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El
Che de los niños cubanos
Por: Ana
María Sabat González
Leí unos
versos del Che, unos que encierran el presagio de una muerte en la lucha, unos
que hacen, con antelación, al monte su hado final, “ La selva te
ofrenda un abrazo de troncos”.
La higuera, premonición,
ideas, lucha, luz. Son palabras que se conjugan y forman el destino de un hombre,
para el cual no había imposibles, incluso el de seguir en pie después
de muerto.
Las ideas de Che
se mantienen vivas en todo el mundo. Sigue él perenne, con sus conceptos
de hombre y de guerrillero, con su afán independentista, con sus nuevas
nociones de libertad para América.
Hace 37 años
de la ignominia, tal parece, que los hombres que devienen símbolos, se
convierten en murallas y en un estorbo para la maldad, entonces se hace imprescindible
quitarlos del camino.
Pero no es fácil
borrarlos. Hoy miles de personas en el mundo adoran su ejemplo. Nadie se desprende
de las cosas buenas para ir a luchar en contra de lo perverso, nadie que no
sea grande de verdad, deja cama caliente para incursionar en la selva.
Dos luchas en su
vida fueron las primordiales. El asma lo perforaba, pero no logró amilanarlo;
la otra, la batalla contra la miseria en el mundo, fue la que le dio las fuerzas
y el temple.
Che fue de una
aleación rara, de esas en las que se mezcla dureza y orquídeas,
inteligencia y fuerza, dolor y alegría.
Ninguno de los
conceptos que manejó se quedaron en la predicación, más
que palabras enarboló acciones.
Cada mañana
los niños cubanos repiten en sus matutinos escolares Seremos como el
Che. Qué lejos están de concientizar cuán difícil
es.
Significa sobreponerse
a todas las dificultades y ser siempre el primero, pensar en los demás
antes y luego en uno, actuar como un Quijote en busca de los molinos, sin importar
el precio.
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