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El práctico del Che

-Al producirse la crisis de octubre de 1962 el Che se traslada a la Cueva de Los Portales, en la que estableció su jefatura durante los 32 días que duró aquel difícil período. Joaquín Ross estuvo muy cerca de él en aquellos días.

 Por Zenia Regalado /  Fotos: Daniel Mitjans 

Parece como si aún caminara por estos parajes con su boina negra y la camisa verde olivo por fuera, en aquel 1962 cuando el mundo estuvo al borde del holocausto.

Llueve. Las nubes besan las altas montañas de La Palma y Juan Carlos, el historiador que nos acompaña, va señalando los sitios por los que se movió el guerrillero: “Este era un punto de observación cuando los entrenamientos de la guerrilla que fue para Bolivia; en estas lomas se movían con mucha discreción, a tal punto que nadie puede decir que los vio”, nos va diciendo.

Y crecen nuestros deseos de encontrarnos con Joaquín Ross, el práctico del Che en la Cueva de Los Portales cuando la crisis de octubre.

Joaquín Ross, el práctico del Che.

Nos recibió de muy buen talante y por su amena charla supimos que padece de una enfermedad: la de los edificios, aunque vive “trepao”en la segunda planta de uno de ellos desde l984, en la comunidad Rafael Ferro, a 14 kilómetros de La Palma.

Lo confiesa sin reparos mientras acomoda sus 83 años en el sillón de cordones azules. En los dedos de sus manos pende un cigarrillo y sus ojos vivaces se entristecen e iluminan por momentos.

Su rostro está marcado por lo mucho que ha vivido y corrido por los montes desde que nació en Galalón, cerca de San Diego de los Baños.

Cuando  aquello –recuerda- en los campos no había na´, solo una partera para traerte al mundo a pasar trabajos. Tuve 13 hermanos, solo yo y otra estamos vivos. Mi madre vivió 115 años y mi padre 113. Duraron tanto porque antes todo era muy natural y se trabajaba mucho, parece que el trabajo ayuda.

Hoy no se trabaja, salen a las ocho de la mañana y a las tres  ya están regresando. ¿Cómo vivíamos tantas personas en una casa? Dormíamos en hamacas. Los pantalones eran de sacos de harina que costaban cada uno 15 kilos.

Una mujer de rostro complaciente y espalda algo encorvada se asoma a la salita. “Esta es mi vieja- dice él-. Nos arrastramos desde hace muchísimos años. Tuvimos ocho hijos y todos trabajan. Los criamos con mucho respeto”.

¿En qué parte de la conversación estábamos?, me pregunta y le ayudo a retomar el hilo.

“Ah, sí. Mi padre era arrendatario de José Manuel Cortina quien tenía 815 caballerías de tierra. La renta de la tierra costaba 300 pesos y el quintal de tabaco valía 1.80. Pasábamos las de Caín y cuando el tiempo era de seca ni hablar. Había que aruñar, comíamos boniato y yuca y algún que otro domingo un poco de tasajo.

Había un solo radio en la zona-interviene su esposa Carmen Gallardo- y al oscurecer... a acostarse con una mechita de tea. No había más na´.

-¿Y cuándo usted se jubiló?

Yo no me he jubilado. Tengo una veguita de seis cordeles y siembro café en ella. Yo mismo la asisto. Mi café es el mejor de San Andrés, pero es que yo soy un bicho. Dicen que el café no lleva agua y yo le eché cinco veces en la seca.... deja que digan, los granos salen tremendos. El año pasado no cogí mucho, pero antes, hasta diez y doce quintales.

Ni el tabaco ni el café le pueden faltar a Joaquín, tampoco el trabajo en el campo, por eso cuando no tiene nada que hacer se va para la finca de sus amigos Manuel Pérez y Serafín Maqueira para ayudar en algo, conversar del tiempo o la tierra, a la que vuelven todos los hombres al final de su vida, excepto los que como el Che aparecen en todos los lugares en los que estuvieron gracias a la magia de la inmortalidad, cualidad de los grandes como él.

 -¿El Che cómo entró en su vida?  

 El visitaba la zona desde 1960. Yo vivía cuando aquello cerca de la cueva de Los Portales y por eso se decidió que yo fuera para allí con cinco hombres a trabajar y a tener aquello ordenado, después me llevé a 150 a chapear y sacar tierra de la cueva. Entonces  no había donde ganar un kilo y a la gente le hacía falta trabajar .

En La Güira, que había sido también de José Manuel Cortina, la Revolución le dio empleo a miles de hombres.

