El
camino del sol en Guanahacabibes
La
voz del viejo Nieves Ramos, viejo analfabeto, padre de 16 hijos
nos dijo algo increíble: El cementerio es grandísimo.
Fueron varias sacas de las grandes llenas de huesos. Encontraron
también unas anillas que parecían brazaletes de metal
de color amarillo sucio. Dijeron que eran de bronce.
Entramos
al monte firme con árboles de gruesos troncos. Llegamos a
la muralla natural formada por una antigua terraza marina emergida.
Es una especie de anfiteatro natural semicircular constituido por
una antigua caleta.
El
canal de entrada por donde en otras épocas penetraba el mar,
hoy retirado a unos 200 metros del lugar, forma una especie de ancha
abra en la escarpadura de roca caliza arrecifal, evidentemente muy
reciente, posiblemente plesistocénica.
El anfiteatro tiene una circunferencia de poco más de cincuenta
metros de diámetro, su suelo está cubierto por una
tupida maleza, algunos arbustos y guanales; es notable la diferencia
existente entre la vegetación del fondo de la antigua caleta,
hoy emergida, y el tupido bosque de grandes árboles circundantes.
Realizamos
un recorrido por todo el sitio, observando las ásperas paredes
que lo rodean. En el extremo opuesto a la entrada, por donde penetramos
en aquel pequeño valle de verticales paredes, tropezamos
con una especie de rampa evidentemente artificial, construida con
piedras y pedazos de roca arrancados de la pared caliza, colocadas
una sobre otra.
Esta rampa conducía a un profundo corte de unos cuatro o
cinco metros de ancho abierto en la roca viva.
Examinamos
las paredes y el piso del corte, apreciando, sorprendidos, que !
también aquél parecía artificial!
Tuvimos
un largo cambio de impresiones, pero en aquel momento no pudimos
llegar a una conclusión satisfactoria respecto a aquel curioso
camino excavado en la roca, cuyos ignorados constructores no calcularon
bien y el corte quedó un poco elevado respecto al fondo del
anfiteatro natural, por lo que prefirieron rellenar el desnivel
o escalón con las propias piedras extraídas de la
excavación , formando la rampa anteriormente descrita que
nos condujo hasta allí.
Inspeccionamos
cuidadosamente la superficie del terreno, encontrando varias gubias
- especie de cucharas de caracol- algo deterioradas por la acción
de los agentes naturales pero, a pesar de ello, podía apreciarse
que estaban muy bien terminadas y pulidas presentando el bisel de
su parte cortante bien definido.
Realizamos
algunas pequeñas calas o excavaciones de prueba, las que
en ningún lugar podemos profundizar a más de 40 centímetros,
pues a esa profundidad más o menos, comienza a inundársenos
el pozuelo debido a que el terreno es extremadamente húmedo
y , al parecer, las aguas subterráneas se encuentran muy
cerca de la superficie.
El
agua potable que llevábamos se ha agotado y ni aún
nuestro guía conoce la existencia de una aguada cercana,
por lo que nos atormenta la sed.
En
nuestra labor obtenemos numerosos fragmentos de huesos largos humanos
, vasijas fabricadas con la concha del gran caracol marino conocido
por "cobo" o "guamo" (Strombus gigas), picos
de mano también caracol, y un curioso instrumento lítico
de forma cilíndrica, confeccionado en roca madrepórica,
sumamente áspero a pesar de su simetría, posiblemente
utilizado para raspar o afilar gubias y otros útiles de concha.
Mientras
practicamos las excavaciones , el compañero Pedro Antonio
Borrás Astorga, que se ha separado de nosotros , nos llama
a gritos desde el corte que habíamos estado inspeccionando
algún tiempo antes.
Al
llegar allí nos explica , indicándonos la brújula
militar que tiene atada a su muñeca:
-Miren, compañeros, la dirección que indica la brújula,
este corte coincide con la entrada del anfiteatro y ambos, en línea
recta, están orientados exactamente, de Este a Oeste.
