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La toponimia de la Península de Guanahacabibes como parte importante de nuestra historia cultural

En este trabajo se incursiona primeramente en las características geográficas, históricas y ambientales de esa región tan peculiar que es la península de Guanahacabibes y luego se pasa a analizar la toponimia, es decir el origen de los nombres propios de los lugares más relevantes de esa zona.

Se reconocen no solo anotaciones históricas que nunca antes se han organizado en un mismo texto, labor acuciosa que hizo recurrir al autor a una variada bibliografía; y a partir de ese momento se insertan leyendas tomadas de voz de habitantes del lugar mediante cerca de una decena de entrevistas, las cuales enriquecen el estudio de la toponimia de la península de manera sustancial.

La ponencia describe además condiciones propias del lugar, desde el punto de vista geográfico, para lo cual se basa en una interesante investigación del BANFAIC de la década del 50, los siempre útiles trabajos del compañero Antonio Núñez Jiménez que tanto ha estudiado esta región y los resultados del levantamiento topográfico realizado por la Academia de Ciencias entre 1979 y 1980.

Se explica que la iniciativa para realizar este tipo de trabajo estuvo condicionada por la exhortación hecha por el grupo de trabajo del Ministerio de Cultura que visitó nuestro municipio con el objetivo de mapear el territorio en la labor de atlas cultural y con el cual el autor colaboró hace algunos años.

Lo más importante que como valoración concedemos al presente trabajo es su originalidad pues no conocemos de obra anterior con los mismos fines del enriquecimiento que aporta a las investigaciones socio – culturales que sobre la zona del Cabo, se están realizando en la actualidad.

INTRODUCCIÓN

Una de las zonas más ricas de la Historia Cultural de nuestra provincia es la península de Guanahacabibes, la arqueología ha destacado en ella poco más de cien sitios habitados por dos de nuestras culturas aborígenes, y una de ellas, la conocida por Cayo Redondo, toma su nombre del lugar, situado en esta península, en que fue encontrado un ajuar completo de dicha cultura, pero la confluencia no se limita a ese período de nuestra Historia, también la cultura española, no del todo homogénea entonces, se radicó en este paisaje desde el siglo XVII en los distintos hatos y corrales y se consustanció además en el poblado indígena de El Cayuco, donde fue agrupada toda suerte de aborígenes incluyendo los trasladados de la zona oriental por la colonización, los cuales correspondían a otros grupos o líneas culturales.

Es significativo además la existencia de una colonia francesa en el poblado de la Grifa, limítrofe de esta península y la llegada a la zona de porquerizos catalanes con sus piaras de cerdos y su siembra en encinas … y los otros españoles, ya en el siglo XVIII, huyendo del estanco del tabaco y de los sucesos de Jesús del Monte – la mayoría canarios – que se radicaron en el istmo de La Fe – Cortés, donde ya había además pontevedreses y por último, la raza negra, huyendo de los cafetales de Los Órganos y no perseguidos en la zona porque inicialmente no eran mano de obra para el cultivo del tabaco, fue consustanciándose en la medida que perdía el miedo y salía del Cabo, abundando por eso esta raza en la zona del Cayuco.

Aunque la arqueología y la etnología, así como los estudios de las costumbres de cada grupo poblacional serían campos atractivos para trabajos interesantes al respecto, nuestro objetivo va encaminado a tratar la historia de los nombres propios, es decir, la toponimia de la zona periférica de la Península de Guanahacabibes, aspecto que sin dudas enriquece el conocimiento de esta zona de confluencias culturales.

Por la riqueza del tema no pretendemos agotarlo, sino tomar algunos hitos fundamentales, referirnos a algunos ejemplos y dejar planteada la invitación a la profundización por parte de nuevos investigadores. De manera que perseguimos, como objetivo secundario propiciar y despertar aún más el interés por las investigaciones de la vida cultural de esta zona que hoy ha devenido de desértica y atrasada, en un importante territorio de riqueza forestal que consta además con dos reservas naturales de la flora y fauna y que produce miel, cera, especies marinas y aporta además sus recursos al turismo, sin dejar a un lado la actividad científica que se desarrolla en él y el hecho de que se ha convertido en un bastión de defensa de nuestro país.