Un día llegó el Che y yo estaba con un cubo sacando fango de la cueva  porque el río había crecido y todo estaba muy sucio. Yo no sabía que era él, al momento me di cuenta y le dije: vamos por aquella escalera y me contestó : vamos por aquí que hay fango.

Entonces me preguntó que si la cueva no tenía otra bajada y le dije que sí. Me comentó que para la guerra el agua de río no sirve porque la podían envenenar. Le respondí que cerca había un pozo y que yo tenía una turbina. Se alegró mucho.

Un día trajeron una bandeja de comida hasta con malanga, ensalada y piña y se molestó muchísimo porque los soldados no estaban comiendo lo mismo. La tiró al río y dijo que tenía que ser parejo pa` to el mundo. Se preocupaba mucho por la gente.

Iba mucho a mi casa, pues mi mujer cocinaba para la tropa. Hasta recién parida lo hizo.

-¿Cómo recuerda la crisis de octubre del 62?

Cuando empezó la crisis yo estaba durmiendo. El Che me había dado un fusil FAL para hacer guardia en unas cabañas. Un sargento me despertó y cuando miré para la loma El Abra todo era lucecitas de carros que venían para la Cueva de los Portales.

Figúrese, la cueva estaba más oscura que boca de lobo, por eso fui cogiendo bombillos de los portales de las casas que se me aparecían en el camino, así llené casi una caja y mi yerno Rubén Sánchez, que vive en Caiguanabo, puso los cables. Claro, con el tiempo se lo dije a la gente.

El me decía siembra esta planta cerca de la cueva y esta otra. Eran helechos y otras que solo crecían por allí. Un día lo vi fatigado cuando fui a preguntarle que si podía ir al Guayabo, a pagarle a los trabajadores, y me contestó: si no necesitas pase para estar aquí, como lo vas a necesitar para ir allá.

Paraba poco en la caseta que le hicieron dentro de la cueva. Estaba siempre por fuera y recorriendo puntos estratégicos de la provincia.

-¿No recuerda ninguna otra anécdota personal?

Una vez yo andaba en un tractor y se me rompió. Iba con el dinamo al hombro y por el camino me encontré al Che. Al verme, paró y me dijo déjalo ahí que yo lo enviaré a arreglar. Le hice caso y lo dejé en el suelo, pero cuando él se fue me lo volví a echar al hombro. Estaba muy apurado y me hacía mucha falta.

El padre del Che siempre decía que la yuca de aquí sabía mejor porque salía del campo directo al caldero. El me regaló diez fotos del Che y solo queda esa.

Señala entonces a la pared, detrás de su cabeza. Allí está el Guerrillero Heroico con su hijo Ernestico cargado.

Esa foto me la han pedido muchas personas para llevársela para aquí o para allá, para una exposición, o un museo. Otros, me han ofrecido hasta dinero y los extranjeros, ni hablar... Como si hubiera dinero capaz de comprarla.

No la cambio por nada. No ve que cuando me levanto lo primero que hago es mirarla y entonces me siento mucho mejor.

-¿Y de Fidel qué piensa?

El otro día le pregunté a un cristiano quién era Jesús y después que me dio varias respuestas ,le dije que era un hombre al que le pasaba lo mismo que a Fidel , que muchos sinvergüenzas lo quieren matar porque al igual que Martí quiere el bien para la mayoría. A Jesús Cristo lo mataron y cuántas veces no han intentado hacer lo mismo con Fidel.

Siempre me mantengo informado, leo periódicos, veo las mesas redondas.

Joaquín está ahora enfermo de un riñón y para cuando se cure tiene un deseo. Estar dos meses trabajando en la cueva para ponerla tan bonita como él la tenía antes.

El sencillo apartamento de Joaquín es algo así como una biblioteca. Ahora entra uno pidiendo prestado un libro sobre el Che, después llega un niño que quiere hacer una ponencia.

-¿Ha pensado alguna vez en la muerte?

Na` que me echen en una caja cuando llegue ese momento. Lo único que he pedido es que me pongan en la caja el libro “Con la adarga bajo el brazo”, pero en broma me han contestado que ahora hacen mucha falta los libros y que no se pueden desperdiciar en eso.

En su casa a toda hora se habla del Che ,y con mucho orgullo , pues este hombre sencillo sabe muy bien que tuvo un gran privilegio: conocerlo de cerca, algo que marcó su vida para siempre.

 
 

Edición Electrónica del Periódico Guerrillero, Órgano del Comité Provincial del Partido Comunista en Pinar del Río, Cuba.
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Jefa de información: María Isabel Perdigón. Diseño y realización: Héctor Raúl Figini Díaz.

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