Sin
palabras
Por Yolanda
Molina Pérez
Quisiera poder
reinventar el idioma, hacer nuevas palabras que se estrenen en el elogio a tu
figura, alejarte de las manoseadas frases y las consabidas sentencias; si fuera
posible magnificarte en la supremacía de la novedad y lo irrepetible
lo hiciera.
Pero al parecer
desde la sencillez del nombre con el que pasaste a la historia te despojaste
del verbo inútil y te refugiaste en la acción, como única
forma eficiente y verdadera de expresar la magnitud del alma del hombre.
A 37 años
de tu desaparición física tu esfinge deshace las fronteras y se
apropia de toda causa de lucha justa, ondea en estandartes, pasea el planeta
en gallardetes o pullóvers, pero lo más importante, tu pensamiento
late en multitudes que creen en la posibilidad de hacer utopías.
Che, ¿qué
decirte hoy?, cuando el hambre, la guerra, la muerte y la desigualdad son señores
del planeta; cómo no avergonzarnos de casi cuatro décadas después
de tu sacrificio en aras de un sueño americano, saberlo todavía
una utopía.
El mundo sigue
necesitando tus energías, espíritu y fuerza, y si algo nos honra
es que la voluntad de varias generaciones de ser como tú, late como paradigma
en la conciencia colectiva de quienes heredamos la esperanza de un hombre nuevo.
Sin palabras, ni
discursos, cada día en que las buenas acciones dominen el tiempo, cuando
el sacrificio personal sea por un beneficio colectivo, al renunciar al yo por
el nosotros o el ustedes, sabemos que te hacemos el tributo de la continuidad,
es ese el único modo de mantenerte vivo y lo estás.
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