DESARROLLO

Delimitado nuestro objeto de estudio, la península, hay que decir que se extiende desde el istmo La Fe – Cortés, que es una zona baja, en parte arenosa y lacustre hasta el Cabo de San Antonio. Tiene como extensión, entre sus puntos más distantes 101 km y su anchura máxima es de 34 km. De su área total 1625 km2, 1050 km2 corresponden al diente de perro, 125 km2 a la ciénaga litoral norte y 450 km2 a suelos fértiles, en general algo arenosos.

Observando su mapa, encontramos numerosos accidentes geográficos menores, donde registramos los nombres que han llamado nuestra atención, especificando en algunos de ellos su origen y apoyándonos para esto en la Historia y en la Leyenda, en las fuentes bibliográficas consultadas y en las entrevistas practicadas a los habitantes del lugar.

Si abordamos cronológicamente la toponimia de la zona habría que remontarse al origen nativo de algunos lugares, pero como estos, lógicamente, surgen de la prehistoria a la historia nominados por españoles, es obvio que de la mano de estos obtengamos los primeros datos.

Sobre el papel aparece por primera vez y solamente avistada el jueves 12 de junio de 1494, una parte de nuestra zona costera, (que no tomaría nombre hasta algunos años después y gracias a otro ilustre visitante del lugar en cuestión), nos referimos a la albúfera de Cortés, la cual queda descrita por Colón durante su segundo viaje, en su diario de navegación; documento que llega a conocer Hernán Cortés de alguna manera y por eso se refugia en dicho lugar para carenar una de sus naves en febrero de 1519 cuando viaja a la Conquista de la Nueva España (México).

Es Significativo que sobre este hecho, el ilustre Fernando Portuondo señala en su libro “Historia de Cuba 1492 - 1898” página 18 que dicho lugar fue la bahía de La Coloma y señala que “casi agotados los víveres y descontenta la tripulación después de mes y medio de navegación costeando 335 leguas el mismo país, Colón ordenó al escribano Pérez de la Luna levantar acta donde todos los expedicionarios juraron que creían a Cuba tierra firme”. No obstante, en su obrita posterior titulada “El Segundo Viaje” de Cristóbal Colón incluye la carta de Miguel de Cúneo, participante de esa expedición, quien señala que viajando al oeste noroeste unas 60 leguas después de Isla de Pinos avistaron tierra firme y continuaron viajando al noroeste para encontrar El Catay, “según la opinión del señor almirante” … “Hallamos que eso era un golfo.

Al verlo viramos y volvimos por nuestro camino”. Calculando tales distancias se comprende que en vez del puerto de La Coloma, se trata de la albúfera de Cortés. Para concluir con esta enmienda, los autores del “Atlas de Cuba” de 1979 dirigidos por el ingeniero Carlos Manuel Ibarra Martín en el mapa sobre Descubrimiento y Colonización que aparece en la página 104 se muestra correctamente lo que venimos diciendo en cuanto a la visita del almirante a las proximidades de nuestro territorio, ya que la descripción del puerte de mar que hace en su diario el navegante se corresponde con la de la albúfera de Cortés.

Es decir que en 1519 sería visitado el extremo sur oriental de la península por aquel que le daría nombre y se trata del actual puerto de Cortés. No obstante comenzamos por él debido a que nuestro primer cronista, el descubridor Cristóbal Colón, nos dejó en las páginas de su diario, con fecha tan temprana como 1494, una descripción de dicho lugar.

Se comprende pues que le antecede en la nominación, el punto más occidental, es decir, el Cabo de San Antonio 2, el cual toma nombre de labios de Sebastián de Ocampo quien fue el primero en avistarlo durante el bojeo o viaje de circunnavegación, lo que debió ocurrir en los meses finales del año 1509 según algunos autores, pero nosotros hemos podido comprobar luego de diversas consultas que la fecha más exacta se acerca a mediados de enero y de aquí deducimos que haya sido descubierta el 17 de enero de 1510 y como esta fecha indica la fiesta de Antonio Abad o San Antón, ello explica que se haya ofrendado ese día de regocijo por haber descubierto el final de la Isla, la cual bordeaban desde su costa norte, con el nombre de ese santo Anacoreta de la Tebarda. Se reafirma esta suposición nuestra con dos hechos, uno, la costumbre reiterada de nombrar por motivos religiosos y haciendo uso del santoral, de las tierras descubiertas en fechas significativas del mismo, con el santo en cuestión, y dos, que este punto geográfico siguió llamándose durante algún tiempo como san Antón, nombre con que aparece en el santoral y el que se conoce por San Antonio. Así lo podemos ver por ejemplo en La Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, Tomo I, página 18 donde señala que “un 8 de febrero de 1517 salimos de Puerto Ajaruco que está en la banda del norte y en doce días doblamos la punta de San Antón”.

