Guanahacabibes
un año después de Iván
Por
Ronal Suárez Ramos / Fotos: Santiago Calero
Los
pronósticos eran apocalípticos en cuanto al futuro
de la Península de Guanahacabibes, y así lo reflejaron
distintos medios internacionales de prensa durante los días
que sucedieron al 13 de septiembre de 2004.
Quien tuvo la posibilidad de visitar aquel alargado territorio que
en los mapas simula la cola de un caimán, quedó impresionado
al contemplar destrozados los paisajes que poco antes causaban su
admiración.
La furia de los vientos del potente Iván y olas marinas que
incluso dejaron arena depositada en lo alto de un farallón,
parecían haber quemado el bosque y con ello surgían
las preocupaciones en cuanto a su rica fauna. ¡Guanahacabibes
se acabó! fue una expresión que escuché más
de una vez.
Nunca olvidaré las palabras tranquilizadoras de Lázaro
Márquez, director del Parque Nacional allí existente,
cuando en medio de tanta desolación me recordó que
la Naturaleza es sabia.
“Eventos como este tienen que haber ocurrido varias veces
en esta zona, por cuyas inmediaciones transitan huracanes frecuentemente,
sin embargo la belleza de Guanahacabibes llegó hasta nuestra
generación”, eran aproximadamente sus palabras.
EL PAISAJE PRÁCTICAMENTE RESTABLECIDO
Un año después recorrer los aproximadamente 100 kilómetros
que separan al faro Roncali del poblado de Manuel Lazo, permite
comprobar el acierto de aquella predicción.
En las inmediaciones del Cabo de San Antonio, quizás
por tratarse de un terreno más fértil,
se aprecia la mayor recuperación de la flora.
Una
vez más Lázaro nos sirve de fuente de información
autorizada, ahora armado con un estudio concluido el día
anterior, tras un período de evaluaciones sistemáticas
realizadas por expertos que incluyen el conteo de especies. Comencemos
por la flora:
Aspecto
que ha tenido papel preponderante en el restablecimiento del bosque,
es el régimen de lluvias. Las precipitaciones de este período
no han tenido igual durante los 10 últimos años; ello
posibilitó lavar el salitre y el rebrote de las ramas.
Ninguna especie desapareció, aunque inicialmente se temió
por la suerte de la Goerziella mínima, una minúscula
planta que habita en la arena, y por la Harrisia taetra, un cactus
localizado en los farallones.
“Se trata de especies endémicas de Guanahacabibes,
de manera que si desaparecían de aquí, no se les podría
encontrar en ningún lugar del planeta”, expresa Lázaro,
y confirma que hoy se les puede hallar con facilidad.
En la recuperación del paisaje que actualmente se aprecia,
influyó también el hecho de no haberse registrado
ningún incendio; en evitarlos se esforzaron los guardabosques
y trabajadores forestales, conscientes del daño adicional
que podrían ocasionar.
LA FAUNA
En cuanto a la fauna, Lázaro asegura que prácticamente
no ha habido cambios en relación con su riqueza antes del
huracán. Especies como la cotorra y el cao, que emigraron
a territorios vecinos cuando se interrumpió su fuente de
alimentación natural, regresaron y no se aprecian modificaciones
en sus poblaciones.

Las iguanas y jutías no sufrieron pérdidas
y su presencia es
abundante en el “diente de perro” por el que se abre
paso la carretera.
Algo similar puede decirse de la paloma perdiz, el tocororo y el
zunzuncito, endémicos de Cuba, cuyas poblaciones mejor conservadas
se aprecian en Guanahacabibes. Sobre el último, registrado
como el ave más pequeña del mundo, es difícil
imaginar cómo sobrevivió a los embates del terrible
fenómeno natural.
En las colonias de iguanas no se notó cambio alguno, la jutía
y el jabalí perdieron algo de peso, pero no se redujo el
número de cabezas. Las especies que se alimentan básicamente
de semillas están en su mejor momento.
De la fauna marina, se destaca la gran arribazón de tortugas
a las playas para anidar, acción que transcurre entre mayo
y septiembre. Según Lázaro, este quelonio puede retardar
de un año para otro la puesta de sus huevos, y al parecer
fue lo que ocurrió.
“La especie está tratando de recuperar lo que perdió”,
comenta tras recordar que cuando Iván azotó, cientos
de nidos estaban aún por eclosionar y deben haberse perdido
a causa de la acumulación de agua de mar y arena.
La protección de estos animales forma parte de un proyecto
que desarrolla en la península el Centro de Investigaciones
Marinas en coordinación con la dirección del Parque.
Basta conocer que de cada 1 000 nacidos, sólo dos llegan
a la adultez. De ocho especies existentes en el mundo, cuatro habitan
en los alrededores de Cuba y están vedadas permanentemente.
También se considera totalmente recuperada la calidad de
los fondos marinos, que en Guanahacabibes cuentan con 576 especies
de moluscos, en lo que se considera la población más
completa del Caribe.
“Sí hubo un cambio drástico en la dinámica
costera, pero creo que para bien, pues una playa de 60 metros de
ancho alcanzó los 150”.
IMPORTANCIA DE LA CONSERVACIÓN
El director del Parque asigna un papel de primer orden en la recuperación
integral de la península al estado de conservación
de esa zona, donde se encuentran dos de las cuatro primeras áreas
protegidas declaradas por la Revolución en todo el país.
“Tenemos un ejemplo reciente a la inversa, en el desastre
ocasionado por Katrina al sur de los Estados Unidos, donde ya hay
científicos que achacan parte de los daños a la deforestación,
disecación de pantanos y otras acciones irresponsables de
los hombres”.
NO SÓLO LA NATURALEZA
No todo se ha dejado a la Naturaleza; siete brigadas de trabajadores
forestales han estado desde entonces raleando el bosque para favorecer
su mejoramiento, con lo que dejan un rastro benefactor por aquellos
parajes inhóspitos y aprovechan los árboles afectados
para convertirlos en madera y carbón.
“Nunca se le había dado una limpieza como esta al monte
y esto va a favorecer su mejoramiento”, me decía Eulogio
Gómez, integrante de una agrupación que trabaja en
las inmediaciones del Cabo de San Antonio.
La
carretera, que había quedado inutilizada en algunos tramos
donde el mar penetró, está despejada y permite rodar
sobre asfalto hasta un punto distante 25 kilómetros del faro
Roncali. Algo más allá, pesados equipos en movimiento
y materiales de construcción amontonados al borde de la vía,
indican la continuidad de esa obra.
Hombres como Euclides Castro, dedicado a la cría de cerdos
en condiciones naturales en la finca Los Cayuelos, respiran aliviados
al comprobar el crecimiento de sus rebaños. “Vi a los
puercos comer hojas secas y raíces de palos para sobrevivir.
Ahora, en cambio, tenemos más semillas que nunca, pues el
monte
se rejuveneció”, me dijo satisfecho.
No puede decirse que todos los vestigios han sido borrados, un monte
clareado, algunas ramas secas en medio de la copiosa vegetación,
parcelas donde el agua salada penetró y se estancó
ocasionando daños adicionales, quedan como testigos de la
magnitud del impacto.
Pero ya cualquier amante de la Naturaleza puede recorrer Guanahacabibes
sin que se le estruje el corazón y deleitarse con su bello
paisaje, que sin duda será cada vez más hermoso.
|