Unicamente
la sed, ya horrible, pudo hacernos abandonar aquel lugar, donde
intrigados contemplábamos una obra , que al parecer, escapaba
de las posibilidades de los hombres cuyos restos .
¿A
qué conclusiones puede llegarse con los datos que tenemos?
¿Es posible que un grupo aborigen pre alfarero, impulsado
por su fe , con los toscos instrumentos de trabajo a su disposición
, realizara una excavación de tal envergadura en la roca
viva?
¿Tendrá
alguna significación que aquella excavación coincida
con la entrada natural del anfiteatro, y que ambas estuvieran orientadas
de Este a Oeste , es decir, exactamente en el paso del Sol por el
firmamento durante los equinoccios?
¿Representaría
esto la existencia de un desarrollado culto religioso en una cultura
tan primitiva?
Los
brazaletes metálicos de color amarillo sucio a los que se
refirió Nieves Ramos, ¿serían de oro?, y si
fuera cierto o no, ¿cómo explicarse la presencia de
objetos trabajados en metal en un residuario de un grupo tan atrasado
culturalmente?
¿Cómo
fue talado el bosque que en aquella época cubría el
fondo de la antigua caleta, que hoy constituye el anfiteatro natural
donde está ubicado el cementerio, si ellos carecían
de instrumentos adecuados para tales fines? ¿Sería
otro pueblo, otra cultura, el que realizó esta obra?
Solo
podemos dejar constancia de los hechos ciertos.
El
cementerio aborigen de las Playas de Antonio está allí.
El "Camino del sol, como denominamos el corte practicado en
la roca viva de la terraza marina emergida, es real. Cuando amanece
-especialmente en los equinoccios-, los rayos solares penetrando
por él, iluminan vivamente el anfiteatro natural donde reposan
los restos de sus posibles constructores, mientras que el resto,
protegido por la muralla que constituye la alta terraza, permanece
envuelto en las sombras.
Es
posible que el monte que existía en el fondo del anfiteatro
fuera eliminado por medio del fuego; y en cuanto a la posibilidad
de un complicado rito religioso, tenemos los antecedentes del entierro
descubierto en la Cueva de los sacrificios, o Cueva de la Santa,
al este de la Ciudad de La Habana, cerca de la costa norte, en el
término municipal de Guanabacoa, donde en 1961, descubrieron
un entierro colectivo de más de treinta individuos, la mayoría
niños de tierna edad, colocados todos alrededor de un grupo
central integrado por dos adultos, un hombre y una mujer, y un niño
muy chico, posiblemente un recién nacido o un feto, y de
acuerdo con los restos de la cultura material obtenidos, posiblemente
correspondieran a un grupo también pre- alfarero, tal vez
más atrasado que el que labró el Camino del Sol".
Como
elementos de juicio pueden citarse también el hecho cierto
de que los aborígenes australianos, pese a ser uno de los
grupos humanos que aún actualmente se encuentran en el estadio
inferior del salvajismo, en "la infancia de la humanidad",
a que se refería Engels, reaslizan complicados ritos funerarios
y entre ellos está muy desarrollado el culto a los antepasados;
por otra parte, varios investigadores, entre ellos Thor Heyerdahl,
han demostrado que las gigantescas estatuas de la Isla de Pascuas,
en el océano Pacífico, fueron talladas con picos de
mano de piedra.
Los
pueblos primitivos tienen además una ventaja sobre los pueblos
civilizados: para ellos no existe el reloj, es decir el tiempo no
significa nada, y podían dedicar años y años
a la ejecución de un proyecto, sobre todo, si para ello eran
impulsados por motivos religiosos.
No
obstante, el misterio del Camino del Sol sólo podrá
ser despejado después de un concienzudo estudio por parte
de especialistas en la materia. Nosotros nos limitamos a señalar
su existencia.
Este
libro se publicó en 1966, y la excursión tuvo que
ser antes de abril de 1961 en que murió el fotógrafo.
Nota: Tomado del libro
Guanahacabibes 8, editado por el Ministerio de Educación,
descrito por Manuel Acevedo González y con fotos de Pedro
A. Borrás. |