El tercer lugar de la península, nominado en orden cronológico, fue el de la Ensenada de las Corrientes por otro cronista, esta vez Alvar Núñez Cabeza de Vaca el cual señala en su diario de navegación “Partidos de aquí y llegados a Guaniguanico nos tomó otra tormenta, que estuvimos a tiempo de perdernos. A Cabo de Corrientes3 tuvimos otra: estuvimos tres días. Pasados estos doblamos el cabo de san Antón “.... Ello ocurrió entre el 3 y el 6 de abril de 1527 pero por la forma en que utiliza los nombres , se comprende que no es el primero que los usa y por ello puede haber ocurrido que el Cabo de Corrientes y la Ensenada de Corrientes4 hayan sido nominados por el propio Sebastián de Ocampo, primero en haber visitado , en 1510 tales sitios . No obstante , la explicación del nombre se determina simplemente por las fuertes corrientes marinas que confluyen en ese lugar . Sabido es que la costa norte pinareña es bañada por una corriente que al llegar a San Antonio encuentra la Corriente del Golfo mucho más potente y una parte de su fuerza retoma la costa sur de la península hasta la Ensenada de Corrientes donde ya solo le queda , al salir a la altura de ese Cabo , sumarse a la Corriente del Golfo y seguir su ruta; de esta manera, es significativa la existencia de tales corrientes en ese lugar .

Fuera de Cortés , San Antonio y Corrientes ( Cabo y Ensenada ) había que tener en cuenta la zona norte de la península donde se detuvo Pánfilo de Narváez en su bergantín cundo escribió desde allí a Diego de Velázquez, confirmándole el fin de la Conquista en 1513, aunque no nomina el lugar se señala haber varado “cerca de unos cayos de leña”, es decir, que no hacían tierra firme . Como sabemos, en lo adelante esos cayos hasta hoy son conocidos como Cayos de la Leña5, aunque es de suponer que el nombre pudo haberse oficializado mucho después por los miembros del corso y la piratería, los cuales se abastecían de leña en ellos .

Y por último, atendiendo a estos primeros cincuenta años de nuestra historia habría que mencionar las primeras noticias del interior de la península y del primer lugar , periférico de ella: por encontrarse en su borde oriental, nos referimos al pueblo o “poblado de las cayucas”6. Este fue el único asentamiento indígena de la zona y el que derivó poco a poco su nombre hasta el de Cayuco, nombre que ostentó y por el cual se le conoce por muchos todavía hasta fecha muy cercana, en que pasa a llamarse Manuel Lazo en homenaje al ilustre oficial mambí hijo de esa localidad .

Era en sus inicios dos agrupaciones de bohíos a bajareques a orillas norte y sur de una laguna que allí existió y se comunicaban los pobladores atravesándola en troncos de árboles ahuecados a los cuales llamaban cayucas , de ahí la primera visión del poblado de las cayucas .

Y andando el tiempo y marcando estos límites entre 1587 y 1729 se concierta la Colonización en todo este territorio de la península y tomados los nombres de origen español por ser estos quienes desarrollaron la gesta colonizadora, transcribimos aquí, con sus fechas de bautizo tales lugares, lo que puede comprobarse en el Prontuario de Mercedes y Encomiendas, publicado en La Habana en 1587. Estos nombres de lugares fueron los siguientes:

El primer corral concedido en esta zona fue el de San Juan7 con fecha 1 de mayo de 1587, lugar que hoy se conoce por el nombre de Vallecito de San Juan o simplemente Vallecito. Fue concedido al español Juan Alonso de Bazán, la entrega se hacía válida quince días después por corresponderse a resultas de testamento y ello coincidió con el día de San Juan, de ahí el nombre recibido. Los demás hatos y corrales o encomiendas fueron:

