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CHE
Como
un Quijote con la adarga al brazo
Por
Idalma Menéndez Febles
Lo
conocí hace años, desde pequeña, recuerdo que no había comenzado
la escuela, pero mi madre, gran admiradora de él me lo mostraba
en cada foto que encontraba y me hacía un sin número de anécdotas
las cuales me enseñaron a quererlo y respetarlo.
Así
crecí, tratando de imitarlo en todo y como fiel seguidora que soy
de su ideario, convencida de la veracidad de sus convicciones es
que trato que mis hijos sean también como el Che.
No
puedo hacer menos, más, cuando veo la dimensión y alcance de sus
palabras, la consagración de su vida, total y plena, a la lucha
por la liberación de los pueblos del mundo.
Porque
le temen a su ejemplo es que devalúan y blasfeman la herencia y
vigencia de su pensamiento, sin embargo, pocas figuras del siglo
pasado han suscitado un interés tan universal, así como interpretaciones
tan diversas de sus ideas y vida.
Se
ha convertido en paradigma de aquellos que luchan por defender a
los desposeídos y en escudo ético de muchas generaciones, pues su
influencia se ha multiplicado en millones de personas.
¿Quién
osa decir, entonces, que ha muerto?
Mentira,
mil veces mentira, cada día renace con más fuerzas, pues la mayoría
de los problemas de su época siguen presentes en el resto del mundo
y muchos, inspirados en su constancia y firmeza, tratan de enaltecer
a la estrella solitaria que siempre lo acompañó.
En
medio de la incertidumbre y sinsabores de hoy, al borde de un desastre
bélico, están más presente que nunca sus palabras cuando expresó
que consideraba como una necesidad histórica la coexistencia pacífica
entre los estados, así como el respeto a la autodeterminación de
los pueblos, para la existencia de un clima de paz.
No
cabe dudas de que está entre nosotros, como guía y profesor de aquellos
que siguen este camino largo por donde él va, porque mientras exista
un hombre dispuesto a luchar, allí vivirá. |