capital, muy lejos está de parecerlo.

Es difícil sintetizar todo lo que Ediel y sus compañeros tienen para contar, los momentos difíciles que afrontaron, solo recompensados por la tranquilidad del regreso a casa, alargado por el régimen de cuarenta, felizmente vencido en 22 días, en una escuela en el campo en Jagüey Grande.

Por eso, en la historia de las ciencias médicas cubanas el capítulo del enfrentamiento al Ébola habrá que escribirlo con letras mayúsculas, bien visibles, para que no lo olviden las actuales ni futuras generaciones.

Ediel, el segundo de izquierda a derecha, listos para entrar en la Zona RojaEdiel, el segundo de izquierda a derecha, listos para entrar en la Zona Roja / Foto cortesía del entrevistado

Con su colega el doctor Félix Báez, quien a pesar de haber enfermado de Ébola, retornó nuevamente a la misión.Con su colega el doctor Félix Báez, quien a pesar de haber enfermado de Ébola, retornó nuevamente a la misión. / Foto cortesía del entrevistado

Sobre el Autor

Ramón Brizuela Roque

Ramón Brizuela Roque

Licenciado en Periodismo Universidad de La Habana 1977. Premio Provincial por la Obra de la vida, 2013.Fue redactor reportero en Juventud Rebelde y Trabajadores; colaborador asiduo en Radio Guamá y TelePinar.

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