El Corral de Los Serranos8, el 16 de marzo de 1597, el Corral de La Jaula9, el 13 de agosto de 1661. El cuarto corral fue el de La Grifa10, el 2 de septiembre de 1661. El quinto, el Hato de San Bolondrón11, el día 9 de enero de 1664. El sexto fue el corral de San Ubaldo12 el 5 de agosto de 1664. Luego se entregó el Hato de Melones13, el día 27 de marzo de 1687, más tarde el Corral de La Carabela14el día 12 de diciembre de 1687. Después el Corral de Maspotón15 cedido en igual fecha que el de La Carabela y el último fue el Corral de Remates16, el 15 de mayo de 1729, con lo que quedó completa la nominación de los puntos o lugares interiores de la península.

En este mismo período de tiempo, la Toponimia del Cabo, como también se le llama a gran parte de la península, se fue desarrollando en sus costas, pero esta vez bajo la impronta de otro agente humano diferente del que desarrolló la colonización, me refiero a los corsarios y piratas.

“La piratería –guerra sin archivos- ha ido dejando sus anécdotas en decenas de lugares de nuestro archipiélago. La escasez de documentos impide llegar a lo que pudiéramos considerar historia en el sentido científico de la misma. Se trata de una crónica de la tan violenta como extraordinaria aventura. La historia del corso y la piratería en este extenso mediterráneo americano sería más amplia y compleja. Muchas de las actividades marítimas llevadas a cabo frente a sus litorales y a través de sus estrechos y sobre sus islas y arrecifes pudieran ser clasificadas bajo la común denominación del corso y la piratería. No hay territorio del Caribe que no haya sufrido la presencia de los aventureros en cualquier momento de su historia”.

De este modo se explica en la introducción a su libro “Piratas en el Caribe” Francisco Mota y ciertamente, corresponde a la península de Guanahacabibes, en toda Cuba, haber sido el lugar más visitado por estos aventureros del corso y la piratería, por lo cual su toponimia debe numerosos nombres a ellos, como veremos a continuación.

Antes de dar inicio a tal recuento y repitiendo que los hechos del corso y la piratería son contemporáneos con la colonización de la península, veamos la comprobación de tal cosa en la descripción que hace de Cuba en 1571 el geógrafo López de Velazco:

“Hay en esta Isla ocho pueblos, una ciudad y siete villas y en todas como doscientos cuarenta vecinos españoles, ninguno encomendero, porque en toda la Isla no hay más que nueve pueblezuelos de indios, en que habrá como doscientos setenta indios casados que no tributan ni están encomendados a nadie”.

Es decir, que nuestra toponimia de Guanahacabibes es de las más ricas y abundantes, así como una de las más antiguas del país y del continente pues más de cien topónimos sobrepasan ya los cuatrocientos años de existencia.

Dice Francisco Mota, volviendo a nuestras costas, que sus accidentes serían “refugio y cuartel de bucaneros y piratas. Algunos llegarían a ser, de su nombre, eponimia de piratería”.

Nosotros pudiéramos agregar que debido al apartamiento de la península de cualquier lugar habitado de la Isla, esta constituía un buen lugar para el avituallamiento de la necesaria leña, del agua no menos necesaria, agua para beber, agua para higienizarse, para cocinar... y del lugar seguro para enterrar tesoros o para hacer cuartel, o para huirle a las tormentas.

La presencia de los piratas franceses alrededor de 1550 en nuestras costas debe haber decidido el nombre de Cabo Francés17 y Playa Francés18.. los piratas ingleses relacionaron el Farallón del Inglés19 y la Playa de los Ingleses20... y los holandeses el de Punta del Holandés21... Así mismo, Carabelas22, Carabelitas23, Cueva del Pirata24, María la Gorda25, Resguardo26, Perjuicio27, La Barca28, Playa Antonio29, son nombres de nuestra toponimia del corso y la piratería.

