Cuando
el pequeño ya pudo andar solo, sus padres, que se sentaban en
el portal al anochecer, le decían:
-Ernestito,
ve a la cocina a buscar el mate.
La
cocina quedaba fuera de la casa y entre esta y La Calesita había
una zanja y por ella pasaba un caño, por lo que al principio el
niño tuvo algunos problemas para cumplir con lo que sus papás
le mandaban.
De
ida, le iba requetebien, pero al regreso, como tenía las manos
ocupadas con el mate, no se daba cuenta de que al llegar a la
zanjita, debía dar un paso más largo... y ¡al suelo con todos
los cacharros!
Desde
la casa se oían risas, pero Ernestito no se reía, tampoco lloraba
ni permitía que lo ayudaran a levantarse.
Aún
no sabía decir ni tres palabras, no obstante, parece que el pibe
se había propuesto vencer aquella zanja porque al día siguiente
cuando lo mandaban otra vez él volvía a ir.
No
se sabe las veces que hizo aquel recorrido, pero lo que sí se
recuerda es la tarde que logró el paso más largo con cacharro
y todo, venciendo su primer obstáculo.
Entonces
las risas fueron alegres de verdad con aplausos y vivas para el
niño.