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Presencia
de la mujer en la Guerrilla del Che
Por
Idalma Menéndez Febles
Nadie
sospechó jamás que aquel bebé nacido el 19 de noviembre de 1937 en Argentina,
se convertiría en la gran guerrillera que fue.
“He consagrado toda mi vida y mi gran fuerza a lo más hermoso en el mundo, a
la lucha por la liberación de la Humanidad”.
Serían
las primeras palabras que escribiera en su diario y que hiciera realidad durante
toda su existencia.
Es
que Haydeé Tamara Bunke Bider, o "Tania la Guerrillera", como la conocen
muchos, además de su juventud y alegría que la distinguía de otras mujeres,
tenía una profunda madurez política que pronto reflejaría.
En
1960 conoce al Che en una reunión de estudiantes latinoamericanos celebrada
en Alemania y para 1962, llega a Cuba. Aquí comienza a trabajar como traductora
en el Ministerio de Comunicaciones, y enseguida se integró a las Milicias
Nacionales Revolucionarias, la FMC y los CDR, a su vez, estudiaba Periodismo
en la Universidad de La Habana.
Sentía
un profundo amor por la humanidad, tanto, que siendo mujer, fue capaz de seguir
al Che a otras tierras y dedicarse a la liberación de los pueblos latinoamericanos.
Espontánea,
sensible, de temperamento activo, mantenía maravillosas relaciones con sus compañeros,
lo que no le impidió ser intransigente ante lo mal hecho.
Durante
la Crisis de Octubre, dio muestras de su entusiasmo y capacidad organizativa,
unidos al interés por los problemas de América Latina.
Para
Tania, un revolucionario debía mantener una conducta intachable en todos los
planos de la vida, y a esta rectitud y firmeza, sumaba su alegría, el gusto
por las fiestas, las flores, el deporte y muy especialmente el estudio del folclor
de los pueblos del continente.
Precisamente,
esta última actividad le sirvió de pretexto para preparar condiciones en Bolivia
para el futuro ejército guerrillero.
Así,
junto con el Che y el resto de los compañeros, operó en las montañas, adquiriendo
el seudónimo de Tania como una combatiente más. Fue increíble y admirable con
la rapidez que se adaptó a la nueva vida, llena de privaciones y penurias.
Pero
su salud se resquebrajó por lo que pasó a integrar la retaguardia, la cual fue
emboscada por la delación de un traidor, en Vado del Yeso, donde cayó mortalmente
herida el 31 de agosto de 1967.
Murió
como siempre quiso, luchando por la humanidad. Quizás, por eso su nombre perdure
por siempre y sea paradigma para la mujer cubana, que inspirada en su ejemplo,
está siempre presente en primera fila.
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