Al respecto de este grupo de lugares, podemos ampliar en relación con la Playa de los Ingleses y el Farallón del Inglés, con la siguiente historia contada por Francisco Mota:

John Hawkin, pionero de la piratería inglesa visitó en sus correrías, varias veces, la Isla de Cuba... el 12 de agosto de 1568 hace la visita a La Habana, pero, una fuerte tormenta lo arrastra hacia el Golfo de Méjico y se avería considerablemente al desarbolarse su nave, echa anclas al sur de la península de Guanahacabibes para carenar y sustituir sus mástiles dañados. Es significativo que al sur de la península de Guanahacabibes el lugar que puede prestarse para refugio de tales tormentas es la gran bolsa que representa la Ensenada de las Corrientes y precisamente al centro mismo, al interior de la misma, se encuentra la Playa de los Ingleses y el Farallón del Inglés... y que conste que nos limitamos a considerar la posibilidad o factibilidad histórica del hecho en cuestión.

También otro inglés, más famoso aún, Francisco Drake, fue avistado a finales de mayo de 1586 por los vigías españoles del Cabo de San Antonio, cuando abandonaba el sur de la península donde se había abastecido de leña y de agua. Uno de sus buques en 1595, acabó sus días en el litoral meridional de la península , como nos cuenta la Historia y es preciso recordar que los lugares mapeados por un navegante, son utilizados después por sus sucesores, que conocen de los mismos por las famosas cartas de mareo y a partir de las relaciones marinas que primero van a las respectivas bitácoras y luego se generalizan.

Hay que decir que algunas de estas noticias quedan dadas también por los vigías o centinelas que en diversos puntos fueron ubicados de manera permanente por la corona española en la península (en el Cabo de San Antonio y en el Cabo de Corrientes desde fecha tan temprana como la de 1585).
En relación con los holandeses, su presencia en nuestras costas y el nombre de Punta del Holandés, sugerimos las siguientes referencias históricas:

En 1627 el Teniente Diego Vázquez de Hinostrosa fue atacado por unos piratas holandeses que surgieron de las costas meridionales de la península y lo hostigaron desde las proximidades del Cabo de San Antonio hasta cerca de La Habana.

Al año siguiente, el holandes Piet Heyn, que mandaba una flota corsaria envió a su segundo Henry Jong a las cercanías del Cabo de San Antonio para regresar cogiendo de popa a la Flota Española que venía de Veracruz, mientras él, con la mitad de sus barcos la enfrentaba por la proa. Esta hazaña de Piet Heyn sería imitada después por otros, pues la estrategia de ubicar embarcaciones al sudeste del Cabo de San Antonio donde no podían ser advertidas por los vigías resultó muy provechosa. Nótese que, precisamente, esa es la ubicación de la Punta del Holandés.

También Pata de Palo, conocido pirata incursionó por estos lugares cercanos a la Punta del Holandés y se cuenta como este holandés desarrolla algunos combates a partir de este lugar, entre los cuales se destaca la del 30 de agosto de 1638.

Otros piensan que por el nombre de la Punta del Holandés pudiera relacionarse con el pirata famoso llamado el Holandés, pero no son datos históricos los que me acompañan para esta aseveración, queden pues las anécdotas contadas como abanico de posibilidades para la explicación toponímica del lugar.

Francis Nau, como se llama el Holandés pudo no obstante conocer por las cartas geográficas tal accidente geográfico porque ya en 1667 aparecía en ellas.

Es significativo que las decenas de nombres costeros que hemos ido dando a conocer y sobre los cuales aún no hemos concluido su explicación correspondan, es bueno que anotemos esto desde ahora, casi totalmente a la costa sur de la península, porque es la navegable ya que la costa norte es baja, llena de manglares y de ciénaga litoral, no presentando playas ni lugares propicios para el abastecimiento de agua potable y para el refugio de tormentas.

Hemos dejado para el final, porque corresponden al siglo XIX los nombres de María la Gorda y Perjuicio, con relación a la primera hay datos históricos y una leyenda interesantísima que todavía se trasmite oralmente y recogemos de dos de nuestros informantes para esta figura que explica dos de los lugares costeros del sur de la península: las Tetas de María la Gorda30, sendos salientes de la costa y la Playa de María la Gorda, famosa desde el mismo siglo XIX por ser lugar escogido para desembarco de expediciones revolucionarias.

María la Gorda, de origen portugués, se hizo pirata e incluso se dedicó a la trata negrera carrera que concluyó su actividad en 1822 al hundir su goleta “María Pequeña” a la altura de Matanzas. Había hecho su campamento más o menos fijo en el lugar que se conocería por María la Gorda en recuerdo a su figura.

