Regalo
de la naturaleza en septiembre
Por Elena Milián (AIN)
Prácticamente vírgenes, 14 playas de
la península de Guanahacabibes, extremo oeste de Pinar del
Río, son escenario natural de modo particular este mes del
desove de las tortugas marinas, ejemplares en peligro de extinción.
Muy
cuidados mediante un programa ambientalista, los quelonios depositan
los huevos en esos litorales para luego ser monitoreados por manos
expertas a cargo de la biodiversidad de esa reserva de la biosfera,
una de las seis existentes en Cuba.
La
península figura entre sus escasos refugios, en los cuales
sobreviven varias de las siete especies del reptil marino existentes
en el planeta víctimas de los depredadores tras la calidad
de su carne y caparazón.
Especialistas
encargados de su protección sostienen que pese al reiterado
azote directo o indirecto de huracanes en los últimos tiempos
el área reporta avistamientos de esos ejemplares y de sus
puntos de anidación.
El
programa para conservarlos comprende el conteo de los individuos,
el resguardo de las áreas de puestas, la protección
ante posibles agresores entre la fauna terrestre y la capacitación
de las escasas comunidades poblacionales de Guanahacabibes, de unos
100 kilómetros de largo y un ancho entre los seis a 34.
Reporta
también unas 670 especies de flora, junto a gran variedad
de animales como reptiles, anfibios, mamíferos, insectos
y miembros del mundo acuático, en tanto la preservación
de las tortugas se extiende a otros sitios pinareños, como
los Cayos de San Felipe.
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