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La
estrella de La Higuera
Por
Blanchie Sartorio
Era
una escuela pequeñita, perdida en el mapa de Bolivia, pero
la levantaste al mundo con tu ejemplo, que abrazaron como asignatura
básica quienes de verdad aman el humanismo. Fue un error
para los enemigos asesinarte, pero más, en aquella humilde
escuelita de La Higuera.
Hace 39 años de la herida en la pierna y de que una ráfaga
certera desactivara tu M1, de que se acabaran las balas en el magazine
de tu pistola, sólo así pudieron hacerte prisionero.
Amarraron tus manos pero no tu dignidad, aquellas manos que antes
se negaron a matar a dos soldaditos a tiro de fusil, que curaron
a heridos, aun enemigos.
Los que te apresaron tuvieron que reconocer tu hidalguía
hasta el último momento en que hablaste con la maestra, con
los soldados rasos, sólo dirigiéndote a los más
humildes. Las paredes de la escuela recogieron los disparos pero
también tu voz, tu sangre y el sano lugar se convirtió
en altar para la historia y salió de su espacio para multiplicarse
por el mundo.
Y así tu empeño libertario viajó, la juventud
aprendió a conocerte a través de tu ejemplo de desinterés
supremo y no sólo por la foto donde asoma la estrella, mientras
en la Cuba que te vio como hijo, las nuevas generaciones juran ser
como tú.
Este fin de semana, porque así lo han querido, tú
estarás también en el Congreso de la organización
más joven, sentirás tu legado de revolucionario en
cada planteamiento, en cada aspiración, en el odio al bloqueo,
en el protagonismo para el mundo mejor por el que tú luchaste.
Por el comunismo serán como tú, porque lo defendiste
como la causa más justa y el tiempo y los hechos han demostrado
que es así, razón para seguir luchando por las vías
necesarias hasta la victoria.
Fue un error para los enemigos asesinarte, pero más, en una
escuela que transformó tu obra en enseñanza.
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