Hasta ahí lo poco de historia que pudimos rastrear por Francisco Mota y por Esquemeling. Ahora, su leyenda es además atractiva.

Se supone que María, obligada en su juventud por un pirata portugués que luego de arrasar con una población de Honduras acampó en el Cabo, en las proximidades del actual María la Gorda, tuvo que quedar con una parte de la dotación del buque en ese lugar, así como con avituallamiento y por parte del botín en el cual se incluían algunas mujeres.

Se dice que el pirata en cuestión nunca regresó y que María, de acuerdo con las restantes mujeres se amotinó y dueña de la situación sojuzgó al segundo al mando que había quedado al frente del campamento obligando a los marineros a seguirla en una primera incursión piratesca que dio resultado. Andando el tiempo su campamento era visitado por distintos aventureros pues se cuenta que con las demás mujeres y otras que obtuvo montó un lupanar y un almacén de avituallamiento haciéndose famosa desde entonces (por su fonda y posada para los hermanos de la costa) y dando su nombre al lugar.

Y en cuanto a Perjuicio, llamado Antonio Perjuicio son conocidas sus correrías en la zona de Guanahacabibes, como por ejemplo en 1902 se informa en la prensa que el barco Juana Taraya fue perseguido por La barcaza pirata de Antonio Perjuicio. Este pirata criollo le da nombre a Perjuicio, lugar del sur de la península de guanahacabibes y quizás a la Playa Antonio.

También existe una leyenda sobre la existencia de Resguardo, otro pirata criollo pero el nombre de resguardo es genérico como sinónimo de protección o abrigo y pudiera estar allí su explicación.

No queremos concluir este repaso histórico de la toponimia del cabo o de la península de guanahacabibes sin señalar que otros nombres fueron dados por la influencia religiosa y de ahí surgen El Judío31, El Fraile32, La Cruz33, La Bóvela34 etc, otros por las características de la flora: La Yagruma35, El Veral36, La Majagua37, La Caleta del Mangle38, El Uveral39, Uvero Quemado40, Los Troncones41, Las Canas42, etc; otros por la fauna y el Comercio de Rescate La Machorra43, La Pasada de las Vacas44, El Verraco45, La Bajada de la Iguana46, Caleta del Piojo47, El Agüají48, etc, y por último, muchos de los nombres se deben a las características geográficas y topográficas, La Furnia49, Riito50, La Bajada de la Peña51, Las Cadenas52, Punta Gorda53, Caletones54, La Bajada55, Playa Larga56, Caleta Larga57, Cayuelos58, etc. Pero todos estos nombres (o en su mayoría) parecen haber surgido a partir del siglo XVIII y la mayor parte de estos en el siglo XIX o incluso en el XX.

CONCLUSIONES

Toda una toponimia, herencia del habitat indígena, de la Conquista y Colonización de los aventureros que habitual o circunstancialmente nos visitaron a lo largo de cuatro siglos fue quedando impresa en nuestra realidad geográfica e histórico - social.

En el perímetro de la península puede irse señalando, por los nombres de los distintos accidentes geográficos todo un pedazo de nuestra historia y por las primeras mercedes aquí relacionadas y esos nombres de corsarios y piratas, comprobamos la enorme riqueza toponímica de la zona, una de las más antiguas e interesantes del país.

En el presente trabajo basándonos en los textos señalados, la visita a diversos lugares citados y entrevistas a moradores de la zona hemos recogido información sobre este bello legado histórico cultural que forma parte indiscutible de nuestras raíces y que debe tener su lugar entre las investigaciones que se promuevan en torno de la cultura pinareña.

Agradecemos a todos los entrevistados y en especial a Francisco Varela, Estrella Valdés, Juan Izquierdo y Periquito Decelis por sus valiosas informaciones y a la compañera Guelmis Lazo Álvarez que tuvo a bien teclear esta ponencia.

Gerardo Ortega

tomado de:
http://www.pinarte.cult.cu/gerardo_ortega/html/guanacahabibes/toponimia.htm

 
 
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Suplemento Una mirada a Guanahacabibes de la Edición Electrónica del Periódico Guerrillero Órgano del Comité Provincial del Partido en Pinar del Río. Diseño y realización: Yusleidis Garrido Esquivel. Asesoría: Rolando Hernández Páez. Jefa de información: María Isabel Perdigón.

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