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El
Che y los errores
Por
Mikely Arencibia Pantoja
Debemos
trabajar por nuestro perfeccionamiento interno como una obsesión
casi, como una impulsión constante; cada día analizar, analizar
honestamente lo que hemos hecho, corregir nuestros errores y volver
a empezar al día siguiente".
Así
pensaba el Che sobre la actitud ante los errores, esos deslices
que todos los humanos cometemos, pero que no todos somos capaces
de reconocerlos y rectificarlos.
Por
estos días en que el recuerdo guevariano se vuelve recurrente vale
un vistazo al tema, valorado con singular objetividad por este Comandante
extraordinario, cuya desaparición física hizo a muchos –incluso–
cambiar de idea sobre la teoría de la mortalidad.
Jamás
ninguna sociedad tuvo que espigarse en un entorno tan difícil como
el que aún rodea a la cubana, donde sus ciudadanos están obligados
a desarrollarse en medio de presiones externas que, lejos de empequeñecerse,
crecen.
En
semejante contexto la comisión de errores pudiera justificarse,
pero aunque algunos sean justificables, más importante que eso es
impedir que el error se repita, decía el Che.
Dejó
claro, además, que resulta absurdo concebir que en la construcción
socialista no se cometan errores. Sin embargo, planteó que "el
ejercicio continuado de la autocrítica hace avanzar al individuo
por el promisorio camino de la formación del hombre nuevo".
El
pensamiento de este amigo de todos los que aman la libertad y la
justicia, abarcó también el papel educativo que desempeña un correcto
ejercicio de la crítica.
En
tal sentido, durante su primera reunión nacional de producción al
frente del Ministerio de Industrias, señaló la necesidad de que
"el pueblo sepa exactamente cuáles son los problemas que hay,
que no todo es belleza, que no todo es efectividad (...) y que lo
único que nos salva es nuestra decisión, cada vez que hay un error,
de resolverlo, de nunca tapar los errores y tratar de que no se
produzcan más, para alcanzar las metas fundamentales de la Revolución,
que es la dignificación del hombre".
Asimismo,
llamó a estar siempre atentos y a transformar la lucha contra las
equivocaciones en una formidable escuela, forjadora de una nueva
moral.
Hoy,
35 años después de que apagaran su vida, los razonamientos del Guerrillero
Heroico, expresados en ese modo peculiar de ver el presente y avizorar
el futuro, todavía iluminan el camino escogido en 1959. Su alma
de rebelde con causa se mantiene en vilo y el diario que nos legó
sigue abierto, alimentándose con la historia de cada cubano digno.
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