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Husmeando
en las cartas del Che
Por Zenia Regalado
“Aquí estoy, unos cuantos kilómetros
más lejos y algún peso más pobre, preparándome a seguir viaje rumbo a Venezuela.
Primero que todo tengo que mandarte el que los cumplas muy feliz...luego, seré
ordenado te contaré escuetamente mis grandes aventuras desde que salí de Iquitos...
anduvimos dos noches con la cariñosa compañía de los mosquitos y llegamos
a la madrugada a la leprosería de San Pablo”...
En medio de su recorrido por
América junto a su amigo Alberto, el seis de julio de 1952 y desde Bogotá, le
escribe el Che a su madre para felicitarla. Las fuertes vivencias de aquella
travesía que le marcarían para siempre y le ayudaron a conocer su continente
no pudieron borrar su amor filial. Más adelante le cuenta:
“Nos demoramos más del tiempo
calculado pero por fin arrancamos para Colombia...decidimos hacer guardia de
una hora cada uno para evitar inconvenientes ya que al atardecer la corriente
nos llevó contra la orilla y una ramas medio hundidas casi nos descuajan la
balsa”...
En esa propia carta además
de los detalles del recorrido le cuenta a la madre el clima asfixiante que se
vive en Colombia con el ejército patrullando las calles y pidiendo el pasaporte.
De esta situación asevera: “resumiendo, un clima asfixiante, si los colombianos
quieren aguantarlo allá ellos, nosotros nos rajamos cuanto antes...”
Cuatro años después, en 1956
la profundización de sus ideales continúa y de ello da fe la misiva enviada
a su progenitora el 15 de julio de ese año cuando estaba detenido en una cárcel
en México:
“No soy Cristo y filántropo,
vieja, soy todo lo contrario de un Cristo...por las cosas que creo lucho con
todas las arma a mi alcance y trato de dejar tendido al otro en vez de dejarme
clavar en una cruz o en cualquier otro lugar...
“Con respecto a la huelga de
hambre estás totalmente equivocada: dos veces la comenzamos, a la primera soltaron
a 21 de los 24 detenidos, a la segunda anunciaron que soltarían a Fidel Castro,
el jefe del Movimiento, eso sería mañana...
La madre le dice que se cuide
que sea moderado y él le responde que la moderación y el egoísmo son execrables.
“Todos podían ayudar, pero
a condición de que abjurara de mis ideales, no creo de vos que prefieras un
hijo vivo y barrabás a un hijo muerto en cualquier lugar cumpliendo con lo que
él considere su deber”.
Bajo ese principio suyo vivió,
sin reparar en las consecuencias personales que podría traerle determinada conducta
riesgosa.
¡Cuántos cubanos dignos no
han bebido de estos principios! Entre ellos han estado esos cinco hombres prisioneros
en cárceles de Estados Unidos y que se mantienen firmes allí carentes
de lo más preciado para un ser humano.
Ellos son nuevos héroes en
la era antiglobalización, esa que se alza contra la prepotencia y la impunidad
de ese gobierno imperial que se ha tomado atribuciones universales que protege
a terroristas y condena a luchadores por los derechos de una nación.
¿De qué madera están hechos?
De la misma de aquel argentino que asumía a Cuba como su segunda patria.
Cuando se lee sobre lo que
pensaba el guerrillero acerca de Martí no puede menos que comprobarse que todo
hombre grande siempre ha tenido un paradigma, y él también lo tuvo.
El 28 de enero de 1960, en
un discurso en la conmemoración del natalicio del Apóstol, dijo: “Martí fue
el mentor directo de nuestra Revolución... nos enseñó que un revolucionario
y un gobernante no pueden tener ni goces ni vida privada, que debe destinarlo
todo a su pueblo, al pueblo que lo eligió, y lo manda a una posición de responsabilidad
y de combate”...
Y el autor intelectual del
asalto al cuartel Moncada demostró todo el tiempo su austeridad. En el exilio,
preparando la guerra, andaba con una levita raída mientras llevaba los bolsillos
llenos de dinero para la causa independentista.
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