Guanahacabibes:
algo más que una ciudad perdida
El hallazgo de impresionantes estructuras megalíticas
en la plataforma de la península de Guanahacabibes llama
la atención del mundo hacia el extremo más occidental
de Cuba, que también exhibe, sin misterios, los más
diversos encantos naturales.
Mientras especialistas cubanos y canadienses investigan
si se trata de una ciudad perdida o tienen origen natural, por otra
parte son visibles los valores científicos y la singular
belleza de esa zona, de 100 kilómetros de largo y entre seis
y 34 de ancho.
Este lugar aislado, con gran privacidad, se caracteriza
por una naturaleza casi virgen, gran riqueza faunística,
presencia de hermosas playas, paisajes únicos y mínimas
transformaciones antrópicas.
De noviembre a abril se reporta el período
climático más favorable con las temperaturas más
frescas en la península, que cuenta más de 500 especies
de vegetación, entre ellas bosques de uso forestal y melíferos,
así como plantas florales, manglares, flora cenagosa y sabanas
con palmas.
La fauna de invertebrados es muy diversa en insectos
y arácnidos, en tanto los vertebrados más estudiados
son las aves, con 126 especies, el 37 por ciento del total reportado
en el país, entre ellas rarezas como el autóctono
zunzuncito, pájaro más pequeño del planeta
y decenas de grupos migratorios que huyen del invierno en otras
latitudes.
Igualmente abundan reptiles y varios órdenes
de mamíferos, que encuentran refugio en sus más de
100 cuevas, subyugante mundo subterráneo con opciones para
el espeleobuceo y donde abundan las leyendas de piratas y corsarios,
además de sitios arqueológicos reveladores de la cultura
de los guanahatabeyes, aborígenes asentados en estos predios.
Se han inventariado 20 playas extendidas por más
de 15 kilómetros, la mayoría de alta calidad, al nivel
de Maria la Gorda, centro internacional de buceo, con abundantes
arrecifes coralinos.
Los atractivos del universo subacuático aumentan
con disímiles restos de embarcaciones hundidas en los albores
de la época colonial, mientras el faro Roncali, que data
del siglo XIX, le señala incansablemente al viajero una tierra
capaz de resistir inmaculada el paso del tiempo.
A casi 300 kilómetros de La Habana, esta
península se encuentra prácticamente despoblada, con
unos 900 habitantes, gran parte de ellos dispersos, cuyas ocupaciones
son la actividad forestal controlada por especialistas, apicultura,
ganadería extensiva, pesca y la explotación turística
de la playa María la Gorda.
Para su mejor protección, el Estado creó
recientemente el programa de desarrollo de estas áreas, que
presupone estudio, proyectos y ejecución de obras de infraestructura,
sobre la base del cuidado de los valores de una de las seis reservas
cubanas de la biosfera.
Guanahacabibes, apacible refugio del sol de Cuba,
después de un millón de anos de encontrarse en su
forma actual, sigue colmando ojos y mentes de científicos,
escritores y aventureros, en el afán permanente del hombre
por explicarse el mundo.
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