| Nuevas
páginas de gloria en su diario
Por
Blanchie Sartorio
Vamos
a buscar al Che entre nosotros. No a nuestro alrededor sino adentro,
en esa región buena que habita en todos aun cuando nos señalen
mil defectos. Fue humano el Che Guevara, jamás un ser perfecto,
pero tuvo el don para acercar a todos a la necesidad de dar cada
día lo mejor, de compartir lo cierto, y lo falso cortarlo
de raíz, sin apego a bienes materiales.
Han transcurrido 40 años de su caída física
en Bolivia, de que pretendieran eliminarlo como no pudo ser.
Olvidaron que su talla era la de los héroes, y así
lo demostró desde su juventud, cuando decidió conocer
la Patria americana y compartió su suerte con los más
necesitados. Luego Fidel y el Granma nos lo acercaron y la influencia
del trópico en su asma no lo amilanó, hasta ganarse
un lugar en la avanzada y hacer por su nueva Patria como el mejor
de sus hijos.
El ocho de octubre de 1967 no lo reflejó en su Diario, costumbre
que lo identificó desde sus primeros años y continuaría
en cada una de sus campañas guerrilleras, antes en el Congo,
pero nos atreveríamos a, con palabras por él alguna
vez expresadas y con los datos recogidos desde el ocho de agosto,
acercarnos a lo que hubiera resumido de no inutilizarse su M1 y
caer prisionero:
Mi asma a todo vapor. Estamos en una situación difícil
y episodios muestran que en algunos momentos he llegado a perder
el control; eso se modificará pero la situación debe
pesar sobre todos y quien no se sienta capaz de sobrellevarla debe
decirlo. Es uno de los momentos en que hay que tomar decisiones
grandes, este tipo de lucha nos da la oportunidad de convertirnos
en revolucionarios, el escalón más alto de la especie
humana, pero también nos permite graduarnos de hombre; los
que no pueden alcanzar ninguno de estos dos estadios deben decirlo
y dejar la lucha. Tenemos que ser más revolucionarios y ser
ejemplo.
Hemos cruzado altura de 2 280 metros, la más alta alcanzada
y con bastante frío. Agosto y septiembre los meses más
malos en lo que va de guerra. Vuelan aviones y helicópteros
por la zona. Barrientos afirma que estoy muerto pero da 50 000 pesos
(4 200 USD) por datos que faciliten mi captura vivo o muerto.
La eliminación del grupo de Joaquín es cierta, también
la muerte de Tania. Las pérdidas más recientes Coco,
Miguel y Julio, todos magníficos luchadores y de valor humano
imponderable. Extremamos las medidas de seguridad.
Tienen la certeza de nuestra presencia en la zona y el Ejército
muestra más efectividad, cuando se han cumplido los 11 meses
de nuestra inauguración guerrillera.
Estos cerros pelados no se parecen a la Sierra Maestra, pero mi
convicción es la misma: en nuestro afanoso oficio de revolucionario
la muerte es un accidente frecuente…bienvenida sea, siempre
que nuestro grito de guerra haya llegado hasta otros oídos
receptivos ¡Hasta la victoria siempre!
OCHO DE OCTUBRE DE 1967
“Ramón”
con su grupo llegó hacia la medianoche a la quebrada del
Yuro, tras haber librado su anterior combate el 28 de septiembre
cerca de La Higuera.
La escasa vegetación los obliga a escoger para acampar un
campo de boniatos de unos seis por 10 metros a orillas del río
y bajo una gran higuera. Un espía disfrazado de campesino,
Pedro Peña, quien dormía en el lugar los detecta y
fue de inmediato donde el corregidor de La Higuera y este a su vez
los denuncia a la compañía de los rangers dislocada
en el lugar.
Es el comienzo del epopéyico final, que eleva para siempre
la hazaña del Che y sus hombres, y los convierte en ciudadanos
del mundo, en ejemplo de cuanto puede el internacionalismo junto
al ideal del socialismo.
Alrededor de la una y media comienza el combate. Ante la superioridad
del enemigo lo único que pueden hacer los guerrilleros es
tratar de descender y llegar hasta el Río Grande. Se enfrentaban
a cuatro pelotones con cuatro morteros y una ametralladora Browning.
Hacia las tres de la tarde se intensifica el tiroteo, el Che resulta
herido en una pierna y ayudado por Willy Cuba trata de escapar,
según refirieron los testigos y quienes han escrito la historia.
Es la única solución y para ello se aferran a las
pocas malezas, mientras el resto del grupo al percatarse de la intención
trata de distraer al Ejército.
“Soy Che Guevara”, la sola voz atemoriza al grupo de
soldados que lo rodea y hace prisionero. Las horas que siguieron
no medraron en el Guerrillero Heroico ni sus compañeros sobrevivientes.
Después fueron conducidos a la escuelita de La Higuera y
allí cada uno en un aula hasta llegar la alta oficialidad,
la CIA y, finalmente, Washing-ton decidió qué se hacía
con el prisionero, algo que mucho antes ya había planeado.
El Che se negó a hablar con los oficiales, sólo con
los soldados, y mandó a buscar a la maestra de la humilde
escuela, donde fue finalmente asesinado. “¿Sabe usted?
en Cuba no existen escuelas como esta, parece un calabozo ¿Cómo
pueden estudiar los hijos de los campesinos aquí?”.
Y EL CHE SALVÓ A SU ASESINO
Después de las ráfagas y el disparo de gracia, el
asesino asustado, aún ebrio, se conmovió. El nombre
del suboficial que se brindó para cumplir la orden “de
arriba” poco importa, pero es Mario Terán.
Al paso de los mismos 40 años conocimos a través de
un cable, que vivía en la indigencia con una mísera
pensión como jubilado del Ejército. Sólo sirvió
de instrumento y una vez usado lo echaron a un lado.
Fue en el 2004 que el Che volvió a entrar en campaña
por la América, multiplicado esta vez en médicos a
través de la operación Milagro, y hasta los cerros
y quebradas del altiplano llegó tras el triunfo de Evo Morales,
para devolver la visión a unos 110 000 bolivianos.
Terán no pudo sostener la mirada cuando al verlo entrar con
su M2 a la cadera y observarlo, el Che le dijo: “Serénate
que vas a matar a un hombre”, y le ordenó apuntar bien
y al pecho. Cerró sus ojos cuando disparó la primera
ráfaga, y ante el héroe aún con vida, volvió
a disparar…lo alcanzó en un brazo, en el hombro y en
el corazón… contaría después. El forense
diría, que sólo el disparo de gracia en el cuello
fue mortal.
¡Vaya ironía del destino! Ante los ojos ciegos del
ex soldado, los mismos ojos que por carecer de recursos no había
podido operar en todos estos años, estaba de nuevo la mirada
penetrante del Che, sin odio, cuando el galeno cubano comprobaba
la visión recobrada tras la cirugía.
El hecho se supo a través de un hijo de Terán, quien
al ir a agradecer a los médicos dio a conocer la identidad
de su padre, el que se brindó para matar al Che y sus acompañantes
aquel día negro de 1967.
Así, seguirá comandando el Che también en la
Batalla de Ideas que hoy se libra, para escribir nuevas páginas
de gloria en su Diario.
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