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El
Che y la literatura
- Por
Idalma Menéndez Febles
Desde
pequeño, Ernesto Guevara de la Serna sintió gran afición por la lectura. Su
padre, Ernesto Guevara Lynch, en su libro Mi
hijo el Che dijo: “Leía de todo, lo desmenuzaba y a todo le sacaba provecho”.
Con
cinco años ya sabía leer y escribir, doña Celia se encargó en gran medida de
su aprendizaje. Fue la verdadera maestra del Che, pues cuando ya iba a la escuela
y tenía que faltar por culpa del asma, ella recogía las lecciones de cada día
y se las explicaba al pibe. Por eso nunca perdió un año, incluso, llegó a saber
más que sus compañeros de año.
Don
Ernesto cuenta que su el Che era capaz de leer un libro al día y luego hacía
apuntes para no olvidar lo que más le interesaba.
Leyendo,
viajaba con los protagonistas, era parte de las aventuras disfrutando y aprendiendo
a la vez.
El
caso es, que antes de los 15 años ya se había leído casi todos los más de dos
mil volúmenes de la nutrida biblioteca de su padre. Claro, tal inclinación por
la lectura de importantes obras, lo definían como un lector que sabía, desde
niño, dónde estaba la mejor literatura.
Leía
en castellano, francés y más tarde en inglés, de niño conocía libros que solo
se leen cuando se es mayor, un ejemplo es El
Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, que a los diez años ya lo había
disfrutado, pasando a ser su libro preferido.
La
poesía le gustaba mucho, tanto, que convertido en Che Guevara, escribió algunas,
muy poco conocidas, pues las guardaba celosamente ya que según él, no eran muy
buenas.
Siendo
joven ya, cuando podía, mantenía correspondencia con poetas y escritores que
él admiraba.
En
Cuba, auténtico y reflexivo, buscaba aún
en medio de la guerra, el tiempo para la lectura, influyendo así en sus compañeros
de lucha.
Nadie
podría decir todo lo que leyó desde que aprendió y es difícil saber todo lo
que escribió.
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