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Su
estrella que no cesa
Por Blanchie Sartorio
Alguien
lo vio Quijote y su hidalguía traspasó la muerte para multiplicarse
37 años después en pechos jóvenes que no lo conocieron, pero pusieron
a latir su estrella junto al corazón en ese afán eterno de querer
ser como él.
Su lucha hoy sigue
siendo la que defienden los mejores hombres y en él confían los
humildes de todas las latitudes, porque no hay utopía en pedir lo
imposible y ser realistas, en querer para sí las misiones difíciles
por el solo placer de ser útil a la humanidad.
De médico y soldado
lo graduó la vida, entre ataques de asma y marchas guerrilleras,
que llegaron a tierras pinareñas en los difíciles momentos de la
Crisis de Octubre o amasando el desarrollo industrial que quería
para este país que como a un hijo lo acogió.
Y cuando la traición
llegó a La Higuera 37 años hace este octubre, no caía el hombre
del Granma, de la Sierra, de la toma de Santa Clara, de la Invasión,
de Punta del Este, sino que se alzaba sobre los Andes y, como en
un gráfico estadístico, marcaba el punto más alto de la dignidad
humana.
Trataron de ocultarlo
los que no lo querían, pero era mucha la luz que dejó para que lo
encontraran, y hoy nos acompaña su sonrisa para halagar, su ceño
fruncido ante lo mal hecho, su estrella, que no cesa en el cubano
empeño de vencer hasta la victoria, con esas adargas siempre afiladas
con su ejemplo.
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